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“Sólo tengo 85 años. ¿Eso qué es?”

Sor Agustina Barcia, Hija de la Caridad, toda la vida ayudando a los pobres, sigue sintiéndose con fuerzas para llevar a cabo la tarea que considera que Dios le encomendó.

Un rato de charla con Sor Agustina Barcia, Hija de la Caridad, luchadora incansable de los pobres y alcaldesa de Lomopardo durante 24 años.

Llegó a Jerez en marzo de 1959 y desde entonces su vida se ha dedicado por y para los pobres. Sor Agustina Barcia Alcázar (Écija, 1931), Hija de la Caridad, nos hace esperar un poco en un pasillo del colegio Madre de Dios, donde está su comunidad. La tardanza está justificada. La religiosa, que asoma por la puerta del colegio 20 minutos después de nuestra llegada, viene de Lomopardo, de seguir ayudando a los que más lo necesitan. Entre el jaleo de niños y niñas correteando en el patio, le damos la mano, pero enseguida hace un gesto para que le demos dos besos y acto seguido nos conduce hasta un pequeño cuartito con dos sofás de color hueso presidido por un crucifijo plateado en una cruz de madera.

Aun de tamaño menudo y a pesar de su edad, sor Agustina tiene un espíritu de lucha y sacrificio que ni el de un joven veinteañero de dos metros. “Si sólo tengo 85 años. ¿Eso qué es?”, responde con arte cuando le preguntamos si aún tiene fuerzas para seguir al pie del cañón quien fuera delegada de alcaldía de Lomopardo nada menos que 24 años. “Yo le decía a Pedro (Pacheco) que iba a durar más que él”, afirma entre risas.

Pero comencemos por el principio, cuando la religiosa llega a Jerez a finales de la década de los cincuenta. Por entonces estaba en Valencia, una ciudad industrial en la que, señala, no había pobres. Eso, para una Hija de la Caridad, cuyo día a día, explica, es “estar pendiente de los pobres desde que se levantan hasta que se acuestan”, era un sinsentido. Esta situación se la expuso a sus superiores, que la destinaron a Jerez, a la escuela Cristo Abandonado, perteneciente al colegio de Madre de Dios y que se ubicaba prácticamente donde hoy está la parroquia del mismo nombre. Ahí pudo comprobar que si quería tratar con pobres, los iba a tener a decenas. “Señor, qué exagerado eres. Yo te pedí pobres, pero esto es miseria”, afirma que dijo cuando llegó a Jerez, a la que aún así, recuerda en una situación mejor que la de hoy día. “En aquella época había mucha pobreza, veníamos de una situación en la que había más pobres, pero estábamos subiendo porque había trabajo. La gente cobraba poquito, pero se ganaba algo. Pero ahora es que hay miles de familias que tienen a todos sus miembros en paro y que no tienen ni para comer”.Por entonces, la zona de Madre de Dios y la bajada de San Telmo era todavía más humilde que ahora. Sor Agustina recuerda las “casas hechas de lata” y que cuando llovía “el agua corría a mares. Un día me tuve que cambiar cinco veces de hábito de cómo me puse de agua”. Todos sus alumnos eran de esa zona, niños muy humildes, y tenía claro que para ellos “tenía que ser todo lo mejor”. Ampliaron la escuela “empezando con 35 pesetas, que era lo que nos costaban dos o tres sacos de cemento” y a partir de ahí se fue haciendo todo lo necesario para que no les faltara de nada, gracias en numerosas ocasiones a la solidaridad de los jerezanos. “Yo creo que no hay en toda España un pueblo más solidario y más generoso que Jerez. Desde 1959 que estoy aquí jamás me ha faltado nada”. En este sentido recuerda la colaboración de José Ramón García Angulo. “Nos daba diariamente el desayuno para 200 niños. Un bollo de pan, aceite y leche”.

Alcaldesa y chófer en Lomopardo

La vida de sor Agustina Barcia no se entiende sin su paso por la barriada rural de Lomopardo, donde en los años 70 se construiría una escuela, y allí que fue la monja junto a otra religiosa. El centro atendía a niños no sólo de Lomopardo, también de Los Albarizones, por lo que sor Agustina decidió sacarse el carné de autobús para poder recogerlos de casa al colegio y viceversa. “Me costaba menos el carné que contratar a un chófer. El autobús se adquirió recaudando dinero en una rifa. Al principio tenía 19 plazas, pero se logró adaptar para ampliarlo hasta las 24”.

Así llegó el año 1981 y las elecciones en Lomopardo para elegir al delegado de alcaldía. “Los vecinos de la barriada me animaron a que me presentase y yo les decía que cómo me iba a presentar. Pero si la barriada quería… Así que llamé a mi superior, se lo comenté y me dijo que sí, que si la barriada quería y si salía elegida que ya lo comentaría a la superiora”. Y ganó. Su rival, Paco López, del Partido Comunista, sumo cinco votos menos que ella. Aunque independiente, Agustina decía que pertenecía al PC (Partido de Cristo), “pero entonces me dijeron que una monja cómo iba a decir que era del PC. Así que al final, como Cristo también se escribe con X, dije que me presentaba por el PX”.

Cuatro años después se presentó para la reelección, y ahí que estuvo de nuevo Paco López. “Lo desbaraté. Él me decía que ya sabía que iba a salir yo elegida, pero no por tanto. Siempre nos presentábamos los dos, hasta que se aburrió y ya le dije a otro chico de allí que por favor se presentara él, porque ya me daba cosa”.Durante 24 años como delegada rural, sor Agustina impulsó la barriada. “Nosotras llegamos allí y no había ni agua, ni luz, ni asfalto ni nada, así que nos pusimos a trabajar. Conseguimos el agua, conseguimos la luz, conseguimos que la fábrica de cementos nos diera sacos y nosotras las mujeres arreglamos las calles, no necesitábamos a los hombres para nada. Teníamos mucha alegría, estábamos muy unidos, y yo recuerdo esos tiempos con mucha felicidad”.

No sería hasta el año 2000 cuando sor Agustina pidió a su orden volver al colegio Madre de Dios, aunque su relación con Lomopardo sigue en la actualidad, a donde va todos los días para seguir atendiendo a los más necesitados.

Pacheco, un “buenísimo alcalde”

Preguntamos a sor Agustina por su relación con el exalcalde Pedro Pacheco, que define de “magnífica y preciosa”. Su etapa como delegada rural de Lomopardo coincidió con la del gobierno de Pacheco, por lo que su relación fue fluida. “Yo lo aprecio mucho, él también me apreciaba. Cualquier cosa que tenía que hacer el Ayuntamiento por nosotros la hacía. Pedro siempre nos atendía en lo que fuera”.

La religiosa no se atreve a definirlo como el mejor alcalde de Jerez, pero no duda en que fue “un buenísimo alcalde. La prueba es que desde que dejó de serlo no he vuelto a ver una obra nueva en Jerez. Tenía sus luces y sus sombras, como todo el mundo. Para mí él tenía una cosa muy positiva, y era el amor que tenía por Jerez. Tuvo ocasión de ascender en política y no quiso, siempre se quedó en Jerez”.

“No hay en toda España un pueblo más solidario y más generoso que Jerez. Desde 1959 que estoy aquí jamás me ha faltado nada”

Tal fue su relación, que fue de las primeras que firmó y pidió por su indulto. “Me parece que no debía estar en la cárcel, por lo menos el tiempo que le han puesto. Yo creo que él se pasó diciendo que la Justicia es un cachondeo y la Justicia se ve que se lo ha tomado en serio. Pero bueno, en la cuestión de la Justicia no se puede meter uno, porque los que lo han condenado sabrán lo que tienen que hacer, pero los que no entendemos de Justicia hay cosas que no nos gustan, y a mí lo de Pedro no me gusta, porque creo que hay otros que deberían estar en la cárcel antes que él”.

Podemos, el Papa, el crucifijo del pleno…

No desaprovechamos la ocasión para preguntarle a la monja sobre los nuevos partidos, en concreto sobre Podemos. Sin embargo, afirma no saber mucho sobre la formación que lidera Pablo Iglesias. “Apenas veo la tele”, señala. Aun así considera “lógico que salgan nuevos políticos, es ley de vida y a mí me parece que sería extraordinario que los políticos no estuvieran en el poder más de ocho años”.

Sobre el Papa Francisco es de las que cree que “en cada época el Espíritu Santo sabe a quién tiene que elegir para ser el guía de su pueblo” y alaba su manera de ser, aunque haya ciertos sectores de la Iglesia que no estén muy de acuerdo con sus maneras aperturistas y de renovación de la institución. “No conozco a ninguno de esos. Ten en cuenta que los curas, las monjas, los obispos y el Papa somos humanos y por tanto donde hay una personas hay equivocaciones, pero afortunadamente no conozco a ninguno de esos. Y si los hay, esta tarde rezaré el Rosario por ellos”.

“Pacheco tenía sus luces y sus sombras, como todo el mundo. Para mí él tenía una cosa muy positiva, y era el amor que tenía por Jerez”

Sí conoce sor Agustina la polémica que se levantó por la presencia en el pleno de un crucifijo. “Si los de IU no quieren el crucifijo, pues vale, el Señor los va a querer por igual o más que a mí, eso no me preocupa. Lo que sí me enorgullece es cuando un católico no se avergüenza de su Cristo y pidió antes de votar que lo quería delante”.

La conversación se desarrolla hasta que suena un móvil. Es de sor Agustina, que saca un moderno Smartphone envuelto en una colorida funda. “Esto me lo han regalado, pero muchas veces no lo sé ni abrir”, nos explica intentando aceptar la llamada. “Para qué quiero yo este móvil, si no lo entiendo”, musitaría a continuación.Tras su breve conversación telefónica, le preguntamos qué le parece la decisión del Banco de Alimentos de Cádiz de cerrar la delegación de Jerez. “Yo no sé eso a quién se le ha ocurrido. Sería que se levantó después de una pesadilla o de una mala digestión. Algo así tiene que ser, porque eso me parece tan fuera de tono, tan sinsentido… Que quieren uno en Puerto Real, pues que lo pongan, pero por qué hay que quitar el de Jerez. Eso es para los pobres y para ahorrarles a muchas familias el viaje”.

Se acerca la hora de comer y queremos ir finalizando la entrevista.

¿Cómo le gustaría que le recordaran?

“Me gustaría que me recordaran como alguien que nunca pensó mal de nadie, una persona corriente y normal. Yo tengo una cosa muy segura, que todos al nacer traemos un proyecto asignado por el omnipotente, el creador, y lo único que le pido es cumplir con ese proyecto según sus designios. Y después que me recuerden como quieran, cada uno lo hará a su manera, pero a todos con los que he tratado en Jerez los recuerdo con cariño porque jamás me han negado nada de lo que he necesitado para los pobres. A mí me encantan los versos de Jorge Manrique a su padre, ‘nuestra vida son los ríos que van a la mar, que es el morir’. Pues esto igual. Mientras vivimos hacemos el camino, y cuando morimos llegamos a nuestra casa”.

Nos despedimos de sor Agustina, no sin que antes le pida un favor a Juan Carlos Toro, encargado del reportaje gráfico. “No me saques vieja, que voy a tu casa a buscarte”. Genio y figura.

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