La Rotonda

Septuagenarios al poder

De la Torre y Carmena, dos de los alcaldables más veteranos el próximo 26M, demuestran que los designios de las ciudades deberían estar dirigidos por los mejores, los más experimentados, por gente que ponga por delante de todo el interés de quienes confían en su buena mano, no de partidos que solo buscan un 'quítate tú para ponerme yo'

La segunda vuelta de las generales ha echado a andar en la pasada medianoche. En 15 días habrá que volver a votar y, según en el sitio en el que se haga, habrá que elegir hasta tres papeletas bien diferenciadas. En Andalucía serán solo dos: municipales y europeas, porque aquí ya tuvimos anticipo de autonómicas en diciembre pasado con un resultado cuyas consecuencias aún se sienten. Algunos dirán que han comenzado las mentiras desde el minuto menos uno de esta nueva campaña, pues ni la campaña comenzó en la pasada medianoche (los actos se adelantan por una vieja tradición promovida por los medios impresos, que necesitan agilizar el cierre y enviar la edición a rotativa en una hora más decente), ni tampoco hubo pegada de carteles en estricto sentido (como mucho, un amago y mucho cartel sujeto por ambas manos para la foto de rigor). Pero lo cierto es que ahí anda de nuevo la clase políticaon fire, en la carretera, prometiendo lo que sabe que no podrá cumplir, y dándose algún codazo que otro para salir en la foto, aunque vayan de reserva en la candidatura. No esperen grandes cambios en los modos y maneras.

Aunque siempre hay excepciones. La otra noche disfruté mucho con un debate-diálogo entre dos de los políticos probablemente más veteranos que concurren en las municipales del próximo 26M y que tienen en común mucho más que su edad. Quizás pudiera pensarse que están en las antípodas ideológicas, pero siempre se ha dicho que en las municipales no importa tanto la ideología y el marketing como la cercanía y el rostro del candidato. O así al menos era antes. Y por eso quizás casi acabaron reconociendo que ninguno de los dos tendría demasiado inconveniente en votar por el otro, a la vista de sus programas y del bagaje acumulado en tantos años de carrera profesional y política. Me refiero a Paco de la Torre, alcalde de Málaga durante los últimos 19 años y aspirante a la reelección por el PP, y a Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid en el último mandato y candidata a la reválida por Más Madrid.

Superados los 70 años, curados de espanto, fieles a aquello que se dio en llamar el espíritu de consenso de la Transición —que pasaba por superar con el menor trauma y la menor ceguera posible la llegada de la luz solar tras décadas de oscuridad y represión—, sin agobios económicos por tener que garantizarse un puesto de trabajo en la política, y sin ansias de trepar en estructuras partidistas (ya vienen de vuelta de casi todo), ambos participaron en un encuentro en El Intermedio moderado por el periodista Fernando González Gonzo. Y ambos demostraron no solo que la veteranía seguirá siendo un grado por los siglos de los siglos, sino que, aunque muchos viejóvenes arribistas se empeñen, las cosas se pueden hacer de otra manera. Puede haber talento y pueda haber otro talante. Otro discurso es posible y otras formas menos incendiarias también deberían serlo. Ojalá esta fuera la tónica habitual, la de tratarse con respeto en un intercambio lúcido de ideas, la de escuchar más que gritar, la de elogiar más que insultar, la de proponer medidas transformadoras que benefician a todos aunque puedan ser controvertidas y cuesten votos por unos cuantos.

“Creo que la edad es un fenómeno extremadamente útil para lo público porque te da experiencia y te da capacidad de comprensión y escucha, habilidades muy necesarias para la política”, aseguraba Manuela Carmena. A lo que Paco de la Torre apuntaba: “La experiencia acumulada te hace valorar las cosas de una manera distinta, más completa, con más capacidad de diálogo y participación”.

Personalmente, vistos siempre desde fuera, me caen muy bien tanto De la Torre (76 años) como Carmena (75), y si estuviera empadronado en Málaga o en Madrid es probable (a falta de ver otras alternativas igual de sólidas) que les votase, sin importarme el partido o la agrupación política que representen. Según las encuestas, por cierto, es probable que ambos prolonguen la estancia en sus respectivas alcaldías. Por algo será. El manejo de las ciudades que habitamos debería de ser responsabilidad de los mejores, de los más experimentados, de la gente que sabe poner por delante de todo el interés común, el interés de quienes confían en su buena mano para mejorar su calidad de vida, el entorno en el que residimos.

Igual que cuando hace unos días nació mi hija no me dijo ningún sanitario a qué partido votaba o qué ideología profesaba, sino que solo hubo un empeño de esos grandísimos profesionales de la sanidad pública en que las cosas salieran lo mejor posible, como afortunadamente así fue, me encantaría que alguien íntegro y honesto, que solo busca lo mejor para todos, no solo para sí mismo, condujera la ciudad en la que vivo por la mejor carretera posible hacia un futuro de progreso para nuestras niñas. Y eso, por desgracia, sigue sin tener nada que ver con las luchas cainitas por el poder que se viven dentro de las maquiavélicas estructuras de partidos. Jerarquías donde lo único que importa y se defiende es una supuesta ideología del quítate tú para ponerme yoLa lucha más primitiva e intestina por la supervivencia.

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Comentarios

  1. Como dice el refrán, sabe más el diablo por viejo que por diablo. Frente a la inane efebocracia que impone el cateto marketing político en las dirigencias de los partidos españoles y en las listas de candidatos a las elecciones, y que lleva a que la belleza física y la juventud se vendan como valores garantizadores del buen gobierno y a que nos gobiernen personas con escasa experiencia profesional y vital, en las principales democracias occidentales el acceso a las posiciones de gobierno político suele producirse en la edad madura o inclusive mayor, cuando la persona en cuestión ya ha adquirido una dilatada experiencia y sosiego que le lleva a la mesura y a la prudencia, cuando ya tiene su vida personal y profesional muy avanzada y realizada, es mucho más inaccesible a la corrupción y se mueve más que por la ambición personal de una carrera política por un espíritu de servicio público. Debería establecerse una edad mínima (muy superior a la actualmente vigente) para poder ejercer el derecho de sufragio pasivo o para ser designado para un alto cargo público, además de poseer una cierta formación académica y experiencia laboral o profesional.

        1. Proponer que solo voten unos pocos es fascismo. Es una vuelta al siglo xix cuando el sufragio era censitario. Es decir, solo votaban los hombres inscritos en el censo, porque para estar en el censo era necesario tener una renta. Lo que propone es fascismo. No es de extrañar siendo proximo en ideales a Vox. El voto es un derecho. Y eso tiene un gran significado. No disfracemos con entelequias baratas un mensaje claramente elitista, antidemocratico y sectario. Es decir, VOX. NB.: Este teclado no me deja poner tildes. Esperemos que los sicarios de VOX no vengan a por mi por las faltas de ortografia…

  2. Lo dicho: padece usted un grave problema de comprensión lectora. Confunde el derecho de sufragio pasivo (el derecho a presentarse como candidato en una elecciones y a ser elegido) con el derecho de sufragio activo (el derecho a votar). Mi comentario se refiere exclusivamente al primero de ambos derechos, al derecho de sufragio pasivo. Mi propuesta de incremento de la edad para poder ejercer el derecho de sufragio pasivo no guarda relación alguna con el antiguo sufragio censitario del siglo XIX, pues en aquella modalidad la limitación no era por edad, sino por el nivel de renta y de patrimonio económico, por alfabetización (por eso empiezan en esa época las primeras políticas de Instrucción Pública) y por pertenencia a determinados grupos sociales, y, además, aquel sufragio censitario era propio de las primeras revoluciones liberales y no tuvo (no podía tener) relación alguna con el fascismo (ideología casi cien años posterior, que no tuvo sufragio censitario y sobre la que es evidente que usted lo ignora todo). Así, yo no he planteado ninguna variación en la limitación actualmente vigente de edad mínima para tener derecho al voto (18 años), como usted falsamente dice, sino que propongo incrementar el requisito de edad mínima para ser elegible y eso nunca se puede confundir con el sufragio censitario, pues esa edad mínima es una mera convención jurídica que ha cambiado a lo largo de la historia de las democracias y que hoy día tampoco es la misma en todas las democracias realmente existentes. Podría (aunque no lo he hecho) haber propuesto también el incremento de la edad mínima para tener derecho a votar y esa hipotética propuesta tampoco habría guardado relación alguna ni con el sufragio censitario ni, menos aún, con el fascismo. ¿Lo entiende ahora?
    En lugar de expeler temerariamente descalificaciones de “fascismo” a diestro y siniestro, podría usted abandonar su habitual tono inquisitorial, tranquilizarse y tratar, si sabe, de rebatir los comentarios sobre los que discrepe con argumentos objetivos y ceñidos al tema exclusivamente; pero me temo que no lo conseguirá.

    1. Yayayayaya … se empieza con eso de limitar las posibilidades de presentarse y se termina limitando el voto a solo a los que van a votar lo que yo quiero… que se lo digan a los alemanes con Hitler. Eso es fascismo y eso es VOX

  3. Una de las reglas básicas de cualquier debate civilizado es no poner en boca de los demás participantes palabras que no han dicho. Yo no he planteado ninguna limitación al derecho a ser elegible, sino la elevación de la edad legal para poder serlo, cosa que existe en varias democracias del mundo; por ejemplo: Corea del Sur, Alabama, Nebraska, Japón, Tailandia, Mississipi, Puerto Rico, Singapur…
    Otra regla también básica es no mentir sobre los hechos. VOX no plantea nada de esto en su programa (no lo plantea ningún partido político), de forma que la referencia a VOX (o a cualquier otro partido político) aquí es completamente ociosa y distorsionadora, y los regímenes fascistas (extinguidos hace 75 años) nunca limitaron el derecho de voto más allá de lo que lo hacían las democracias en aquellos años, pues no les hacía falta, ya que no hacían elecciones y si hacían alguna consulta o referéndum nunca estaba garantizada la transparencia del proceso. Donde sí hay muchas restricciones es en los países comunistas (Corea del Norte, Cuba, China), donde solo se presentan los miembros de los respectivos partidos comunistas y no todos pueden votar, en el régimen narco-comunista de Venezuela (financiador de sus amigos de Podemos), donde no se respetan los resultados de las elecciones si no conviene a Maduro e inclusive no se convocan cuando toca, y en el régimen teocrático islamista machista y homófobo de Irán (también financiador de sus amigos de Podemos), cuyo Líder Supremo tiene que ser un doctor en la ley islámica elegido por una asamblea de doctores en dicha ley islámica.

  4. Las mentiras se rebaten con hechos, con datos; ¿dónde están los suyos?
    Lo siento. No desempeña usted bien su función de troll de Podemos; se pone y les pone continuamente en ridículo. A ver si fichan a otro con más luces.

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