Cultura

Rosalía y 11 discos que SÍ son flamenco

El lanzamiento de 'El mal querer', el segundo disco de una artista convertida ya en fenómeno global, abre el enésimo debate sobre las incontables muertes del arte jondo, su evolución contra corriente y los artistas que sí, con el tiempo claro, marcaron una época

Cuando uno asiste a un fenómeno tan global y viral como el de la joven artista catalana (fíjense que no la califico como cantaora, ni cantante) Rosalía Vila no puede más que, independientemente de sus gustos personales a corto plazo (ni los algoritmos pueden adivinar qué nos gustará dentro de 30 años), reflexionar. Hay dos opciones: o te cierras en banda con tu burka muy intelectual y mucho intelectual a esperar a que pase el chaparrón —siempre amaina—, y reniegas de que eso sea nada parecido al arte flamenco, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad; o reflexionas.

Si tuviera un Delorean regresaría a 2006 (Tierra de calma de Miguel Poveda) o a 2000 (Aire de José Mercé); 1996 (Omega de Morente y Lagartija Nick) o a 1995 (De aki a Ketama, de Ketama). O antes, a 1988 (Tauromagia de Manolo Sanlúcar), a 1979 (La leyenda del tiempo de Camarón y Paco de Lucía), a 1978 (Vanguardia y pureza del flamenco). O antes aún, 1970 (Rock encounter de Sabicas y Joe Beck). Y más allá, 1968 (El genio de Manolo Caracol), 1960 (Antología del cante flamenco y cante gitano de Antonio Mairena) y a  los 258 cantes que entre 1910 y 1950 grabó en discos de pizarra de La Niña de los Peines.

Me encantaría pillarme el Delorean, teletransportarme y repasar una a una lo que decían las críticas y los corrillos (evidentemente no con tanto altavoz como ahora) de aquellos discos —podían haber sido otros, seguro, y pido perdón al purista o integrado que sienta que el suyo no figura—, de aquellos artistas, que de una manera o de otra decidieron que ya el flamenco —al menos en lo que a la música se trataba, pues sin ir más lejos la evolución del baile tiene afortunadamente más nombres de mujeres— desde aquel momento no iba a ser lo que considerábamos hasta entonces. Pero no puedo. El tiempo juzga a su debido tiempo, pero con la experiencia que nos va ofreciendo uno va comprobando que hay fenómenos que aun negándolos acaban trascendiendo. Quizás el arte sea otra cosa, seguro que sí, pero de momento esto es Rosalía.

La artista catalana con Capullo de Jerez.

Hay cosas que ves que no te gustan pero que intuyes en tu yo más profundo que acaban de cambiar el curso de la historia, al nivel que sea. Da igual con que te pasara, es un pálpito. Venía conduciendo con La Ventana de Carles Francino en la radio del coche. Una vez más, porque solo me falta encontrármela al salir de la ducha rollo asesino de Psicosis, resuena la voz de Rosalía en una entrevista promocional de El mal querer, su segundo y nuevo disco. Uf, no me interesa. “Está pasando algo grande cuando hay debate y tantos enemigos”, parafraseo a uno de los comentaristas. Oye, Los Ángeles tenía un rollo de investigación, muy atractivo, más seductor… Pero este nuevo, qué tostón. Malamente, tra, trá. Rosalía hasta en la sopa. Escucho a Rosalía. Su voz de niña buena bienqueda contrasta con lo que le oigo.

Juana la del Pipa, “eres mi ídola”

Le pregunta Francino, que suena entregado a la causa, si le gustaría escribir un libro. Y responde la artista (subrayado, en rojo, en negrita) catalana: “Sí. Pero aún es pronto, tengo que formarme mucho y leer mucho”. ¡Hostia! Reflexiono. Rosalía no es solo producto del marketing y de la época, no es solo un envoltorio multinacional que le hará ganar miles de millones a sus productores y distribuidores, no es solo el artefacto perfecto para el capitalismo más salvaje. No. Rosalía es una chica con el coco amueblao que hasta conoce la máxima borgiana de que el mejor escritor es el que más lee. No, no parece que acabe en juguete roto en manos de las majors. Hasta su universo visual propio se ha construido al calor del nuevo álbum, una especie de entrega por capítulos milimétricamente orquestada. En realidad, el mejor en todo lo suyo es el que más lee, el que más comprende lo que hay y el que más imagina lo que viene. Sigue la entrevista.

Alguien desde el control técnico de la Gran Vía pincha un corte de El mal querer. Suena el sampler del alioleanda de La Paquera y una guitarra por bulerías. Y pienso más. Me devano los sesos pensando en el futuro. Y suena un pregón de Macandé 3.0. Hay una seguiriya con la Orquesta de Bratislava. ¿Una seguiriya llegando a oídos de un millennial?¡Hábrase visto, eso cómo va a ser bueno para la evolución del flamenco! ¡Hereja! Ahora quiero el Delorean, pero para viajar a 2050 y ver qué pensarán entonces de Rosalía y de este mierda de disco que acaba de publicar, una batidora, un gazpacho, que remueve ¿flamenco?, trapeo, hip hop, bases electrónicas, samples, voces corales de ultratumba, y letras feministas. Qué bonita está mi novia que se merece un trono, coronada de brillantes, con perlas y oro. Tra, trá. ¿Cuándo nació el flamenco? ¿Cuántas muertes tuvo? ¿Qué es el flamenco? ¿Quién es Rosalía? Oiremos.

P.d.: El pasado 15 de octubre Rosalía escribió en su muro de Facebook: “Aquí 1 fangirl de Jerez, aún sigo en shock despues de presenciar este concierto; Juana la del Pipa eres mi idola”. No, tonta desde luego no es.

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Comentarios

  1. Perdona??
    ¿La Leyenda del tiempo es de Paco de Lucia?
    Como?
    Que cosas leo…….

    José Mercé está a la altura de Poveda, Morente ó Camarón??
    Como?

    Una pregunta sencilla has visto un directo de Rosalia??
    Un directo de verdad, no un video de youtube, un directo real??

    Yo pague 25 eurazos por verla en el cultura Inquieta de Getafe y fué la cosa más bochornosa que recuerdo en años, no por purismos (Satán me libre de tal absurdo), sino por vergüenza ajena, había mas gente bailando que haciendo música.
    Esta chica prometía mucho pero se ha vendido a la modernidad capitalista, con bailarinas moviendo el culo al estilo Beyoncé y todas esas mierdas……… Es una pena, por que tiene talento y ganas de crear pero está muy mal acompañada por gente que claramente ni tan siquiera le gusta el flamenco.

    Podrías haber escrito sobre el Niño de Elche, el debate sería más sencillo, ajeno toda la farnadula discográfica y la conclusión sería la misma: purismo y flamenco son antónimos.

    Salud y Cultura!!

  2. Esto de las purezas, en todo, es de lo más ridículo. Pero mucho más buscar orígenes y purezas en algo como el flamenco (que me perdone el gran Mairena) que se define, por sí mismo, como fruto del mestizaje, la mezcla y lo que cada cantaor@ ha aportado de su cosecha propia a lo largo de 200 años.

    La manía académica (¡cuidadín que ya está el flamenco en las universidades!!) de poner nombre a las cosas para limpiarlas y fijarlas, dándoles esplendor. Pero a mi me importa un pimiento (si está relleno no) el esplendor, y un pimiento si a esta Rosalía se le tilda de flamenca, aflamencada, EXflamenca o lolaila. A mí lo que me importa es lo que hace y cómo lo hace. Y es muy buena. Lo demás, pues qué diré, que cada vez que veo un arboriforme de la evolución del flamenco me da la risa mona.

    A los que nos gusta la música, toda la música (la buena música, claro está) no nos andamos por las ramas (somos ya primates bípedos 😀) y no entramos en los peros ni en las manzanas, disfrutamos y nos emocionamos, sin más. ¡¡Y esta niña emociona una jartá!!

    ¿Por qué se tienen que comparar a distintos artistas para saber valorar lo que hacen por separado? ¿Por qué no ha de emocionarte, al mismo tiempo o en tiempos distintos, un cante de Trilla y una bulería con estilo propio?. Y no hablo de esos trap (o como se escriba) y esos regetones aflamencaos (aunque también podríamos hablar, si fuera preciso) sino de esas Solearés, Seguiriyas, Alegrías, Fandangos, Malagueñas, Peteneras, Colombianas…con estilo propio y sensibilidad epidérmica que hace esta Niña-Vieja (y catalana, sí, para más abundamiento).

    Para mi el flamenco y el soul, por ejemplo, tienen la misma raíz Jonda (y sin contacto previo… a no ser que metamos en el cajón, que podría hacerse, al desconocido mundo africano de los esclavos en la Sevilla del siglo XVII).

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