La Rotonda

Rodríguez y Maíllo, ¿abogados del diablo?

Rodríguez y Maíllo, sin saber dónde empieza uno y acaba el otro en esta campaña, representan la llave del próximo 2D y la gran esperanza verdiblanca del cambio. Ambos, profesores de Secundaria, han decidido que esta será su última legislatura en primera línea política.

Además de latín y griego, asignaturas que ha impartido como profesor en un instituto de Sanlúcar de Barrameda (donde fue concejal de IU entre 1991 y 1995), Antonio Maíllo (Lucena, 1966) habla inglés e italiano. Cualquiera que escuche sus discursos e intervenciones, rápidamente detecta que su nivel intelectual y cultural está muy por encima del que nos acostumbran la mayoría de políticos de la época, abajo y arriba de Despeñaperros. Hay quien conoce una anécdota que define bien a Maíllo pero que define también el tándem político perfecto que ha trazado con Teresa Rodríguez-Rubio Vázquez (Rota, 1981). En algún momento de alguna sesión del Parlamento, la líder andaluza de Podemos recuerda entre risas que Maíllo decía de ella que era “muy telúrica”. Él, “hombre de letras y muy bien hablado”, lo que en realidad quería decirle, y así lo reconocía ella sin cortarse, es que era “muy bajuna”, expresión andaluza que alude a los barrios bajos, a los desclasados, a los excluidos socialmente, aunque también a lo soez o lo vulgar.

Telúrico y bajuno, pese a sus diferencias contextuales, pueden ser en el fondo conceptos similares que hablan de la influencia del suelo o la tierra natal en la cultura humana. Ambos han llegado a esta campaña de las elecciones andaluzas siendo dos de los políticos mejor valorados en las encuestas y con opciones de poner al PSOE de Andalucía, tras casi cuatro décadas en el poder, contra las cuerdas. Ambos proceden de familias humildes (los padres de Maíllo se dedicaban a la artesanía de aparejos de campo; los de Rodríguez, regentaban una perfumería en Rota). Ambos son lingüistas y docentes con sus oposiciones aprobadas, y ya han dejado claro que volverán a las aulas en un máximo de cinco años.

Ambos pertenecieron a movimientos estudiantiles (Maíllo era delegado de facultad en Filología Clásica, en Sevilla; Teresa luchó contra la Ley Orgánica de Universidades y pertenecía a la Marea Verde); y ambos pertenecen o han pertenecido a Izquierda Unida. Maíllo es actualmente el coordinador andaluz de la coalición de izquierdas, ya casi engullida por el partido de Pablo Iglesias, mientras que Teresa fue candidata al Parlamento andaluz por IU cuando tenía solo 18 años, en 2000. Hace diez años, en cambio, abandonó esta organización política y formó parte de Izquierda Anticapitalista, donde ha militado hasta ahora y donde ha formado parte de las candidaturas al Parlamento europeo (2009), a la Alcaldía de Cádiz (2011, cuando apenas obtuvo el 1% de los votos), y al Congreso (2011). Desde este movimiento, por cierto, le plantó cara recientemente a Pablo Iglesias, pope del partido, y se le repuchó en las primarias andaluzas para que Podemos tuviera su propia voz e identidad en el sur de España.

El ejercicio de la política, de una u otra manera, ha sido una forma de vivir tanto para Rodríguez como para Maíllo, aunque defienden que al no haber participado regularmente como “profesionales políticos” no se les puede encuadrar en lo que Podemos considera “casta”. Anticapitalista, sindicalista, ecologista y feminista, la máxima responsable del partido morado en la comunidad autónoma no oculta una vena bajunilla (ese “telurismo” al que se refiere Maíllo) a la que incluso le saca rédito. Como en el primero de los debates a cuatro que se celebró en Canal Sur, al concluir su intervención pidiendo el voto porque “no hemos parido y no vamos a parir hijos para despedirlos en un aeropuerto”, emulando hasta en su tono a esas abuelas-madres que van a comprar el pan en bata de guatiné o a esas otras mujeres que hacen malabares, y caminan en el vértigo de no llegar a fin de mes, para conciliar vida familiar y laboral, mirando el techo de cristal de la desigualdad como si estuviera en la estratosfera. O como ella misma, que luce su bombo en esta campaña electoral olvidando el aconsejable descanso y mostrándose casi exhausta, como en el debate del pasado lunes en TVE, después de la vorágine de mítines y encuentros.

Rodríguez y Maíllo, sin saber dónde empieza uno y acaba el otro en esta campaña, con dos apellidos que se han unido como si aludieran al nombre de una especie de bufete de abogados, representan la llave del próximo 2D y la gran esperanza verdiblanca para una comunidad que necesita como el comer una alternativa al modelo fracasado de casi 40 años de hegemonía de esa suerte de PRI mexicano que es el socialismo andaluz, encarnado en la figura de Susana Díaz. Dirigente política a la que ya pocos recuerdan el tiempo que pasó en esta última legislatura soñando con vivir en Madrid con el PSOE federal bajo su control, y que se queja amargamente porque sus adversarios políticos la demonizan. Con este telón de fondo, y a menos que Ciudadanos incumpla su promesa de no pactar nunca jamás con el PSOE de Susana Díaz —como han repetido sus líderes nacionales una y otra vez—, Rodríguez y Maíllo serán la clave de lo que pase a partir del 3 de diciembre en una región, entre las más pobres de Europa, en la que una de cada tres personas está en riesgo de exclusión.

En una comunidad, la más poblada de España, donde los barrios bajos cada vez son más bajos y degradados, y la brecha entre los que más y menos tienen, material y espiritualmente, cada vez es más acusada. Donde el bajunerío equivale a falta de oportunidades, a baja cualificación, a muchos colegios con pizarras digitales, pero con muy pocos docentes. Y donde el telurismo solo significa la esperanza de un terremoto que, esta vez sí, cambie todo para que todo cambie. ¿Defraudarán tantas expectativas generadas? ¿Defraudarán a esa izquierda andalucista que ha puesto toda la carne en el asador sin pedir cuota en las listas? ¿Defraudarán a esa izquierda huérfana que volverá a poner su papeleta en la urna sin tener que taparse la nariz? Rodríguez y Maíllo, Maíllo y Rodríguez. ¿Abogados del diablo a partir del 3D? Como dijo Teresa Rodríguez en una entrevista en lavozdelsur.es hace unos meses, “la corrupción política es pestilente, pero el cinismo es peor”. Mejor bajuno pero digno. Mejor Tyrion que Cersei Lannister.

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