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Salvemos el centro histórico (II): la importancia del comercio tradicional

Se hace más que necesario llevar a cabo actuaciones integrales que prevean la protección de ese comercio de cercanía y que faciliten su implantación en la zona.

Hoy tengo motivos para escribir desde la satisfacción: ayer comenzaron al fin las muy esperadas y necesarias obras de reurbanización de la plaza Belén. Lógicamente ese asunto merece ser materia de un solo artículo y lo será, pero no quería dejar pasar la ocasión para resaltarlo. Ya estoy leyendo a muchos escribiendo cosas del tipo “a ver qué hacen” o “no me fío un pelo”. Pues miren, lo que hagan será mejor de lo que hay, sencillamente porque lo que hay es insoportable y vergonzante. Lo que hay es el resultado de unas políticas nefastas para el centro histórico durante años sin que ningún gobierno municipal, hasta ahora, fuera capaz de hacer otra cosa que no fuera mentir.

No creo que nadie pueda calificarme de palmero de este Ayuntamiento o de cuñadismo, más bien todo lo contrario: reconozco mi espíritu crítico no sólo con esta corporación, sino con todas, pero de la misma manera que he sido rápido y duro en criticar lo que para mí es criticable, hay que mostrarse igual de rápido y efusivo a la hora de felicitar y agradecer cuando se cumple. Por tanto, desde estas líneas doy las gracias y felicito a este gobierno municipal por el comienzo de las obras, que junto a la reapertura de la calle San Blas, supone un conjunto de actuaciones que superan en mucho a cualquier cosa que se haya perpetrado por cualquier otra corporación anterior.

Entrando ya en materia, durante esta semana también hemos visto cómo Urbanismo ha precintado dos bares de la plaza del Arenal por no disponer de la preceptiva licencia de apertura. No voy a entrar en el hecho en sí, creo no es necesario ya que se trata de una actuación administrativa totalmente fundamentada, sino más bien en recordar lo que se encontraba en esos locales antes de ser reconvertidos en negocios de hostelería. Hablamos de una tienda de ropa exclusiva —no perteneciente a ninguna cadena de estas internacionalísimas— y de una óptica, que dejaron de existir para, en nada de tiempo, pasar a formar parte de la única forma de negocio que se puede montar en el centro de Jerez en los últimos tiempos. Ya si son legales o no, es lo de menos, que ya se encargarán los propietarios de encender las redes sociales cuando se les descubra la trampa y se actúe.

Si nos fijamos en la calle Algarve y hacemos uno de esos montajes de antes y después de los últimos diez años, comprobaremos cómo esta tendencia, esta moda hostelera se ha llevado por delante varios comercios de los de toda la vida. Y aún faltan por abrir más bares en esa calle. En el lado opuesto encontramos las zonas de San Mateo, San Lucas o San Juan, donde por el momento brilla por su ausencia total la implantación de negocio alguno. Resulta especialmente llamativo que en plena edad dorada del resurgir de los tabancos, ninguno haya sido capaz de asentarse (bueno, en realidad ni se ha intentado) más allá de esa barrera electromagnética que parece erigirse en la línea de la calle Francos y que impide que se realice cualquier actividad más allá de ella. Esperemos que la ansiada actuación en la plaza Belén cambie esa maldita tendencia.

Lógicamente, tanto lo uno como lo otro responde a la falta de habitantes en el corazón de la ciudad. Es muy difícil mantener un sistema de zapaterías, carnicerías, pescaderías, droguerías, charcuterías, congelados, ultramarinos, tiendas de ropa…. que sea mantenida por un  censo de apenas 800 personas, que son las que habitan en la actualidad la zona intramuros. Ello acarrea que la forma de negocio más rentable sea la instalación de un negocio de hostelería, sector que ha absorbido a una mayoría de trabajadores que salieron mal parados del reventón de la burbuja inmobiliaria y que ahora favorecen el engorde de la nueva burbuja hostelera y turística.

Pero no sólo es rentable para los empresarios que montan el negocio, sino también para los dueños de esos locales en los que antes había otra cosa. Eso conlleva que estos propietarios suban el precio de los alquileres: si el negocio va bien, pues de lujo; si va mal, pues se cierra el negocio, que ya vendrá otro hostelero dispuesto a pagar lo que le pida. Toda esta práctica lastra la creación de ese comercio de cercanía tan necesario, incapaz siquiera de imaginar que puede pagar esos precios abusivos por los alquileres que se exigen. Claro que esto en Jerez no ha llegado, ni llegará a corto plazo, a lo que está ocurriendo en las ciudades cercanas, pero es más que evidente la destrucción de tiendas y negocios tradicionales en los últimos años.

Se hace más que necesario llevar a cabo actuaciones integrales que prevean la protección de ese comercio de cercanía y que faciliten su implantación en la zona, actuaciones que deben entrar en el mismo saco de la movilidad y la repoblación, temas estos que serán debidamente tratados en próximas entregas. Lo que hasta ahora toca es agradecer de forma efusiva a esos comerciantes, fruteros, joyeros, perfumeros, jugueteros, panaderos, carniceros, merceros, drogueros y hosteleros, comerciantes en general, que han apostado y siguen sobreviviendo en la zona y les animo desde aquí a participar de la marcha del 26 de septiembre a las 20:30 horas desde la plaza del Mercado, porque ellos también son el motivo de la misma.

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