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Siete años de Zoco

El espacio de la plaza Peones celebra su aniversario con varias actividades, aunque los comerciantes reclaman más promoción el resto del año.

El espacio de la plaza Peones celebra su aniversario con varias actividades, aunque los comerciantes reclaman más promoción el resto del año. En el edificio hay una tienda de magia, estudios de pintura, una librería… Conoce todos sus rincones.

Entre Santiago y San Miguel se encuentra el Zoco de Artesanos de Jerez, un oasis entre tanto edificio en ruinas y casas sin habitar en el que van entrando y saliendo artesanos. Los hay que aguantan años, como Pepe el librero, que está casi desde que empezó, y los que están apenas unos meses y deciden irse a otros lugares donde puedan vender más sus productos. Durante sus siete años de vida han pasado por allí decenas de comerciantes y miles de visitantes, aunque no es que sea una zona muy concurrida precisamente. De eso se quejan algunos de sus inquilinos, aunque a otros les viene bien para desconectar y poder dar a luz a algunas de sus obras.

En la planta baja de las antiguas carnicerías viejas se encuentra Andamagia, una tienda especializada (“la primera de la historia de Jerez”, dice su dueño), en la que está José María Bernabé detrás del mostrador. O simplemente Bernabé, como se le conoce cuando va a actuar. Desde noviembre tiene sede física, pero un año antes ya había empezado a vender productos de magia por internet. “Aquí trucamos barajas, tenemos juegos fáciles para principiantes, hay de todo”, dice Bernabé. ¿Lo que más vende? Barajas de cartas, claro. Aunque también tiene monedas, .cubiletes, aros chinos, guillotinas… Y libros. 1.000 trucos de magia o Cartomagia fundamental son algunos de los títulos que se pueden ver en la estantería situada en la parte derecha de la tienda, donde hay algunos trucos de cosecha propia. Bernabé estudió Bellas Artes, aunque desde pequeño le gustó la magia y se dedica a este mundillo desde hace una década. Por eso, asegura que “la magia antes era más cara”. Aunque confiesa que magos como Juan Tamariz lo marcaron de pequeño, se queda con el mentalista estadounidense Theodore Annemann. “Era muy bueno”, asegura.

Paseando por la misma planta baja está la tienda de Margarita Lozano, No solo Jerez, que lleva un año instalada en el Zoco, aunque asegura que está en sus últimos días en las instalaciones. “Me voy porque tengo otros negocios que requieren tiempo y no puedo mantener este”, explica. Margarita estudió Artes Plásticas y Diseño, y desde antes de terminar sus estudios soñaba con instalarse en el Zoco, aunque una vez en él ha visto las desventajas que tiene. Aquí tiene cuadros pintados por ella misma y también souvenirs que ha traído de Marruecos (pañuelos, pulseras, lámparas…), pero las ventas son discretas. “Esto no da para más porque no hay público”. Margarita cree que hay cierta “dejadez” por parte del Ayuntamiento a la hora de promocionar el Zoco. Y muchos impedimentos. “He hecho exposiciones, catas de vino, conferencias… Y siempre ponen pegas”. Cree que le falta “continuidad” en las actividades organizadas a este espacio, porque “cada vez que se hace algo la gente viene”. “Falta que se lo tomen en serio.”, asegura.

En la planta de arriba hay varios pintores. Uno es David Brenes, que lleva en el Zoco desde enero y utiliza su espacio más como estudio que como otra cosa. “Venir aquí como tienda es equivocarse, vengo para pintar mis cuadros”, dice. “La gente tiene la idea de que esto está quemado y cuesta quitar esa etiqueta”. Aunque no le gusta, explica que tiene que hacer souvenirs y cuadros con motivos típicos como el toreo, el vino, el caballo… “El 95% de mis clientes son extranjeros y les gustan estas cosas”. Brenes, cuyo estilo podría considerarse pintura naif, asegura que el público jerezano “es cerrado a tendencias nuevas”, por lo que tiene que irse fuera para que se le reconozca. “Eso de que nadie es profeta en su tierra se cumple aquí a la perfección”, apunta.

En el espacio contiguo hay otro compañero de profesión. Paco Retamero, pintor con 35 años de experiencia a sus espaldas, llegó al Zoco casi al mismo tiempo que Brenes. También en busca de tranquilidad y como lugar de creación. “No venía buscando gran afluencia, sino un sitio tranquilo”, apunta. Llegó a ejercer durante unos años como administrativo, pero cuando el paro llamó a su puerta lo tuvo claro: Quería vivir de la pintura, su gran pasión. Y no es raro que a Paco le guste pintar, ya que procede de una familia de artistas. Su padre hoy día, con 89 años, sigue pintando y algunas de sus obras están en su espacio del Zoco. Y dos de sus hijos han estudiado Bellas Artes. “Es un veneno”, dice Paco, que asegura que nunca ha expuesto sus obras. “Pinto por encargo, desde el principio me lo he tomado como un oficio”. Y afirma tajante: “He vendido más cuadros que pelos tengo en la cabeza”.

Estos días se celebra el séptimo aniversario de este espacio con varias actividades, aunque los comerciantes coinciden en señalar que no sólo de efemérides puede vivir el Zoco.

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