CulturaLa Andalucía

Sierra de Almijara: ruta de Miguel ‘el de la Plana’

Un paseo por la cadena montañosa que se encuentra a caballo entre las provincias de Málaga y Granada

En homenaje a Emilia la de la Plana, mi abuela mareña, que trajo el apodo a la familia. Itinerario: Maro – nacimiento de Maro – arroyo de Los Colmenarejos – valle del río de la Miel – Castillejos – cortijo Leopoldo – lomas de Las Cuadrillas – Marina – Cantarriján – playa del Cañuelo.

0.- Plaza de Maro. Punto de reunión y salida. Maro, ahora mismo (enero, 2018), con las espadas de Damocles de un campo de golf, miles de viviendas y hoteles.

1.- Nacimiento de Maro. Modelo de fuente cárstica, gran caudal, muy variable, con aguas ricas en magnesio, que presupone un recorrido en profundidad por las entrañas de la Sierra de Almijara.

2.- Arroyo de los Colmenarejos. Arco natural de Colmenarejos (Puente Piedra). Durante una crisis resistática cuaternaria, el aporte de cantos por gelifracción es de tal magnitud que colapsa el valle. Una posterior etapa fluvial excava los depósitos, dejando el arco en los materiales más cementados. Acceso por el punto kilométrico 296 ‘600 de la N-340 Cádiz-Barcelona.

3.- Valle del río de la Miel. Valle hoy subtropical, modelo del cambio climático que vivimos. En el nacimiento conviven antiguos cultivos de castaños (Castanea sativa) con los actuales subtropicales de aguacates (Persea gratissima o Persea americana) y chirimoyos (Annona cherimola).

4.- Castillejos. Peñón de mármol dolomítico que destaca sobre el nacimiento del río de la Miel y los materiales esquistosos de más fácil erosión, que lo rodean por la vertiente sur. Espectaculares restos de murallas, aljibes y construcciones abovedadas de época del califato árabe.

No me resisto a transcribir un fragmento de lo escrito en la entrada Castillejos de mi blog: “Lo más difícil para algunos es usar y disfrutar de todos los sentidos en la sierra: chocar dos piedras para quedarte con el inconfundible olor de los mármoles alpujárrides. Tocar el romero y los diferentes tomillos para identificar sus perfumes. Oler la Bituminaria bituminosa (trébol hediondo) o el delicado Dianthus malacitanus (clavelina) y para los muy interesados, sorprenderse con los aromas de la Putoria calábrica (hedionda).

Escuchar el silencio de la montaña o el cantar de las chicharras en verano, que a veces te sorprende con su intermitencia. Tocar la superficie del lapiaz y deducir los surcos del agua. Saborear los dátiles del palmito, la única palmera autóctona de Europa, cuidando de mondarlos, y mirar, mirar a lo lejos, el mar y las montañas, los cortijos del nacimiento como un belén allí abajo, y los pinos colgados en las laderas de las sierras vecinas. Ver de cerca las una y mil florecillas de nuestro monte mediterráneo. Ahora sólo quiero destacar los acebuches (Olea europae var. sylvestris) hechos bonsáis por el ramonear de las cabras y los palmitos enormes (Chamaedorea humilis) en medio de los tajos inaccesibles”.

5.- Cortijo Leopoldo. Ruinas de cortijo con almazara, lagar, bodega y vivienda. Quiero aprovechar para hacer un homenaje a los hombres y mujeres de la Sierra de Almijara representados por Dolores y Frasquito, los últimos habitantes del cortijo. Transcribo algunos párrafos del texto Paisaje y Educación II, escritos en su memoria: “Dolores, nombre propio que bien podía ser colectivo. En su olla siempre había comida, el preguntar ¿Quiere Vd. comer? Nunca fue un cumplido ni una forma de hablar. Sus días parecían tener cuarenta horas y cada trabajo, su tiempo, suya era la cabra, suyo el buscar los cigarrones para los perdigones, suya la casa, suyo el huerto, suya la costura, suyo el horno de pan hacer, suyo el encontrar cualquier cosa en cualquier momento”.

“Frasquito siempre sabía la hora que era. Miraba el color del cielo y te decía la hora. Todos los días al acercarse las dos, echaba mano de su reloj de bolsillo y comprobaba que eran los dos en punto, entonces levantaba el crochet y encendía la radio. La radio estaba en el centro del bazar, junto a la foto de la mili del hijo y a los platos y tazones de lujo que nunca se usaban, esperando un día de fiesta que nunca llegaba. De dos a dos y media se oía en silencio el flamenco.

Dolores parecía no escuchar, siempre estaba atareada con su trabajo, se movía sin hacer ruido. Para encender la lumbre, usaba un largo canuto de cañavera que al soplar avivaba el fuego y rápidamente colocaba la trébede para asentar en ella la olla. Frasquito nunca cantaba, pero el rito de escuchar el cante era una liturgia, tampoco comentaba. A las dos y media en punto, al acabar el programa, apagaba la radio y la volvía a cubrir con el encaje, hasta el día siguiente a la misma hora. Dolores no paraba. Mientras la olla hervía, llamaba a las gallinas que acudían rápidamente a recoger los granos de cebada. Visto y no visto, dejaban el suelo limpio. Si la olla tardaba un poco más, cogía la cesta de la ropa y zurcía alguna camisa vieja“.

6.- Lomas de las Cuadrillas. Jaral de jara pringosa (Cistus ladanifer), de la que se obtenía el ládano. Para el caso, se hacía pasar un rebaño de ovejas entre las jaras, después, se esquilaban y de la lana, se separaba el aceite de ládano, utilizado en medicina para aliviar la tos y los dolores reumáticos. Hoy en desuso.

7.- Marina. En los cortijos de la Marina, se cultivaban en los años 50 del siglo pasado tomates de invierno. En la solana, mirando al mar y protegidos de los vientos del norte, se criaban tomates de secano en pleno invierno. La técnica consistía en cavar un hoyo profundo donde en la tierra removida, se mantuviese la humedad de las lluvias otoñales y permitiesen la fructificación de la planta.

8.- Cantarrijan. En las ventas cercanas al puente del Límite, se concluirá la ruta en invierno.

9.- Playa del Cañuelo. En verano se bajará a la playa para disfrutar del agua después de la ruta y los servicios de intendencia pasarán a recoger los senderistas.

Este artículo ha sido publicado originalmente en LaAndalucía.org

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