Feria del Caballo

Silencio en los ‘cacharritos’ para familias como las de Pablo

Pepe Sabido Galera, presidente de Autismo Cádiz en Jerez, valora la iniciativa en compañía de su hijo: "La bajada de volumen beneficia a todas las personas, también a los mayores y a los que tenemos otras discapacidades diferentes"

Hace ya casi cuatro décadas que Autismo Cádiz viene trabajando con personas con trastorno del espectro autista. A finales de los años 70, la situación era bien diferente y esta asociación fue pionera, configurándose a través de la experiencia llevada a cabo dos aulas específicas sobre autismo en la escuela Gadir de Cádiz ciudad. Corrían los años 1978 y 1979: un año los padres y madres de los niños y niñas que acuden a estas aulas, se ponen de acuerdo para constituir esta asociación. Desde entonces el colectivo no ha parado de trabajar para mejorar las condiciones y servicios de las personas con autismo.

“Los sonidos muy estridentes y altos les molestan más que a cualquier otra persona”, confiesa Pepe Sabido Galera, presidente de esta asociación en la ciudad de Jerez. Si no fuera por el trabajo de este colectivo, su hijo Pablo, con 29 años de edad, hubiera tenido una vida algo más complicada de la que tiene. “Ellos tienen poca comunicación con lo cual se hace más dificultoso la relación, hay que llevarlo a buen término”, cuenta a lavozdelsur.es frente a la zona de los cacharritos de la Feria del Caballo de Jerez.

Pepe Sabido con su hijo, durante el encuentro con lavozdelsur.es. FOTO: MANU GARCÍA.

Es lunes por la tarde y de 15:00 a 19:00 horas, este área, uno de los más ruidosos del recinto ferial, vive un periodo de descanso. Durante unas horas la calle del infierno deja de ser un infierno para muchas personas. El fenómeno es fruto de una petición de esta asociación a la delegación de Cultura del Ayuntamiento de Jerez, una iniciativa que se suma a la llevada a cabo en otras ferias andaluzas, como la de Abril, la semana pasada en Sevilla. “Nos pusimos en contacto con el delegado para que las personas con autismo, que tienen más sensibilidad a los ruidos, puedan disfrutar también de las atracciones”, explica. “Ellos se pusieron de acuerdo con la asociación de feriantes y hemos conseguido estas cuatro horas”, añade.

Sin embargo y pese al éxito de la propuesta, Pepe Sabido cree que para el año 2020 hay que ampliar las horas y mejorar especialmente una circunstancia: que no haya tanto silencio. “Que bajen pero que no lo quiten; lo ideal es que sintonicen el mismo canal, la misma melodía pero no estar exento de música”, reconoce. El presidente de este colectivo en Jerez cree que una música baja también ayuda a “amortiguar” los sonidos de las propias máquinas y los chasquidos de los motores, que durante la tarde de este lunes han sido los protagonistas.

Pablo junto a su padre Pepe, en la zona de los cacharritos este lunes de Feria. FOTO: MANU GARCÍA.

Según cuenta a este medio, las personas con autismo sufren fundamentalmente por los ruidos estridentes. “La cantidad de estímulos que uno percibe son muy grandes y si además son melodías distintas, peor”, dice. Es por ello que llama a una cierta estabilidad de los sonidos, algo que no sólo sería bueno para ellos, sino para todos y que ya se va a aplicar en la Feria del Carmen y de la Sal de San Fernando: “La bajada de volumen beneficia a todas las personas, también a los mayores y a los que tenemos otras discapacidades diferentes”.

Según el Ministerio de Asuntos Sociales uno de cada cien habitantes tiene algún tipo de autismo, lo que quiere decir que en todo el país hay casi medio millón de personas con este trastorno. En la provincia de Cádiz el número puede superar los 12.000, mientras que en Jerez los 2.000. Es por ello que Autismo Cádiz hace valer su labor con objeto de ayudar a las familias que lo necesiten, poniendo los servicios que necesitan desde los primeros años de vida: atención temprana, logopedia y desarrollo de habilidades sociales y adaptativas, acompañadas de un servicio de apoyo educativo.

Pablo observa los cacharritos durante la visita a esta zona de la Feria del Caballo. FOTO: MANU GARCÍA.

En el caso de su hijo, Pablo, que le acompaña apoyando el brazo en su hombro, el diagnóstico tuvo lugar con dos años tras desarrollar una gastroenteritis. “Cuando estuvo ingresado dos semanas y vivo todo lleno de batas blancas y médicos, desarrolló un cuadro bastante diferente con respecto a otros niños”, recuerda. Fue entonces cuando se pusieron en contacto con especialistas para poder desarrollar una vida en normalidad. “Las personas con autismo no tienen unos rasgos físicos visibles, como puede pasar con un síndrome de Down o una parálisis”, confiesa. Sin embargo, apunta, “en la comunicación, en la interacción social hay rechazo, son muy reservados”.

El trabajo de colectivos como Autismo Cádiz, con la promoción de iniciativas como esta y su quehacer diario con las familias precisamente está encaminado a mejorar esa circunstancia, poniendo más y mejores medios a su disposición. “Se trata de reforzar esas áreas para que tengan una vida sana”. Este lunes, Pablo ha podido disfrutar de mejor forma de los cacharritos gracias a ese trabajo. Pero su padre sabe que aún hay mucho trabajo por hacer y por eso no para de pensar ya en la próxima. El único objetivo es facilitarles unas mejores condiciones de vida, algo que, insiste, es tarea de todos.

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