Feria del Caballo

Sobrevivir en la Feria del Caballo con 0 euros

Crónica del miércoles de Feria desde la perspectiva del periodista, "los muertos de hambre" que comen y beben 'de pescuezo' en encuentros institucionales y actos políticos de caseta en caseta

“¿Qué Feria voy a vivir yo chiquilla, si es carísima? Yo no tengo dinero para estar de caseta en caseta”, me dice mi tía, madre divorciada de tres hijos que, con dos trabajos a media jornada, lleva adelante su casa. De caseta en caseta, así sobrevivimos los periodistas a jornadas maratonianas bajo un sol abrasador, persiguiendo a políticos en plena campaña.

Es miércoles de Feria, Día de las Mujeres. Mi tía solo pisó el Real en la noche del encendido del alumbrado, y me consta que hoy será su segundo día de Feria del Caballo. Saldrá con sus amigas gitanas, a echarse unos cantes y unos bailes, con su melena rizada y su clavel en el pelo. Mientras, yo llevo cinco días llenándome los zapatos de albero. El 30% del tiempo: para reír, beber y bailar; el 70%, para trabajar.

Desde el pasado sábado 11 de mayo llevo gastados… 20 euros. Un hallazgo teniendo en cuenta que no me he perdido ningún día. Pero este miércoles me propongo no gastarme ni un duro. ¿Cómo? Los periodistas, esos “muertos de hambre” —como nos autodenominamos—, no nos perdemos una, y entre encuentros e invitaciones a copitas en diferentes formaciones políticas, una puede ponerse púa a coste cero. En la semana lo he comprobado.

Un grupo de mujeres en el miércoles de Feria del Caballo. FOTO: MANU GARCÍA.

En la caseta del PP desplegaron una gran mesa con pimientos fritos, frituritas de pescado, tortilla y jarras de rebujitos que rellenan a cada rato, y luego, su popular berza. Pero antes, Canal Sur ofrecía bebida gratis y jamón recién cortado a los compañeros del gremio en la caseta que comparten con La Moderna. Todo un lujo, pensarán. Bueno, pocos minutos después todos nos fuimos a cubrir ruedas de prensa o hacer entrevistas a caseteros, alcaldables…

Es el primer año que casi completo la ruta de casetas políticas en Feria, un tour que tan solo tiene lugar de lunes a miércoles. Esta era la última jornada, así que aproveché para acercarme a la caseta Trenta y tantos, donde Ganemos Jerez ofrecía una copita a la prensa. Son las 14:45 horas. Perdida, sin dar con el sitio, me topo con dos amigas periodistas que se encuentran en la misma situación que yo. Nos ubicamos con uno de los mapas, y las tres conseguimos llegar, aunque con 15 minutos de retraso.

Sebastián Chilla, Claudia González y Ana García Barrones, disfrutando de la popular berza del PP. FOTO: MANU GARCÍA.

Allí nos sirven una jarra de rebujito, bien repleta de hielo. Es el peor día de calor. El termómetro roza los 40 grados, aunque la sensación térmica puede ser mayor. Así que el abanico no me abandona en toda la tarde. Después de tomar dos copas y varios análisis del cuadro político en las próximas municipales del 26 de mayo, me marcho a otra caseta, a saludar a más compañeros del gremio que han organizado un almuerzo de la APJ (Asociación de la Prensa de Jerez).

Allí, algunos compis me ofrecen carne mechá, un trozo de pan con tortilla y pimiento frito, aceitunas… Tampoco quiero abusar, y decido irme antes de tiempo a una entrevista que tengo con Nico Sosa, presidente de la Peña Flamenca La Buena Gente y comisario de la caseta La Buena Gente, referente dentro del Real del González Hontoria. Una vez en la zona de socios, visualizo a Nico y le digo que en un ratito comenzamos, que llego pronto y todavía falta Manu, mi compañero gráfico.

Él, como “buena gente” que es, me pregunta si me apetece algo: de comer, de beber… Tampoco quiero abusar. Repito. Por lo que solo le pido algo fresquito, una copita de vino blanco. Y me quedo un rato en la barra, donde me encuentro con algunas caras conocidas. Son las 16:55 horas. Falta poco para que llegue el cámara, así que consigo una mesita y dos sillas de feria que se acaban de quedar vacías. Toda una fortuna tratándose de la caseta La Buena Gente. Me siento, abro la libreta y voy apuntando cosas.

Ambiente de Miércoles. FOTO: MANU GARCÍA

Tras la entrevista, el anfitrión me rellena la copa y lo pierdo entre tantos socios que quieren saludarle. Está a punto de empezar el primer pase flamenco en la caseta. Aquello se abarrota de gente en cuestión de segundos. Y no paro de sudar. ¡Qué calor más grande, chiquillo! Le doy el último buche a la copa y me voy. He aparcado cerca de la Avenida, pero el camino se me hace eterno bajo este sol. Son las 18:00 horas. Hace tanto bochorno que las máquinas siguen remojando el albero, o más bien, haciendo pequeños charcos de fango.

Me vuelvo a casa. No he gastado ni un euro, pero apenas he comido. Se podría decir que hoy la cosa ha estado escasa, pero que si le echas cara, puedes comer y beber de balde en la Feria de Jerez, entre copas e invitaciones. Eso sí, si eres alguien. Ya lo decía Lolita en su popular Sarandonga: “Cuando yo tenía dinero, me llamaban don Tomás; como ahora ya no lo tengo me llaman Tomás na’ ma’“. Canción imprescindible en ferias andaluzas. Pero aquí, no es que los periodistas tengan poder —sin incluir a los directivos, claro—, es como una vez dijo la difunta Duquesa de Alba: “¿Y la prensa, ya han comío los porejitos?”.

Una vez en casa, me preparo un bocata de melva, pimiento morrón y mayonesa. Empiezo a transcribir la entrevista de esta tarde y… me engulle el sueño. La Feria, al mediodía cansa más que un día entero de playa. Decido descansar un rato, pero se me va la hora. Me despierto y sigo con la entrevista. Me hago la cena, y a esto que regresa mi padre, que ha echado el día entero en el recinto del González Hontoria con sus compañeros de trabajo. Que se ha gastado unos 50 euros, me dice. Pero que al entrar en la caseta de la hermana de uno, se ha hartado de “comer de pescuezo”. En la Feria, la gente se deja los billetes. La Feria es para gente “del taco”, para quien la trabaja o para quienes le echan mucha cara. 

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