Sociedad

Sábado de Pasión en El Portal, ‘lluvia amarilla’ junto al río del olvido

La barriada rural jerezana, parte de lo que llaman la 'España vacía' tras perder un 30% de población en 15 años, vive un día de fiesta y autoafirmación con una procesión en la víspera de la Semana Santa. Unos 200 hermanos —el núcleo tiene 700 habitantes— recorren en cinco horas y media las calles del poblado vecino del río Guadalete. “Que con los nervios no se nos olvide rezar”, se oye bajo el paso del Cautivo

En el exterior, bajo el cielo azul y el decorado que presta la vieja azucarera, hoy reconvertida en pista de fútbol sala y coronada por nidos de cigüeñas, se van arremolinando espectadores para aguardar la salida. Propios y extraños. La Policía Local ya ha restringido el tráfico de la carretera comarcal 201 Jerez-El Puerto, que sigue dividiendo El Portal de El Portalillo, aún imaginando aquel antiguo paso a nivel. Antes allí paraba el tren. Hoy hay una estación fantasma de gran interés patrimonial medio derruída y ocupada por una familia con escasos recursos. Apenas faltan veinte minutos para que comience el desfile. La lluvia amarilla, la obra de Julio Llamazares que dio pie a La España vacía de Sergio del Molino, ambas relatoras de ese país de posguerra que prácticamente borró su mundo rural y forzó su despoblamiento, simboliza el olvido, la amnesia por quiénes somos y de dónde venimos. El Portal está en la ribera del cauce que los musulmanes bautizaron como ‘río del olvido’, el Guadalete. Una casualidad como otra cualquiera.

En el bar La Salvación, frente a la parroquia, hay quien acodado en la barra busca otra salida. En un banco, el último gitano canastero, Cristóbal Flores, enciende un penúltimo cigarro a sus 85 años: “Ahora sale de ahí una procesión, pero yo no entiendo de santos”. En el contenedor redondo de vidrios hay carteles de Alberto Garzón y Unidas Podemos. Casi la única alusión que recuerda, en esta barriada rural de tradición roja, que en el mundo urbano andan de campaña electoral. Dentro, entre una recoleta carpa y la pequeña nave de la parroquia de San Andrés, hay un manojo de nervios. Ternos de negro riguroso, nube de perfume, zapatos brillantes, niños repeinados, molías, cirios, varas, estandartes…

Vero y Juani se encargan de ordenar un desfile que a lo largo de unas cinco horas y media recorrerá las calles del que probablemente sea uno de los asentamientos rurales más antiguos del sexto municipio más grande de España. Vero y Juani son vecinas del núcleo rural en el que hace más de 750 años Alfonso X el Sabio, tras la sangrienta expulsión de los musulmanes y liquidar al último rey andalusí de Jerez, se apartaba de la ciudad a meditar y escribir. Como ellas, unos 700 habitantes siguen poblando una zona donde antes hubo un embarcadero desde el que partían los jereces a Europa y América, y donde hace setenta años sus residentes, braceros de latifundios y pescadores de zarampaña, cambiaron las chozas por viviendas de ladrillo.

El Cautivo frente a la antigua azucarera de El Portal. FOTO: JUAN CARLOS TORO

“Que con los nervios no se nos olvide rezar, señores”, se oye la advertencia de uno de los 28 costaleros que ya se encuentran bajo el paso. Desde fuera, llegan sonidos de tambores y cornetas de la banda jerezana de La Clemencia. El olivo del misterio de Nuestro Padre Jesús Cautivo está a punto de hacer estallar la carpa. Hay muchas ganas en la primera levantá y mucha tensión en los momentos previos al desfile. “A ver, tú tienes que ir detrás de ella, con cuidaíto”, ordena Vero a los pequeños, mientras suena la letanía del padrenuestro bajo el paso. “Al final, acabas sin voz; todos los años te pasa algo”, le recuerda una compañera a la responsable de los más pequeños de la cofradía. Jesús Alba, 26 años, que estuvo de pasante en un despacho de abogados tras acabar Derecho, es costalero, vecino de la barriada rural y delegado de Alcaldía de El Portal. Nos atiende con la molía al hombro, tan sonriente como emocionado por vivir los instantes previos a “un día de fiesta para nosotros”. “Aquí en la barriada se hace de todo, lo mismo eres costalero que estás atendiendo a las asociaciones o las demandas de las familias”, sonríe.

Un 30% menos de población en quince años

A diferencia de otros jóvenes, él aún resiste en una barriada que ha perdido un 30% de población en los últimos quince años. La España vacía también es El Portal. Los pueblos rurales andaluces han perdido 168.000 habitantes en la última década. De ellos, 300 se esfumaron de este asentamiento rural jerezano. En sus buenos tiempos, llegó a un millar de vecinos y vecinas, contando con más empadronados que los censados en tres municipios de la provincia de Cádiz. Hoy apenas quedan 700, muchos de ellos ancianos. “No hay vivienda, es el principal problema”, resalta su delegado de Alcaldía, una figura que implantó el exalcalde Pedro Pacheco hace décadas para, de alguna manera, tener cierto control político de las 16 barriadas rurales y multitud de diseminados rurales que salpican la enorme geografía de la campiña jerezana. En la actualidad, Alba es representante del PSOE, pero de siempre El Portal se vinculó al incansable Diego Almodóvar, reivindicativo “alcalde” (como allí le llaman) comunista que, entre otras cosas, logró llevar el transporte urbano y las viviendas protegidas hasta la barriada, además de un azud móvil para domar el cauce del vecino río Guadalete.

La procesión discurre por las calles del núcleo rural, próximo también el Rancho de la Bola. FOTO: JUAN CARLOS TORO

“Aquí hay mucho paro y mucha necesidad, pero vamos saliendo poquito a poco, para eso estamos, para ayudar al barrio y a las personas necesitadas”, asegura Óscar Cortés, de 40 años, trabajador de la construcción, hermano mayor y capataz del misterio que procesiona por las calles de la barriada cada Sábado de Pasión. Él se casó y se fue a vivir a Jerez, a unos cinco kilómetros por carretera de El Portal, pero las raíces siguen pesando. “Hoy es el día grande de nosotros, hermanos”, espeta a su cuadrilla, formada ya bajo las trabajaderas del paso. “Esto empezó —abunda— hace 16 años como hermandad juvenil, empezamos a crecer y a crecer, y nos lo fuimos tomando más en serio. Quisimos evangelizar en la barriada, nos aceptaron y ahora somos 213 hermanos. Hay gente del poblado, de La Corta, de Jerez, de El Puerto… un poquito de todo…”.

“Aquí somos una piña, si alguien necesita ayuda siempre estamos”

Rafael Ruiz, otro de los integrantes de la agrupación parroquial desde el minuto uno de su gestación, asiste concentrado a la salida desde el interior de la carpa: “Estoy cansado, pero muy contento”, reconoce. “El Señor ya está en la calle”, se oye abajo del paso. Suena una marcha. Hay aplausos. El tren corre veloz por el viaducto férreo. Los aerogeneradores asustan a las aves de paso. Las vecinas y vecinos empiezan a asomarse inquietos a las puertas de sus casas. Hay homenajes en cada puerta a los vecinos fallecidos. Hay varios carritos de bebés detrás del Señor Cautivo. Calles limpias y alcorques en los que los residentes han plantado sus propios rosales.

Un par de ciclistas descienden por una loma del Rancho de la Bola, un antiguo polvorín militar junto a El Portal, justo antes de que la procesión alcance esa cota. “Han sido años duros, porque tenemos muchas trabas por todos lados, pero cada vez con más ilusión en la barriada. Siempre mirando adelante. La ilusión es quedarnos en el barrio y repartir fe aquí, ya está”, asegura Ruiz. Jesús Alba, que ha sido relevado un rato como cargador, insiste en que “en la barriada hoy es un día de fiesta porque no solo sale el Señor, sino que viene gente de fuera, nos visitan, pasan el día aquí… Las barriadas rurales también son importantes y, en este caso, tenemos una agrupación parroquial y un paso que son partes importantes de la barriada”.

Rifas, donaciones, colaboración de empresas… los gastos de la procesión salen del trabajo y la ayuda de sus propios hermanos, que a su vez, destinan parte de estos recursos a muchas familias de El Portal.  “La situación es súper complicada y, gracias por ejemplo a la ayuda de esta agrupación, que hace una labor encomiable tanto en Cáritas como en la barriada, se hacen mucho más llevaderas las necesidades de nuestros vecinos”, reconoce Alba, que, en todo caso, destaca el carácter solidario que reside en su poblado: “Aquí somos una piña, si alguien necesita ayuda siempre estamos apoyando y ayudando”. Ahora muchos jóvenes se plantean retornar e incluso tienen a sus niños en la escuela portaleña. Hay varias ventas, un consultorio médico, un parque infantil, y una conexión de autobús con El Puerto. En El Portal hay una fiesta popular en verano desde 1981, Cabalgata de Reyes desde 1985, Carnaval desde principios de los 90, se celebran el Día de Andalucía, el de la Mujer Trabajadora, y el de la lucha contra el Cáncer de Mama. Desde hace algo más de una década y media, también hay una procesión. 

El Portal es muy de izquierdas, ¿esto demuestra la transversalidad de la Semana Santa andaluza?, preguntamos al delegado de Alcaldía de la barriada rural. Y responde: “Yo soy del PSOE. Pero esto no tiene ideología, esto es una cuestión de fe, y de creencia propia personal. Personas que no tienen nada que ver con la ideología política, sino más bien, con sus propias creencias. A mí no me gusta que haya políticos que quieran apropiarse de esto, para nada, yo cargo y ya está”.

Al salir de la barriada en coche, acaba de bajar de otro vehículo el candidato del PP a la Alcaldía de Jerez, Antonio Saldaña. Lleva un ramo de flores en la mano. Cerca del bar La Salvación, se divisa la procesión por la ladera del asentamiento rural. Es un día de reivindicación para la barriada. Su pueblo está organizado y unido, demostrando que es capaz de asumir el reto. Quizás muchos se pregunten por qué no se exhibe está misma sincronía y este esfuerzo casi heroico en otras tantas y tantas zonas humildes y obreras de la baja Andalucía para exigir la recuperación de los derechos pisoteados. En un cada vez más despoblado El Portal, con una ilusión inexplicable este Sábado de Pasión, cada paso y cada golpe de tambor es de autoafirmación. Un grito para recordar que ellos también existen. “Izquierda alante, derecha atrás”, reclama a la cuadrilla el contraguía del paso. Una casualidad en tiempos de elecciones como otra cualquiera.

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