Opinión

Temma Kaplan, historiadora feminista y su relación con Jerez

En 1977 la historiadora norteamericana Temma Kaplan publica el libro Anarchists of Andalusia, 1868-1903, en la editorial de la Universidad de Princeton. Se trata de una investigación sobre el capitalismo agrario y la lucha de clases en la provincia de Cádiz hacia finales del siglo XIX y principios del siglo XX. En particular, la obra se centra en la zona septentrional de la provincia, que tiene como epicentro a Jerez, aunque también se detiene con detalle en la localidad de Sanlúcar de Barrameda. En España se traduce el libro como Orígenes sociales del anarquismo en Andalucía, y lo publica la Editorial Crítica, de Barcelona.

Hubo un antes y un después a partir de este libro. Hasta entonces, la historiografía más extendida trataba al anarquismo andaluz como un movimiento irracional, “milenarista”, espontáneo y violento. En esto coincidían tanto historiadores de tendencia marxista (Hobsbawn) como de orientación conservadora. Sólo se encontraban las excepciones de los cronistas obreros de la época —que no eran muy tenidos en cuenta en la investigación universitaria— y de otra mujer: la mexicana Clara E. Lida, que había estudiado los procesos de la Mano Negra, desenmascarando todo el montaje judicial y policial que se urdió para reprimir al movimiento obrero andaluz de la época de la Primera Internacional.

Clara Lida alentó el interés de Temma, que se vino a España en los últimos años del franquismo, a buscar en los archivos locales las historias desconocidas del obrerismo andaluz de la segunda mitad del siglo XIX. Curiosamente, uno de los archivos más completos para ese tema resultó ser el Archivo Histórico Municipal de Jerez, que conservaba —y aún conserva— amplia documentación sobre las sociedades de trabajadores de la época, sus cooperativas, su organización y sus demandas, en el contexto de una ciudad en plena ebullición por el aumento del comercio del vino. La historiadora californiana no sólo no reconoció un movimiento “irracional” y violento empujado por el hambre, sino todo lo contrario: organizaciones de un sector obrero vinculado a la industria vinícola con cierto nivel salarial y cultural, que luchaban concienzudamente por elevar sus niveles sociales, educativos y económicos.

Kaplan se vino a España en los últimos años del franquismo a buscar en los archivos locales las historias desconocidas del obrerismo andaluz de la segunda mitad del siglo XIX

Citemos el caso de las cooperativas de consumo y de producción de trabajadores de distintos gremios: “Hacia 1870 había en Jerez aproximadamente 50 sociedades distintas, a las que pertenecían artesanos, pequeños propietarios y obreros. Por ejemplo, la sociedad La Estrella, compuesta de 31 socios, era una cooperativa de consumo y de producción que poseía una factoría y un almacén de alimentos y vino. Aumentó su capital en más del triple en el plazo de tres meses de actuación. Los albañiles, carpinteros, arrumbadores y trabajadores cualificados de la vid no habían tenido instituciones tradicionales de las que las autoridades estuviesen al corriente hasta la década de 1860, época en que ellos también empezaron a organizarse. Quizás uno de los grupos más impresionantes fuera la sociedad La Abnegación, fundada en 1864. Hacia 1870 arrendaba dos viñedos con un total de 8.000 vides, y poseía una pequeña bodega y un capital de 15.000 pesetas. En 1868 la sociedad constructora La Primitiva, compuesta de 90 socios, construyó colectivamente e hizo funcionar una planta de mezcla y una bodega. En menos de dos años habían acumulado ya un capital de 7.500 pesetas”. (Temma Kaplan, Orígenes sociales del anarquismo en Andalucía. Capitalismo agrario y lucha de clases en la provincia de Cádiz. 1868-1903. Ed. Crítica, 1977, página 51.)

También mencionaba casos de escuelas libertarias sostenidas por las sociedades obreras, que funcionaron en Sanlúcar (desde 1872) y en El Alcornocalejo (San José del Valle), mucho antes que la famosa Escuela Moderna de Ferrer i Guardia de Barcelona. Kaplan no sólo defendió al movimiento obrero anarquista por la “racionalidad” de sus reivindicaciones y organización, sino que se mostró una gran admiradora y entusiasta de esa opción en ese contexto: “Después de 1872 el anarquismo se convirtió en sinónimo del movimiento popular para transformar la sociedad”. “Mi última deuda de gratitud es para con los anarquistas”. Ella lo entendió perfectamente: esa ideología se convirtió en la “opción política” de las clases populares de Andalucía, pasando a ser la forma de movilización de toda la comunidad, con la herramienta de la Huelga General como motor.

Nuestra autora no era una persona ajena a los movimientos sociales: era feminista y una de las iniciadoras de los “estudios de género” en Estados Unidos. Militaba en la nueva izquierda norteamericana, que funcionaba con una red de grupos de base; así que cuando llegó a Andalucía a estudiar en los archivos locales y en los documentos de la Primera Internacional, encontró algo muy parecido, con una diferencia de 100 años y en un contexto muy distinto.

Más de 40 años después, Temma Kaplan es una historiadora de referencia en universidades de todo el mundo. En nuestro contexto, exceptuando un ámbito académico muy reducido, es una gran desconocida. Su obra “Orígenes sociales del anarquismo en Andalucía” es difícil de encontrar (para leerla he tenido que buscar un único ejemplar que existe en la Biblioteca Provincial de Cádiz), y nuestros estudiantes jerezanos y sanluqueños no han oído hablar nunca de ella ni de su estudio de 1977. Temma vive aún, y sigue investigando y publicando. Sería de justicia que nuestro Ayuntamiento y universidad se acordasen de ella, por su valentía como historiadora y por su compromiso con la clase trabajadora de aquí.

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