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“Salvador Allende no murió en vano”

Eduardo Baras y Pedro Vera, presos políticos durante la dictadura de Pinochet en Chile, cuentan sus experiencias: "Estuve desaparecido tres meses".

Eduardo Baras y Pedro Vera, presos políticos durante la dictadura de Pinochet en Chile, cuentan como todos fueron torturados y sus experiencias: “Estuve desaparecido tres meses”.

Uno estuvo cuatro años preso. El otro, poco más de uno. Ambos son chilenos y sufrieron las consecuencias de la dictadura de Augusto Pinochet, entre 1973 y 1990. Eduardo Baras y Pedro Vera viven ahora en Andalucía. En su día salieron de Chile. No les quedó más remedio que recurrir al exilio para seguir viviendo o para, al menos, librarse de la cárcel. Vera formó parte del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), una guerrilla de izquierdas en la que ingresó mientras estudiaba en la universidad. En su último año de carrera lo arrestaron. “Todos los que caemos en esa época lo hacemos con dos cargos muy concretos: pertenencia a banda armada y resistencia militar al gobierno legítimamente constituido”, cuenta Vera, que relata que todos fueron torturados. “Yo estuve desaparecido tres meses”. Dentro de la cárcel se organizaron como partido y realizaban acciones formativas. El objetivo era “mantener el espíritu alto frente a la dictadura, aquí no se rinde nadie, un carajo. Teníamos que mantener la entereza, que no nos vieran derrotados”.

“La izquierda mundial tiene que aprender a aunar fuerzas y renunciar a algunas demandas en aras de un avance del movimiento popular”

Durante su estancia en la cárcel vio algunas escenas curiosas: “Un guardia le pidió a un compañero que le diera clases de matemáticas porque se quería presentar a la prueba de selectividad de la universidad. En los cuartos de baño del gimnasio, cuando le tocaba guardia, llamaba al preso y daban clases. Aprobó y entró en la universidad”. A mediados de los 70 consiguió la libertad provisional, y aunque estaba pendiente de juicio, salió del país. “Cambié la pena de cárcel por el exilio”. Entonces recaló en Reino Unido. Allí hizo un posgrado. Nicaragua o Tanzania son algunos de los países en los que ha habido, siempre implicado en algún partido. “Somos animales políticos”, dice. “Donde haya un pobre, un obrero, es nuestra obligación participar de su lucha”. Años más tarde llegó a España, donde lleva 28 años y ahora es profesor de la Universidad Internacional de Andalucía.

Eduardo Baras reside en Jerez. En los 80 formó parte del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, el que fuera brazo armado del Partido Comunista de Chile y órgano de resistencia de la dictadura de Pinochet. Con 21 años ingresó en prisión, y estuvo cuatro años. En Valparaíso. “Después del golpe de estado (1973) vino toda una suerte de persecución, una campaña del terror”. En medio de esa campaña fue arrestado. Por aquel entonces estudiaba ingeniería electrónica. Estuvo 20 días desaparecido y cuenta que fue torturado por la CNI. “Estuve 24 horas colgado, con electricidad, golpes… de todo un poco”, relata. A Eduardo lo expulsaron rumbo a Alemania.

Ambos idolatran la figura de Salvador Allende, sobre el que disertan en una charla organizada por el área de juventud de IU. Allende, que fue presidente de Chile entre 1970 y 1973, vio interrumpido su mandato tras el golpe de estado comandado por un tal Augusto Pinochet. Allende murió en el Palacio de la Moneda. Aún hoy no se sabe si fue asesinado o si se quitó la vida tras entrar los golpistas con tanques y armados hasta los dientes. Sea como fuere, Pedro Vera lo tiene claro: “Salvador Allende no murió en vano”. “América Latina está pasando un momento muy especial y no hubiera sido posible sin él”, explica Vera, que ve en el presidente chileno la “clave” del surgimiento de otros como Evo Morales (Bolivia), Pepe Mujica (Uruguay) y Rafael Correa (Ecuador). “Marca un momento de inflexión”, matiza. Eduardo Baras dice que su figura “trasciende a nivel internacional porque instauró un modelo de gestión que deja al descubierto que las grandes explotaciones eran las que estaban fustigando los avances sociales”.

¿Qué puede aprender la izquierda española de Salvador Allende? Eduardo lo tiene claro: “Los procesos de nacionalización y los de industrialización marcaron la diferencia”. Pedro añade: “La izquierda mundial tiene que aprender a aunar fuerzas y renunciar a algunas demandas en aras de un avance del movimiento popular”. Allende “tuvo el mérito de aglutinar ocho partidos alrededor de la unidad popular”. Su programa, según Vera, “significó un avance tremendo en lo político, –avanzamos en demandas populares–, económico –nacionalizamos el cobre– y social –se desarrollaron los sindicatos–”. Ni Eduardo ni Pedro ven en España a ningún político comparable con Allende. “Tengo una gran admiración por Julio Anguita”, dice Eduardo Baras, aunque asegura que “le faltaron más ganas y más propósitos comunes”. “¿Y Felipe González?”, le dice a Pedro bromeando. Ni contesta de la risa que le entra.

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