La Voz SelecciónReportajes

Trebujena, 30 años después: Spielberg estuvo aquí

La localidad celebra el aniversario de 'El imperio del sol', la película del director estadounidense rodada en 1987 que supuso un revulsivo temporal para un municipio acuciado por el paro

La vida del pequeño Jamie —encarnado por un jovencísimo Christian Bale— cambió radicalmente de un día para otro. Japón declaró la guerra a China y, de estar acomodado y tener todo tipo de lujos, pasó a convivir con moribundos y buscavidas capaces de pisotearlo por un trozo de patata hervida. Como la de Jamie, el protagonista de El imperio del sol, la vida de muchos habitantes de Trebujena dio un giro de un día para otro, en este caso, a mejor. El rumor empezó a sonar con fuerza, pero muchos vecinos, incrédulos, no lo creyeron hasta que no lo vieron con sus propios ojos. Hasta que el pueblo no se llenó de jeeps y de visitantes con acento inglés no se creyeron que Steven Spielberg, por aquel entonces con 39 años, iba a rodar una película en el municipio, concretamente en la finca Alventu. Para entonces, el aclamado director norteamericano ya había estrenado Tiburón (1975), En busca del arca perdida (1981), ET El extraterrestre (1982) o Indiana Jones y el templo maldito (1984), y buscaba localizaciones para recrear un filme ambientado en la II Guerra Mundial cuando llegó a sus manos un vídeo sobre aceites rodado en las marismas de Trebujena —por el productor Antonio Pérez— que terminó de convencerle. Ni Israel, ni Kenia, que eran dos de las posibilidades que manejaba, El imperio del sol se rodaría en Trebujena.

Terrenos donde se rodó la película. FOTO: MANU GARCÍA.

Era final de 1986 cuando Spielberg y su equipo aterrizaron en las marismas cercanas a la localidad, donde recreó un palacete japonés, un estadio de fútbol y un enorme campo de concentración en el que Christian Bale (Jamie) y el resto de personajes del filme —entre ellos John Malkovich, Joe Pantoliano o Miranda Richardson— pasaron seis intensas semanas de rodaje que muchos vecinos de la localidad aún recuerdan con nitidez. Los escasos 6.000 habitantes con los que contaba por aquel entonces, la mayoría trabajadores agrícolas, recibieron con los brazos abiertos la superproducción de Spielberg inspirada en el libro del mismo nombre de J. G. Ballard. Un empleado del campo, a final de los 80, ganaba menos de 4.000 pesetas por una jornada de trabajo y, en Trebujena, que contaba con más de 1.000 desempleados —el paro es muy estacional—, los numerosos extras que trabajaron en la película aprovecharon para tener unos ingresos que, aunque temporalmente, aliviaron los bolsillos de muchos paisanos.

“Ganaba 40.000 pesetas diarias”, recuerda Manuel Diosdado, actual propietario de los terrenos donde se recreó el estadio de fútbol que aparece en El imperio del sol. El cortijo, heredado de su suegro, José Núñez Núñez, ahora se dedica a la cría de ganado bovino, pero durante el tiempo que Spielberg y su equipo estuvieron en Trebujena estaba irreconocible. “Esto parecía Tabernas”, dice Manuel, en referencia al poblado inspirado en el Oeste que hay en la pequeña localidad almeriense. Él estuvo trabajando, con su camión, ayudando a construir escenarios, y vio de cerca el movimiento económico que supuso para la comarca. “Aquello no se supo aprovechar, si me pilla ahora, de lo que montaron aquí como toda mi vida, se podría haber habilitado para recibir visitas”, apunta. Su sobrino Antonio, que estuvo durante buena parte del rodaje haciendo la mili, también aprovechó lo que pudo el tirón de la película. “Estuve una semana haciendo figuras de escayola para el estadio, ganaba 8.000 pesetas diarias”, recuerda.

Un enorme cartel con la inscripción ‘Welcome, Mr. Spielberg’ adornó la entrada de Trebujena poco después de la llegada del equipo de El imperio del sol. Por entonces, en 1987, gobernaba la localidad el Partido Comunista de España (PCE) con un joven Juan Oliveros como alcalde. Entonces tenía 29 años y, tras volver después de una década trabajando como albañil en Alemania, se presentó a las municipales y resultó elegido como regidor y, a diferencia de muchos de sus paisanos, recibió con escepticismo al elenco de la película. “La única presentación al Ayuntamiento fue una comisión que mandaron previa al rodaje para tomar contacto con el pueblo”, recuerda Oliveros, que fue —y es— prudente a la hora de analizar el impacto que supuso la lluvia de millones que traía consigo la superproducción estadounidense. “Ni me puse contento como unas castañuelas ni me iba a echar a llorar. Me parecía bien, sin más, no creía que fuera a resolver nada en Trebujena”, dice el que fuera alcalde de la localidad entre 1979 y 1987, ya que, casualmente, perdió la Alcaldía cuando aún no se había terminado de rodar la película.

“Hubo quien achacó la pérdida de las elecciones a que no estaba de acuerdo con la película de Spielberg”, dice Oliveros, que no se declara muy fan del cine americano, ni de El imperio del sol. “No creo que fuera merecedora del Oscar. No me gustó nada”, apunta. El que fuera primer alcalde de la democracia de Trebujena afirma que tenía otros problemas —“mi preocupación era el Ayuntamiento”, dice— y que “pasó de puntillas” por el acontecimiento, que en su opinión, se ha magnificado demasiado con el paso de los años. “Me preocupaba poco la película, lo que no hice fue volverme loco creyendo que Spielberg iba a resolver todos los problemas que tenía y que creo que el Ayuntamiento sigue teniendo”. Por eso lo tiene claro: “Si fuera alcalde ahora no hubiera celebrado los 30 años, la película no es motivo suficiente, no dejó nada”.

Juan Oliveros, alcalde de Trebujena cuando se rodó ‘El imperio del sol’. FOTO: MANU GARCÍA.

Pero el actual Ayuntamiento de Trebujena sí ha considerado que es justo celebrar la efemérides. Hasta el Trebufestival, un evento que convierte a la localidad en capital de la música callejera durante un fin de semana —el del 21 al 23 de abril—, está dedicado a la película. Una exposición y un encuentro de extras recuerdan el paso efímero de Spielberg y su equipo por el municipio. Efímero para todos menos para uno. John Baker, técnico de efectos especiales, y ganador de un Oscar por En busca del arca perdida —es partícipe de la mítica escena de la enorme bola que persigue a Indiana Jones (Harrison Ford)—, llegó a Trebujena en 1987 y, un año después, se instaló definitivamente en el municipio. ¿Por qué? “Por culpa de Isabel”, responde. La trebujenera, que también hizo de extra, trabajaba en el Bar El Litri, donde parte del elenco paró los primeros días de rodaje. Y ya lo hizo durante el resto del tiempo que estuvieron trabajando en la zona.

“Cuando llegué no hablaba nada de español, solo dos o tres palabras, como cerveza, lo más importante”, dice Baker entre risas enfrente del Bar Manolo, donde fue conociendo, poco a poco, a Isabel. “Me compré un diccionario y aprendí hablando con ella y buscando palabras”, dice. Ahora, a sus 77 años, conserva un marcado acento inglés, que intercala con expresiones andaluzas propias de quien lleva casi tres décadas viviendo y empapándose de la idiosincrasia de un lugar tan peculiar como Trebujena. No es que esté plenamente adaptado, como se puede suponer después de tanto tiempo residiendo en la localidad, es que se considera un amante del mosto, ha estado casi una década participando en murgas y charangas y, desde 2008, es Hijo Adoptivo de Trebujena, un reconocimiento que es “el mayor honor” de su vida. ¿Más que haber ganado un Oscar? “Sí, porque este viene de la gente, de los vecinos”, responde.

Personal de la película. FOTO: MANU GARCÍA.

El imperio del sol, aunque no obtuviera ninguna estatuilla, es la película de la que Baker se siente más orgulloso, quizá no por el resultado en sí, sino por la consecuencia: “Cambió mi vida para siempre porque encontré a Isabel y me quedé aquí”. El técnico de efectos especiales, que trabajó durante muchos años codo con codo junto a Kit West —fallecido en 2016—, quién se encargó de los efectos mecánicos de En busca del arca perdida y también de alguna película de la saga de Star Wars, recuerda que la escena más complicada de El imperio del sol fue una en la que explotaron varios hangares. “Poníamos explosivos en la tierra y cuando llegaba el avión los detonábamos, simulaba que eran los cañones del avión, era complicado sincronizar”, explica Baker, quién cuenta una de las numerosas anécdotas que tuvieron lugar durante el rodaje. “Necesitábamos bolsas de sangre y no teníamos, por eso mandamos a un carpintero, Chopo, que tenía unos 70 años, a la farmacia a comprar condones. ¿Cuántos? 20 cajas por ejemplo, pero el farmacéutico solo tenía diez y le dijo: Dame estos diez, será suficiente para el fin de semana, pero trae más”.

John Baker, atendiendo a lavozdelsur.es. FOTO: MANU GARCÍA.

El que fuera técnico de efectos especiales y trabajara con directores de la talla de Brian de Palma, David Lynch o George Lucas, recuerda con cariño a Steven Spielberg: “Ayuda mucho, tienes todo preparado y él casi nunca cambia cosas, no te llevas sorpresas”, señala, y añade: “No es solo muy buen director, también es muy buena gente”. Su mujer, Isabel, la “culpable” de que se instalara en Trebujena, escucha la conversación a unos metros de distancia y luego se incorpora. Ella, que había trabajado en un pequeño estudio fotográfico en el que cobraba de forma intermitente, o pintando fachadas por 60 pesetas la hora, vio en El imperio del sol una forma de sacarse un dinero que le ayudara a paliar su situación durante unos meses. “Me daban 5.000 pesetas al día, por lo que en seis semanas de rodaje gané dos millones”, cuenta.

La trebujenera rememora que, en una ocasión, les pidieron a los extras que se revolcaran en un lodazal en el que ninguno quería tirarse. “Uno del rodaje que conocía me dijo que había 70.000 pesetas más para el que lo hiciera”… y no lo dudó un instante. Lógicamente, recuerda con mucho cariño aquella experiencia: “Fue fantástica, disfruté mucho”, señala, y remata: “No tuve en mente que me podía enamorar”. Pero lo hizo y desde entonces viven una historia de amor que tuvo como resultado al “niño”, John Baker Galán, hijo de John e Isabel, que ahora tiene 26 años.

El imperio del sol se podría decir que fue para Trebujena como un oasis, un alivio temporal que, una vez pasado el espejismo, se desvaneció. Y volvió la travesía por el desierto. Los sueldos de miseria y las jornadas al sol. Muy lejano queda el recuerdo en un pueblo que rinde homenaje a un acontecimiento que dejó indiferente a muchos, pero que cambió la vida de otras tantas personas. No solo la del pequeño Jamie.

Etiquetas

Más artículos en esta categoría:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.