Gastrovoz

Tiempo de castañeros: “Parece un trabajo fácil pero no lo es”

De octubre a diciembre, cuarenta puestos de castañas llenan de humo las calles de Jerez, preservando un oficio que algunos mantienen como legado de sus padres y abuelos, como David y Ángel, de la Alameda Cristina, y otros como salida al desempleo

Cada tarde de otoño una auténtica chimenea indica el camino hacia la tradición en el entorno de la Alameda Cristina. “Un eurito“, dice un señor al que le acompaña su señora. “No, venga, mejor dos”. Una docena de castañas recién hechas en un cartucho de papel. “Tome, aquí tiene, gracias”. David Ruiz lleva haciéndolo cada otoño desde hace muchos años, tantos que le cuesta decir un número. Su padre, Romualdo, que se fue hace unos años, se llevó unos cuarenta, y su abuelo, también Romualdo… “¿desde los años 50?”. “Más, más, desde antes, seguro”, dice Ángel, castañero, amigo de David y de la familia.

David, del puesto de castañas de la Alameda Cristina, despacha un cartucho a un cliente. FOTO: MANU GARCÍA.

“Hay que mirarlas una a una. Nosotros compramos la de mejor calidad que hay en el mercado, la gallega”, afirma. “Hay que estar al cien por cien y tener el mejor género para que la gente venga”, reconoce por su parte David, que cree que la mejor época es una vez ya entrado el frío porque “con las calores a la gente no le entra tanto”. Ángel, que selecciona las castañas una a una, las observa y les hace una incisión lateral con el cuchillo. “Y ahora a la olla”. Un poco de sal, y a menear. “La sal es para darles más vista, para darle marketing y color”, reconoce David. “También le da un poco de sabor, pero no sala tanto, hay gente que nos pide sal para echársela por encima”.

Otra olla, totalmente destrozada permanece apartada a un lado. “Esa ya no vale, ya se ha trabajado. De porcelana, porque es el material más duro, más bueno”. Las ollas, que son agujereadas por ellos mismos, permiten que el humo del carbón penetre hacia las castañas desde el anafe, una particular estructura que hace de hornillo. “Las castañas de ahora están más tratadas y cuidadas que las de antes, son de más calidad”, confiesa David. “Mi padre iba en su época a por ellas, por ejemplo a Huelva, las traía en un camión de un amigo suyo. Ahora también traen de la sierra de Ronda aunque hay de todo”.

Ángel selecciona las castañas. FOTO: MANU GARCÍA.

“Se casó jovencito, tenía hijos y había que buscarse la vida”, dice Ángel en referencia a como empezó este negocio el abuelo de David. “Yo estoy aquí gracias a su padre (el de David) pero había uno antiguamente que se llamaba el Habichuela, que se ponía en la zona del muro de la Porvera; solo estaba él y alguno más”. Sobre el consumo de castaña, ambos confiesan en que se sigue vendiendo castañas aunque hayan proliferado muchos puestos en los últimos años a causa de la crisis. “Parece un trabajo fácil pero no lo es, es un oficio antiguo, es duro y además es temporal”. Motivo por el cual, cree David, que no todos aguantan. “Hay unos cuarenta ahora, antes éramos solo unos cuantos”, añade, por su parte Ángel. Eso sí, ellos todos los días comen castañas. “No nos hartamos, que están buenísimas”.

El anafe, un hornillo necesario para asar las castañas. FOTO: MANU GARCÍA.

Tanto David como Ángel se dedican a otros trabajos el resto del año, ya que la temporada de castañas empieza el 1 de octubre y acaba entre finales de diciembre y principios de enero. “Son solo tres meses y es muy sacrificado”, siendo un oficio en el que además hay que mirar constantemente al cielo. “Si llueve la gente no sale, y no se vende, ¿para qué vamos a estar aquí?”, se lamenta. David, que habla con nostalgia de su padre, recuerda que él no quería que se dedicara a las castañas. “Uno desea lo mejor para sus hijos. Por desgracia uno no tiene trabajo, es sacrificado pero desea continuar con el legado de la familia, que al fin y al cabo es bonito y nos tenemos unos a otros”. Una forma de continuar la tradición, con menor o mayor frío, para seguir repartiendo castañas cada tarde de otoño entre los jerezanos. Un legado de más de 70 años del que reconocen estar orgullosos.

Uno de los castañeros haciendo la incisión a la castaña antes de asarla. FOTO: MANU GARCÍA.
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