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Santa Teresa desencadenada

La Crítica de Villamarta. A camino entre el recital poético y la danza-teatro-flamenco, la granadina Fuensanta La Moneta se inspira en la mística de Ávila para abordar una reflexión sobre el sacrificio y la devoción por la danza.

La Crítica de Villamarta. A camino entre el recital poético y la danza-teatro-flamenco, la granadina Fuensanta La Moneta se inspira en la mística de Ávila para abordar una reflexión sobre el sacrificio y la devoción por la danza.

Elegida por el baile para convertirla en uno de los referentes dancísticos de su generación, Fuensanta La Moneta traza un paralelismo, con la excusa argumental de la figura de Santa Teresa de Jesús, entre la abnegación y el recogimiento que exige el baile y la devoción y entrega que entraña la vida religiosa. Coincidiendo con el quinto centenario del nacimiento de la mística, la bailaora granadina estrenó en su tierra, con vinculación especial con la santa, Divino amor humano, un espectáculo que ahora ha presentado en el 21 Festival de Jerez. Envuelta en una escenografía un tanto naïf, donde una vez más las recurrentes proyecciones sepultan cualquier resquicio a la imaginación —cuánto se agradece cuando aparecen la negrura del telón de fondo y un buen empleo de la iluminación—, la artista parte de su celda en una especie de viaje espiritual en el que deja patente, casi sin salir de escena, una concatenación de tensiones y conflictos interiores mediante su danza.

Como la santa de Ávila, Moneta pide cielo y pide infierno con un baile entre silencios y arrebatos, tan expresivo como versátil, tan frío como ardiente. Y lo pide sin demandar nada a cambio —sin buscar el aplauso gratuito—, como abandonada por su arte. Su propuesta escénica en cambio, entre el recital poético y la danza-teatro-flamenco, se apalanca en una especie de lúgubre purgatorio donde la trascendencia es imposible y donde compaginar el baile, el recitado y la interpretación dramática no siempre resulta creíble. Es la joven granadina una artista inquieta y muy dada a la experimentación, como ya hemos podido comprobar en varias ocasiones con mayor o menor fortuna. En esta ocasión, acude a los versos de una mujer revolucionaria a la que García Lorca definió como “enduendada y flamenquísima” para abordar una especie de autoanálisis que, como era de esperar, concluye en éxtasis.

Como una liberación de sus cadenas, como un impulso transgresor que la traspasa y la acerca a un nuevo territorio ajeno a esa angustia existencial, Moneta-Santa Teresa tiene a su lado el acompañamiento de un elenco de paisanos que aportan una partitura musical preñada de contrastes, jaleos, recitados y plegarias, e incluso de los infernales riff de la eléctrica de Paco Luque. Alfa y Omega de una función que, con sus defectos y virtudes, al menos no nos deja impasibles. Un trabajo que muere porque no muere y donde un solo de pies de Fuensanta con un tenue haz de luz devuelve una poderosa estampa de recogimiento y misticismo; y en el que la bailaora alcanza un crescendo, bajo un filtro de luz verdosa y el violín de Yorrick Troman, que la lleva al trance y a levitar varios metros por encima de las tablas.

Espectáculo: ‘Divino amor humano’, de Fuensanta la Moneta / Baile y recitado: La Moneta / Guitarras: Luis Mariano (flamenca) y Paco Luque (eléctrica) / Violín: Yorrick Troman / Cante: Aroa Palomo / Compás y zapateado: Raimundo Benítez y María la Manzanilla / Dirección y coreografía: La Moneta / Lugar y fecha: Teatro Villamarta. 26 de febrero de 2017. Aforo: Tres cuartos de entrada.

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