Ciudadano Saborido

¿Sabemos lo que hicimos el último domingo?

Las últimas elecciones generales nos tienen asombrados a todo el mundo por los resultados. Es lo que tiene votar con las tripas y no con el cerebro. Votar cansados, hartos, con más ganas de castigar a una clase política, que se merece un buen escarmiento por obligarnos a repetir elecciones como si hubiéramos votado mal, que votar a partidos políticos que nos solucionen los problemas.

La ciudadanía ha tirado la toalla. Ya no votan a los políticos para esa solución de problemas. Es que ven a la política como un problema. Han dado por perdidas sus pensiones, sus derechos laborales. No creen en una ley de dependencia que nunca les llega. Se han acostumbrado a morirse esperando en una lista de espera. ¿Qué les queda ya para ilusionarse?

Cuando el dolor ya es inmenso, solo queda la morfina, el opio. Tener una parcela de placer que nos haga sentir ficticiamente felices. Qué mejor droga que la televisión basura, lo chabacano, la mediocridad, que haga ver que la falta de formación y de estudios no es necesario para triunfar en la vida. Sin ser nadies, sin tener educación ni modales, ya somos iguales que las estrellas de la tele. Antes soñábamos con ser un Félix Rodríguez de la Fuente; ahora nuestro sueño es ser como Belén Esteban.

También apagan el fracaso social sintiéndose parte del grupo, de la tribu. Antes la ilusión era pertenecer a un club social, juvenil, adulto, a una asociación de voluntariado, a entidades que subían la autoestima y les hacía sentir útiles a la sociedad. Hoy es mucho más fácil sentirse un borrego, y gritar yo soy español, español, español, sentirse patriota, aunque no sepan de qué ni por qué. Les hablan de Magallanes, de Hernán Cortés y de Colón, y si les preguntan quiénes fueron, piensan que el primero es un pago jerezano, el segundo una calle del Olivar de Rivero y el tercero, una plaza de Madrid con la bandera de España más grande del mundo.

Cuando no se quieren ver los problemas es mejor centrarse en algo externo, como Cataluña y los inmigrantes. De todo esto bebe el fascismo, se cría, se multiplica como las serpientes. Lo contaron en la película La ola, pero estaban viendo Sálvame y un partido de la Selección Española de fútbol y no la vieron. Venía en muchos libros, pero nunca han leído lo suficiente salvo los WhatsApp con su mala ortografía y su cantidad de información falsa.

Mientras, no hay un faro que les ilumine. Las derechas decentes están abducidas mientras imitan al fascismo para no perder votos. Y las izquierdas, que abandonaron el lenguaje obrero hace tiempo, se encuentran débiles y buscan apoyos en los nacionalismos, haciéndose el harakiri. ¿Qué parte de “el género humano es la Internacional” no han entendido o han olvidado?

La gente está sola. Depresiva. Sin ganas. Y el soma es la ultraderecha. Lo peor de todo es que estamos repitiendo la Historia que ya no se da en los colegios. La Historia que los maestros que vienen de esta generación democrática no han aprendido y no saben contar. Esa Historia que los que tenemos más de 50 años conocemos, y lo peor, de la que sabemos cómo es el final.

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Un comentario

  1. No generalice su asombro particular por el resultado de las recientes elecciones generales del 10N; a muchos (entre los que me cuento) no nos han sorprendido, además, en gran parte, esas tendencias de voto ya venían cantadas por las encuestas previas (no por la del tramposo Tezanos, ciertamente). Eso de que los electores han votado con las tripas (o especialmente más con las tripas de lo habitual) que con el cerebro ahora sólo es la manifestación de su pataleta porque no han votado como a usted le habría gustado que votaran, porque usted considera que lo “cerebral” es su querencia política y lo “visceral” es lo que se oponga a sus dogmas.
    Efectivamente, el desencanto, la decepción con el sistema político partitocrático corrupto que nos sojuzga es creciente y eso se está traduciendo en la emergencia de nuevas formaciones políticas que están reabriendo debates que se creían cerrados atinentes a tabúes ideológicos que inspiran políticas perjudiciales para amplios sectores del pueblo. El electorado no es ahora especialmente más estúpido o visceral que en el pasado ni ve más telebasura que en 2015, por decir una fecha, pero sí está más apaleado y harto.
    El patriotismo no es una evasión del fracaso social, no es un placebo, ni es huir de los problemas ni, mucho menos, es fascista. El patriotismo, que en España, como en todas las grandes Naciones, siempre ha existido, se ha puesto en pie porque una gran mayoría de españoles no es tan estúpida como usted quiere hacerla parecer y sabe muy bien que sin la unidad nacional, sin un Estado social y democrático de derecho unido y fuerte, no hay garantía alguna para las libertades y derechos ciudadanos, para la igualdad ante la ley, porque sólo los millonarios se pueden permitir el lujo de no tener Patria y sólo los estúpidos o los traidores caen en la miseria moral de no defenderla cuando está siendo atacada. El gran crecimiento de VOX, que es lo que a usted le escuece especialmente, aunque no lo diga explícitamente, no se debe a que los electores sean estúpidos o viscerales, no es un soma para unos supuestos votantes depresivos; está claro que usted no se ha enterado de nada. La emersión y crecimiento de VOX se debe a que la izquierda nini y cursi y la derecha despistada y acomplejada no atienden a las necesidades reales de amplias capas populares ni enfrentan con decisión el ataque del separatismo supremacista burgués e insolidario a la unidad nacional, a la igualdad entre los españoles, y VOX tiene un discurso muy claro y directo que conecta con ese gran sector del electorado; mientras la izquierda nini y sus terminales mediáticas no entiendan esto y se limiten estúpidamente a insultar y despreciar a VOX y a sus votantes, esta formación política seguirá engordando.
    El otro “partido político” que ha crecido mucho es el de quienes nos abstenemos de votar, que ya superamos un tercio del censo, siendo por mucho la opción mayoritaria; esta es la opción más “cerebral”, por usar su terminología, la única que puede conducir a una profunda reforma democratizadora del sistema y a empoderar de verdad a los ciudadanos de a pie.
    Si usted sólo tiene más de 50 años es demasiado joven para haber vivido, para haber conocido personalmente, la España predemocrática; no nos cuente trolas. Hay que tener como mínimo 60 años y haber votado la Constitución de 1978 para poder decir eso.

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