Roedores de cultura

“Sibilario es un libro construido con una idea arquitectónica”

Ana Sofía Pérez-Bustamante presenta en la Fundación Caballero Bonald el libro de poemas Sibilario. Estuvo acompañada por Mauricio Gil Cano y Josefa Parra

Josefa Parra nos presentó a Ana Sofía Pérez-Bustamante como una persona de gran valía intelectual en su labor de profesora, investigadora y poeta. Destacó sus trabajos sobre Pilar Paz Pasmar, Fernando Quiñones, Luis Berenguer y Álvaro Cunqueiro. Y como poeta, subrayó la calidad del poemario Mercuriales. El libro Sibilario obtuvo el XXII Premio Alegría de Poesía en 2018, y ha sido publicado en la serie Adonais, de Ediciones Rialp, “que para los que amáis la poesía ya sabéis lo que significa: no puede estar cualquiera en esa colección”, añadió Josefa Parra.

Para el escritor Mauricio Gil Cano, “Sibilario es uno de los mejores libros de poesía publicados últimamente”. Antes de analizar esta obra, realizó un esbozo de la trayectoria intelectual de la autora. Es doctora en Filología Hispánica y profesora de Literatura Española en la Universidad de Cádiz. A su excelencia académica hay que añadir la calidad de su prosa, ya que “en sus ensayos escribe una crítica literaria creativa”. Ha dedicado esos estudios literarios y ediciones a Don Juan Tenorio, José María Pemán, José Luis Tejada, además de los mencionados por Josefa Parra. Muchos de estos trabajos han sido publicados por la editorial Cátedra, por lo que son una referencia ineludible para estudiantes e investigadores. Mauricio recomendó especialmente la edición crítica de El mundo de Juan Lobón de Luis Berenguer (Cátedra, 2010) y la edición y estudio preliminar de Ave de mí, palabra fugitiva (Poesía 1951-2008), de Pilar Paz Pasamar. Como articulista, Ana Sofía obtuvo en 1989 el premio “Ciudad de Cádiz”, en 1996 el accésit del premio nacional “José María Pemán” y en 2008 el XXV premio nacional “José María Pemán” de Unicaja, otorgado por un jurado presidido por Manuel Alcántara.

El salón de actos de la Fundación Caballero Bonald. FOTO: MANU GARCÍA.

Mauricio Gil Cano se mostró de acuerdo con el criterio del jurado que otorgó a Sibilario el Premio Alegría 2018, “por su lirismo de gran hondura moral, brillante técnica poética y espléndido enraizamiento en las culturas clásica, bíblica y moderna”. En el poemario encontramos referencias a figuras de la mitología y de la Biblia, incluso a mitos de la cultura contemporánea. “Este culturalismo da pie a una serie de soliloquios donde abundan los endecasílabos, alejandrinos y heptasílabos, que se prestan sin embargo a un tratamiento muy contemporáneo de los temas, con un lenguaje salpicado de rasgos coloquiales y modernos.”

El poemario se divide en tres partes: Cimientos, Las dimensiones del teatro y Sibila sexta. Toda la arquitectura poética se construye sobre el número tres y sus múltiplos. Todo encaja en este poemario, nada queda al azar. En la primera, hay un canto a la feminidad, al amor, a la maternidad y a los hijos. La segunda se abre con una pregunta: “¿Hay alguien que me escuche, que me entienda/ que pueda dar sentido a una lengua de humo?”. Se trata, según Mauricio, de “una pregunta, lanzada desde el miedo en el camino de la vida, cuya respuesta es la sombra de un misterio inexplicable”. Y la tercera parte reúne los versos más introspectivos. Algunos de ellos “expresan una sensación incontestable de cansancio existencial”. Sibilario es un libro en el que cada poema tiene valor en sí mismo y desempeña, a su vez, un papel esencial en el conjunto: “Se trata de magníficas piezas que conforman un volumen extraordinario, intenso, lleno de emoción, de dolor, pero también de resignada esperanza, donde se asume el paso del tiempo y el consecuente deterioro físico y mental, pero también la excitante aventura de vivir y la metáfora de la resurrección.”

Ana Sofía Pérez-Bustamante reconoció estar muy feliz con la publicación de este libro. Los poemas que ahora presenta son fruto de un trabajo de al menos doce años. La poesía requiere mucha paciencia, porque “hacerse un hueco en ese mundo yendo por libre es muy dificultoso…” En principio se llamó Capilla Sixtina, porque la intención de Ana Sofía era crear una versión propia de esa obra de arte. Con el tiempo se ha ido haciendo más “conscientemente feminista”… El título dio muchas vueltas, hasta que pensó en el nombre femenino Sibila, y de ahí Sibilario, una palabra inventada, que también se parece a silabario y a sibilino… “Es un libro construido con una idea arquitectónica”. Y toma como modelo Rafael Alberti, “que elabora sus libros de una manera ejemplar”.

Un momento de la presentación. FOTO: MANU GARCÍA.

La primera parte, explicó Ana Sofía, hace referencia a lo que a uno lo constituye, a los cimientos, es decir, a la infancia. Estos primeros poemas son positivos, nos hablan de una niñez feliz. Son los misterios gozosos. La segunda parte, Las dimensiones del teatro  (tomado de un verso de Jaime Gil de Biedma), reflejan la experiencia vital, y los versos no son tan optimistas. Son los misterios dolorosos. La tercera, Sibila sexta, muestra “una apertura a la vida, con amor y con esperanza, con resiliencia”. Las figuras de la Capilla Sixtina sirven de hilo conductor. También remarcó que el libro está dedicado a su madre en su cielo, como decía Jorge Guillén. La escritora ha seleccionado varias citas para situarnos en “un  horizonte de lectura”. Hay una, por ejemplo, que hace un homenaje a La vida de Pi. En cuanto al estilo, recurre a monodiálogos dramáticos: habla un personaje. “Escojo esta fórmula porque me resulta cómoda para expresar pensamientos íntimos sin desnudar intimidades. Esto se llama correlato objetivo, y es una fórmula que yo encuentro apropiada para ponerse una máscara. Como decía Nietzsche, la máscara revela lo fundamental y oculta lo accesorio”. Y en cuanto al trasfondo filosófico, hay algún poema inspirado en la filosofía neodarwinista…

EVA Y LAS MANZANAS

Tú eres el fondo de mi corazón,
Adán, mi dulce Adán.
Mi soledad abriéndose en tus labios
antes de saber besar.

Cierro los ojos.
Te colgaba del árbol de costillas
como una manzanita de carne
muy roja y muy madura,
el corazón.

Colgaba el corazón cantando
sin parar, animal
descalzo por el parque y tan hambriento.

Adán, mi dulce Adán.
Me acerqué a tu cintura. Quise decir: cintura.
Con mi boca y mi lengua
rocé y abrí tus labios. Quise decir: fuego.
Con mis dientes
fui siguiendo los ríos
que bajan por tu cuello desbocados y azules
hasta anudar los vértigos del agua
debajo de tu ombligo.
Yo era toda vergüenza.

Pero mis muslos no necesitaban
saber hablar. Su nido de sombra vulnerada
te devoró.

Aprendiste, aprendimos,
cómo grita manzanas el silencio.

 

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