La Voz SelecciónEntrevistas12+1Edición Cádiz

Rosario Troncoso: “Lo mío con la escritura es vocación, necesidad y vicio”

La polifacética autora y editora gaditana estrena una antología poética, 'Eternidad provisional', y repasa más de diez años de dedicación honesta y brutal a las letras, al activismo literario y al fomento de la lectura. "El divismo me fastidia cantidad", asegura.

La polifacética autora y editora gaditana estrena una antología poética, ‘Eternidad provisional’, y repasa más de diez años de dedicación honesta y brutal a las letras, al activismo literario y al fomento de la lectura. “El divismo me fastidia cantidad”, asegura.

“Escritora. Editora. Poeta. Profesora. Articulista. Y madre de dos petardos, así que sin tiempo pa “. Así se define Rosario Troncoso (Cádiz, 1978) en su perfil de Twitter. Su carrera poética, que arranca en 2005 con Huir de los domingos, acaba de sumar un nuevo poemario bajo el título Eternidad provisional (Colección Wasabi), un volumen que forma parte de la joven editorial Takara, que coordina junto a Carmen Sotillos y donde residen otros autores como José Manuel Benítez Ariza, Elías Moro y Javier Sánchez Menéndez. En el prólogo de esta selección de poemas de la autora gaditana, que ha realizado Paco González Fuentes, éste afirma: “La obra poética de Rosario Troncoso surge de un saber nacido de la tiniebla —de un recóndito lugar sagrado— y de la luz; su fuego tiene una llama doble”. La antología, añade, recoge “un conjunto temáticamente coherente que he calificado en alguna ocasión como ‘poética de la fragilidad humana”.

Ingeniosa y generosa, creativa e hiperactiva, Troncoso suma en su currículo una larga formación y diversas especialidades que le han llevado a formar parte del Centro Andaluz de las Letras o a colaborar con columnas de opinión en medios como lavozdelsur.es. No en vano, es licenciada en Humanidades y experta universitaria en Gestión Cultural por la Universidad de Cádiz; master en Periodismo por la Universidad de Sevilla; profesora de Lengua Castellana y Literatura de Secundaria y Bachillerato; editora de Dos Mil Locos Editores y de la revista cultural y literaria El Ático de los Gatos en dos versiones, adultos e infantil, además de ser una gran activista de la literatura. En total, su obra suma ocho títulos a los que ahora se añade esta antología de más de una década de dedicación salvaje a la escritura y al fomento de la lectura. 

Usted dice que escribe porque no le queda otra. ¿Las vocaciones tienen algo de masoquismo?

Completamente. Decía Larra que escribir en España es llorar. Es totalmente masoquismo del duro porque, obviamente, si no te gusta, para qué vas a escribir o editar; esto no da dinero, no sirve para vivir, ni holgada ni no holgadamente, pero bueno, el gusanillo hay que matarlo de alguna manera. Los que estamos letraheridos, como se dice ahora, necesitamos curarnos ese dolor y esa necesidad escribiendo. Soy una de esas masoquitas, lo mío con la escritura es vocación, necesidad y vicio.

También se confiesa ecléctica. Aparte de poeta, ¿es novelera?

Una jartá (risas). Ahora estoy con mi primera novela, pero por circunstancias familiares y laborales, no puedo sentarme con una rutina y el hábito del escritor profesional porque no tengo ni espacio ni tiempo. También escribo narrativa, pero se han dado las oportunidades en el terreno de la poesía y estoy contenta por ello. Me da un poco de miedo y susto sacar una novela y que no cumpla las expectativas de esos fieles que, aunque sean poquitos, esperan siempre lo máximo, pero aun así espero tenerla acaba pronto.

‘Eternidad provisional’. ¿Hay algo asegurado en este momento?

Para nada. En ninguno de los sentidos. Somos seres efímeros, la vida es voluble e inestable, y hay que sujetar con fuerza lo que se tiene entre las manos. Odio, por ejemplo, cuando compras un mueble que cubre un hueco hasta que compras uno mejor; y al final ese primer mueble se queda para siempre. Si lo extrapolas a todos los ámbitos de la vida, acaba siendo, con perdón, un coñazo. Las eternidades provisionales nos rodean y hay que ir contra ellas.

“Tengo miedo de todo, todo me da vértigo e inseguridad, pero lo que pasa es que cuando una se mete en berenjenales, tiene un equipo detrás”

Por si fuera poco, también edita dos revistas, El Ático de los gatos y El Ático de los gatitos, ¿le da miedo algo?

Tengo miedo de todo, todo me da vértigo e inseguridad, pero lo que pasa es que cuando una se mete en berenjenales de este estilo, tiene un equipo detrás. Los sueños se van cumpliendo, pero siempre se va sumando gente en el camino y esa misma gente es la que te empuja. Soy la cara visible de la revista, pero en este tiempo se ha ido sumando mucha gente que ya son amigos y forman parte del equipo. Hay que seguir más que nada por ellos y por la gente que espera la revista. Al principio no nos conocía nadie, nos hemos ido consolidando y la de los niños, sobre todo, crea expectación y no queremos defraudarlos.
Un tuitero vende en un año trece veces más libros de poesía que un autor consagrado, ¿dónde vamos a llegar?

Es una polémica y un debate en el que he estado entrando, lo que pasa que los que somos clasicones como nosotros, los de mi círculo más cercano, pues estamos al margen de este rollo del tuit, de Instagram, etcétera. Sin ignorarlos, eso sí, porque también nos sirven de herramientas para nuestra promoción y dar a conocer nuestro trabajo. Sí que es verdad que hay una moda de la poesía de consumo rápido, pero confío en que como toda moda pasará y lo que prevalecerá será lo de siempre. Si estoy equivocada el tiempo lo dirá. No estoy en contra, porque para criticarlo hay que conocerlo. He leído algunas cosas y no están mal si eso sirve para enganchar a jóvenes a lecturas de más calidad. Hay sitio para todos, vamos a ser positivos y democráticos.

¿Cuándo fue la última vez que cambió de opinión?

Uf, pues yo cambio de opinión mucho (risas). Más que nada porque me gusta informarme, contrastar, no me gusta ser de piñón fijo, ni tener ideas rígidas, no me gusta la rigidez en nada y en las ideas menos. No hay que cambiar de opinión según te convenga, pero sí que hay que ser flexible.

Usted es docente, ¿la letra con sangre entra?

Para nada, estoy totalmente en contra de las lecturas obligatorias. La disciplina bien entendida es necesaria, el profe debe recuperar su autoridad en el aula, pero obligar de mala manera a cualquier actividad, y menos a la lectura, es contraproducente. Pero, claro, hay que guiarles, no dejarles a su bola. Porque ellos eligen el menor esfuerzo posible porque todos hemos sido jóvenes y sabemos que eso ocurre. Ahora con la cultura de la inmediatez y del todo fácil, pues ponerle a un chaval de 16 años por delante El árbol de la ciencia es un poco peliagudo, pero depende también de cómo se lo vendas. Lo importante es cómo guíes y motives a esos alumnos.

“No me gustan los poetas fríos, con poemas redondos pero vacíos. Me gustan las vísceras”

Si fuera el doctor Frankenstein, ¿qué piezas ensamblaría para tener al poeta perfecto contemporáneo?

Mis lecturas siempre son de poetas de sangre, gente que escribe desde las tripas, pero con una técnica cuidada. Me gusta la literatura, no el desahogo de diván. Siempre buscando que me golpee el poema. Me gusta Raquel Lanseros, Sánchez Menéndez, gente a la que edito como José Luis Morante, Itziar Mínguez de Arnáiz, Olga Bernad… No soy de sensiblería, pero sí de sensibilidad y pulso. No me gustan los poetas fríos, con poemas redondos pero vacíos. Me gustan las vísceras.

El año que viene se cumplen 20 años de la muerte de Fernando Quiñones. ¿Qué le sigue inspirando?

Me gusta la cercanía de Fernando. Enlazando con lo anterior, Fernando era una persona, un autor, muy normal, pegado a la vida, a la gente, al pueblo, y eso se refleja en sus textos. Hay una carga importante de erudición, unas lecturas, no se despegaba de la vida diaria, de su Caleta, de su vida cotidiana, y es lo más bonito de Fernando para mí. Lo recuerdo en la facultad, en algún taller o en reuniones, y los consejos que nos daba siempre demostraban que era alguien muy normal. El engolamiento y el divismo en los autores me fastidia cantidad. A Fernando se le quería más por eso y por eso triunfó como triunfó, y se le valora mucho por eso.
Ha vuelto ‘Juego de tronos’, ¿con quién se identifica?

Oh, qué guay, la tengo un poco abandonada… No pude terminar los libros de R. R. Martin, pero creo que la serie se está quedando con el personal porque, entre una temporada y otra, me ha dado tiempo de tener un niño y criarlo. Esa espera a mí me mata un poco. Pero soy fanática de la serie y si tengo que quedarme con alguien me gusta la Targaryen, aunque todos los personajes femeninos tienen su punto. Aria Stark también me mola mucho. Me quedo siempre con las mujeres.

¿Qué le duele?

Me duele la gente, pero más que dolor, muchas veces es perplejidad. Las deslealtades, las traiciones gratuitas, lidiar con los egos… no consigo desconectar y quitarme ese dolor de que la gente no responda como tú quieres, o es que quizás exijo mucho. A lo mejor tengo que dar yo más. Pero me duelen las personas, en general, sus reacciones y sus actitudes, sobre todo las que quiero que me quieran. Y me duele el mundo, la docencia, los alumnos, los profesores… Un poco todo lo que rodea a la sociedad.

“Me duele la gente, las traiciones gratuitas y lidiar con los egos”

¿Qué metáfora usaría para simbolizar la realidad que vive políticamente este país?

Lo del circo está muy manido, pero sí que creo que se están quedando con el personal. Estamos todos pensando que podemos opinar y cambiar las cosas y creo que no. Al final, es la desilusión lo que impera. ¿Metáfora? No sé, no se merecen ni siquiera ese esfuerzo. Les ves en un circo, diferentes perros con mismo collar, todo eso resume bien lo que pasa ahora. Los cambios, o no suceden, o no pueden suceder, y eso te quema. Pero no quiero ser negativa…

Dele un consejo a un político al que le tenga cierto aprecio…

Tengo unos pocos de políticos amigos y son algunos que van dimitiendo porque se van aburriendo al ver esto, son sensibles, y esos son los que me importan, los de verdad. Les diría que rompieran con el inmovilismo, que se dejaran de pamplinas y gestualidad, e incluso en un artículo que le dediqué a Kichi, al que ya le advertí de la que le había caído, les daría ánimo para que no desfallezcan. Me gustaría que, si por unos ideales han llegado a cierto puesto de responsabilidad, no se les vaya la ilusión. Eso sería muy triste, no puede haber solo dos salidas: o quemarte, o ser un autómata más. Quizás soy infantil, utópica o carajota, pero quiero pensar que aún hay gente con fuerzas para cambiar las cosas. Uno de mis amigos, Iván Canca, que ha estado en Puerto Real gobernando, tiene ideas irrealizables para el sitio donde estamos, pero tenía ilusión y era una persona de verdad. Y hay muchos así, en todos los partidos.

Etiquetas
Ver más

Más artículos en esta categoría:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Close