Vida

Trebujena, una fiesta en memoria de los oficios olvidados y aquellos juegos antiguos

La localidad gaditana celebra este fin de semana 'Sabores de antaño', la primera edición de una singular experiencia para que niños y mayores revivan cómo era el trabajo y la diversión no hace tanto

Pica el sol a mediodía en Trebujena. Tierra eminentemente agrícola, entre las verdes lomas y las marismas próximas a la desembocadura del Guadalquivir, el núcleo urbano del municipio, con unos 7.000 habitantes —un 20% mayor de 65 años— se ha echado a la calle este fin de semana para que los niños y las niñas jueguen y los mayores hagan memoria. En la plaza de España hay atracciones de feria de otra época, unas cunas y una barca pirata, y hay un trasiego constante de abuelos, madres e hijos de juego en juego: de las damas a los palos, de las catapultas al uno contra uno. Más adelante, en la plaza Antonio Cañadas, antes de los talleres de pompas gigantes, hay pequeños tenderetes a modo de micromuseos que exhiben la cacharrería propia de las labores de labradores, carpinteros, corcheros y herreros. De alguna manera, tanto el ocio infantil como el recuerdo del arduo trabajo gremial retrotraen a una época a fuego lento, a otro ritmo, a otra forma de entender la vida.

Este fin de semana la localidad gaditana celebra la primera edición de Sabores de antaño, unas jornadas que empezaron el pasado viernes y concluyen este domingo con una dedicatoria especial a los oficios tradicionales, pero también enfocadas al público infantil gracias a aquellos juegos antiguos. “Nos visitaron un grupo de artesanos para hacer esta iniciativa novedosa en nuestro pueblo, consistente en tratar de recuperar una muestra de los oficios antiguos, como los latones, el cuero, la costura, artesanía de hace muchísimos años… y vimos que en esta época del año, mientras llega carnaval y el Trebufestival, podía ser una idea muy bonita, con una parte de ocio muy enfocada a los niños”, asegura a lavozdelsur.es el alcalde de Trebujena, Jorge David Rodríguez (IU). 

“Llévate este regalo para la nieta, para que los niños jueguen y no se encierren, que solo están enganchados a los móviles”, vocifera con acento castellano la dependienta de un puesto de juguetes de madera. En esta edición se han instalado unos 60 stands de todo tipo de artesanías, muchos de ellos procedentes de distintos territorios del norte de España, “porque era complicado este año arrancar con artesanos de la zona, pero esperemos que se sumen más el año que viene”, explica el munícipe trebujenero. Aparece un escupefuego, un zancudo y un forzudo cerca del monumento que Trebujena tiene dedicado a García Lorca. Un homenaje a los añejos pasacalles circenses, una especie de barraca que circula por las calles principales del pueblo mientras las terrazas de los bares se empiezan a llenar.

Un trozo de pan y un libro, demandaba el de Fuentevaqueros para cubrir las necesidades básicas. “En este pueblo no hay mucha cultura, pero, en cambio, la gente tiene una alta conciencia de sus derechos”, decía Miguel Campos, el maestrito —creador del partido comunista en el pueblo—, hace 40 años en un reportaje sobre Trebujena en El País. La conciencia de clase sigue intacta, pero en cuestiones culturales se ha avanzado mucho en estas décadas democráticas —ahí está el festival convertido en referente anual de la música en las calles, Trebufestival—.

No obstante, esa memoria rural y mísera de la posguerra, como en otros muchos pueblos de la Baja Andalucía, queda flotando para parte de su población. “¿Que si me acuerdo de esto…? Anda que no me he llevado yo años en el campo…”, exclama un longevo trebujenero mientras observa los antiguos útiles del campo reunidos en uno de los stands de exposición. Hacer memoria no significa ocultar la dureza de un pasado no tan lejano como parece. Cerca de este señor, otros pequeños vecinos del pueblo han crecido con otra realidad. “Todo lo que estás viendo me lo estás pidiendo, Candela…”, se lamenta un padre a su pequeña mientras pasan por tenderetes de libros viejos, hierbas medicinales y cabezudos.

Programa del evento.

El recorrido se va animando. Hay caras conocidas de otras poblaciones cercanas como Jerez, curiosos que se han enterado de que hay fiesta en Trebujena. Se sorprenden al ver que se esté jugando en la plaza del pueblo a la yenka, la peonza o a la rana. O al contemplar un pequeño museo de la costura o del espartoSabores de antaño que muchos ni conocieron y que muchos otros ya olvidaron.

“Los oficios antiguos siguen siendo necesarios hoy en día, hay un mercado ahí; por ejemplo, peleteros y zapateros artesanos siguen siendo muy necesarios, la gente cada vez aprecia más lo exclusivo, lo que está hecho a mano y en el entorno, eso genera riqueza en los municipios”, reflexiona Rodríguez, que desde el Cabildo trebujenero ha querido aportar otra propuesta de ocio, cultura y reivindicación en las calles y plazas de Trebujena, “ahora que hay tanto debate sobre la España vaciada y el abandono de los pueblos”.

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