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Rafael Estévez: “Me decían que me iban a cortar la pierna, pero nunca pensé en dejar el baile”

Recuperado de una extraña dolencia que le tuvo al borde de la muerte hace dos años, el nuevo director del renovado Ballet Flamenco de Andalucía abre el 21 Festival de Jerez con la fantasía coreográfica '...Aquel Silverio', que ha creado junto a Valeriano Paños.

El nuevo director del renovado Ballet Flamenco de Andalucía abre el 21 Festival de Jerez con ‘…Aquel Silverio’.

En el principio fue Silverio Franconetti. Y como casi todos los comienzos, ha quedado difuminado en la memoria. Su relevancia en el principio de lo jondo puede que sea probablemente proporcional al olvido y desconocimiento que hoy, casi 200 años después de su nacimiento, sufre su figura. De padre romano y madre de Alcalá de Guadaíra, si Enrique el Mellizo era una suerte de Beethoven gaditano, Silverio bien podría ser lo que Bach a la música clásica. El paralelismo ya lo trazó antes que nadie Fernando Quiñones, quien llegó a calificarle como “puente entre dos tiempos” en esa noche oscura del flamenco. “Es Silverio quien amplia y sistematiza su futuro”, conectando de ese modo lo preflamenco con un nuevo tiempo de gran popularización, estudio y dimensión escénica. Con este personaje legendario como fuente de inspiración, pero “sin reconstrucciones históricas ni recreaciones de su vida”, el director del renovado Ballet Flamenco de Andalucía (BFA), Rafael Estévez (Huelva, 1979) estrena …Aquel Silverio, el espectáculo que levanta el telón del 21 Festival de Jerez. Un espectáculo que, como leerán más abajo, le ha devuelto a la vida. Casi literalmente.

Estévez, junto a Valeriano Paños, protagoniza la dirección escénica y coreográfica de un trabajo cuyo libreto se puso a escribir en una cama de hospital. Aquejado hace un par de años de una extraña dolencia (el octavo caso documentado en el mundo de un trombo en la aorta que casi se lleva por delante su vida y, como mal menor, su pierna izquierda), pasó más de 50 días luchando por su vida, pero, en paralelo, sin permitir que bajo ningún concepto sobrevolara por su cabeza la idea de no volver a disfrutar ejerciendo su gran pasión: la danza. Recuperado del trance, participó del concurso para la dirección de la institución andaluza de danza y consiguió hacerse con esta enorme responsabilidad. Casi tan enciclopédico e inquieto como Silverio, llega al Ballet para recuperar la estela que durante más de dos décadas han dejado en esta compañía pública vacas sagradas como Mario Maya, Antonio Gades, Javier Latorre y Eva Yerbabuena, entre otros muchos de los creadores y coreógrafos que han revolucionado el baile flamenco desde la Transición.

¿Pensó en que no volvería a bailar jamás?

No. Nunca lo pensé y mira que me decían que me iban a cortar la pierna, que no iba a poder bailar con facilidad, que me olvidara de bailar… nunca pensé que fuera a dejar de hacerlo. Justo pensaba lo contrario, por mi cabeza nunca pasaba; y si pasaba, desechaba directamente el pensamiento. Por gusto, empecé a escribir …Aquel Silverio en el hospital. Era por decir: no quiero estar aquí mirándome el gotero todo el día, quiero estar activo aunque esté con máquinas de drenaje y a la espera de que me abran en canal para operarme del corazón. O con una fasciectomía en la pierna izquierda. No quería estar como un enfermo doliente, sino activo y visualizándome bailando, poniéndome cante y pensando en qué iba a ser lo siguiente que hiciera cuando saliera del hospital. Y pensando, pensando rescaté …Aquel Silverio.

De alguna manera, Silverio en particular le ayudó a sobrellevar esa experiencia tan cercana a la muerte.

Pues sí, Silverio, el cante, la energía, el cariño de los compañeros de la profesión, de la familia, y evidentemente de los doctores y los auxiliares… Sobre todo, la ilusión era saber que no iba a dejar de bailar o, al menos, de poder estar en un estudiando creando. Nunca me vi como me decían que me iba a ver.

Y ahora afronta una nueva etapa vital y profesional al frente del Ballet Flamenco de Andalucía. ¿No era temerario el reto?

No, es una experiencia más que asumo con mucha responsabilidad e ilusión, y con mucha fuerza y muchas ganas. Afronto el reto con mucho respeto también.

El BFA: “Es un referente que hay que cuidar y mimar porque tiene una historia de más de 20 años con grandes nombres en su nómina de directores y coreógrafos”

¿Cree que le falta algo a la institución para convertirse de nuevo en referente o nunca ha dejado de serlo pese a los altibajos de los últimos años?

Yo creo que la institución es un referente en el sentido de que hay gente que ha concurrido a un concurso público para poder formar parte de la lista de directores y coreógrafos que han pasado por aquí. Es un referente que hay que cuidar y mimar porque tiene una historia de más de 20 años con grandes nombres en su nómina de directores y coreógrafos que han marcado la evolución tan importante del baile en las últimas décadas. 

Cualquiera que conozca un poco a este onubense puede atestiguar su obsesión con el estudio del baile y la investigación en torno al flamenco. Cualquiera que haya visto algunos de los trabajos con su compañía, Estévez y Paños (antes Dospormedio & Cía.), será consciente del culto a la ética y la estética, que diría doña Pilar López, que profesan sobre las tablas. En apenas diez años desde que el Festival de Jerez los destapara con su obra Muñecas, ambos artistas no han parado de crecer y evolucionar partiendo siempre de las raíces. “Tenemos la sensación de que han pasado 100 años porque hemos hecho tantísimas cosas… no sé cómo lo hemos hecho posible, hacer tantas cosas diferentes y tantas cosas tan distintas. Pero que nos quiten lo bailao (risas)”. En paralelo a su compañía, con la que ha estrenado seis montajes (con Flamenco XXI logró el Premio Revelación del Festival de Jerez), Estévez también ha dirigido y coreografiado a artistas como Rocío Molina, Miguel Poveda, Pastora Galván, Olga Pericet, Marco Flores, entre otros.

¿Dejan aparcada su compañía tras este encargo?

Ahora mismo está en pausa porque creemos que no se puede estar en dos lugares a la vez. Somos consecuentes con nuestra apuesta, que era hacer un proyecto de dirección para este Ballet, y al ser seleccionados hay que ser coherentes y entender que no podemos atender a nuestra compañía, aunque seamos dos. Hemos decidido que el tiempo que estemos aquí seguiremos desarrollándonos, estamos dirigiendo el ballet de los andaluces y esto se merece el respeto y la dedicación como cualquier trabajo al que te comprometes. El compromiso para nosotros, y la ética, es fundamental.

Ultima estos días en Sevilla su nuevo proyecto, con el que dice estar “muy ilusionado y con mucha energía”, y celebra que el estreno sea en el Festival de Jerez, “al que le debemos tantísimo”. Meticuloso y obsesivo con sus piezas, se declara “un psicópata del baile”. El bailarín-bailaor y coreógrafo lo mismo repite un ensayo un domingo porque “han quedado flecos sueltos en el pregeneral” que visualiza 200 vídeos —“algunos de ellos cinco o seis veces— en la ardua fase de preselección para elegir a los 14 componentes que junto a su partner configuran el revitalizado BFA. “Hemos hecho un proceso de selección muy difícil y exhaustivo. No quería hacer una preselección por currículo, porque me parece injusto, porque hay gente con buenos currículos que no son buenos artistas, ni buenos profesionales; y gente sin currículo que son diamantes en bruto. Me negué a eso y optamos por hacerla por vídeo, como se hace en todas las compañías del mundo, y claro, ha sido un trabajo muy potente”.

Para acceder a la audición ha sido necesario mandar un vídeo en el que se pudiese comprobar que el bailarín, la bailarina o el músico “reunían las cualidades que necesitábamos para que formasen parte del elenco”. De esa preselección, quedaron 70 aspirantes, y luego esos 70 trabajaron presencialmente durante tres días en Sevilla. “Han pasado muchos filtros, ha sido cruel y muy duro en cuanto al material que se montó y las exigencias”. No obstante, cuenta, “la gente, diríamos que al 98%, se fue encantada de haber participado y de la experiencia. Incluso quien no fue seleccionado, que nos agradeció que aunque no nos encajara no lo hiciéramos ir a Sevilla”.

Aquel Silverio… es una fantasía coreográfica (otra más de Estévez y Paños) que toma como punto de partida los escritos sobre su época y su figura —especialmente aquel retrató que Lorca incluyó en su Poema del cante jondo—. Toda esa vida y obra apasionante basada en “verdades, leyendas y anécdotas” que arrancan “en la tradición oral y en los documentos históricos, en los cantes y la prensa, en los cafés y salones que dirigió, en los repertorios de los artistas de su Café Cantante de la calle Rosario, en su etapa como picaor en América, y en su supuesta etapa militar en el ejército uruguayo, en las fiestas, la sastrería, los beneficios en su honor y las funciones en teatros y cafés…”. Una figura capital repleta de enigmas y lagunas que la han hecho aún más seductora.

Una vida también basada en aquella “función del siglo en la Fonda del Turco, en sus competiciones con otros cantaores, en los flamencos, las boleras y las gitanas jaleadoras de Triana, en sus viajes, aventuras empresariales o en su aparición en la Guía Zarzuela de Sevilla del año 1877 como maestro de baile”. “Su repertorio —ahonda Estévez, siempre hablando en plural para no olvidar a Valeriano— nos parece maravilloso y, sobre todo, lo que confluía en esa época. Aquellas cosas de las boleras bailando mientras les cantaban los cantaores y les jaleaban las gitanas de la Cava; el estudio de algunas coreografías de la época a través de una línea de investigación que hemos hecho desde el siglo XX hacia detrás para llegar a conclusiones; y un poco todo ese mestizaje de la época de cuando el flamenco empieza a surgir con Silverio a la cabeza”.
En cierto modo, ese mestizaje es casi el mismo con el que ustedes han estado trabajando durante todos estos años, ¿no?

Sí, lo único es que, evidentemente, nosotros hacemos lo que queremos hacer en el momento en el que lo queremos hacer. Aunque nuestra compañía tiene un mestizaje más extremo, basándonos en la vanguardia y la tradición, aquí sí hemos querido volver a bailar flamenco, desde nuestra perspectiva y nuestro tiempo, evidentemente. Pero en cierto modo, es verdad que ese mestizaje nos caracteriza a Valeriano y a mí.

“Dejar de pensar en baile es imposible. Cuando queremos desconectar vamos a ver baile”

Aunque en su compañía siempre ha primado el trabajo colectivo, ¿se siente ahora más maestro? ¿Cómo ha visto su evolución? 

Maestro no me considero. Valeriano tampoco. Somos aprendices y para nosotros la evolución es el día a día. Levantarnos tempranito y empezar a trabajar a las ocho y media en el Ballet; esa es la evolución. Seguir teniendo ganas e ilusión y, como hemos hecho siempre en toda nuestra obra, pensar en la gente con la que contamos. Contamos con bailarines y bailarinas con los que queremos trabajar. Sacamos lo mejor que tienen para que puedan crecer, al igual que la danza en general y el flamenco en particular. Que sigan evolucionando con buenos artistas, dando oportunidad a gente joven que lo tiene muy difícil por la época en la que vivimos. 

Hablando de la época, usted que es un ferviente defensor de la personalidad escénica por encima de la técnica, ¿sobra postureo?

Creo que, como en todas las épocas, hay de todo, sinceramente. Pienso que hay mucho postureo, pero no más que como pudo haberlo hace 30 o 50 años. Y creo que hay buenos artistas con cosas que decir y con una profundidad en su mensaje. Hay gente joven que tiene mucho talento. Los que estamos en una mediana edad y los grandes maestros debemos y deben trabajar por y para esa juventud. Y ser generosos dándoles las herramientas para que ellos puedan desarrollarse tanto a nivel artístico como creadores. El proyecto Cantera, que hemos incluido en nuestro proyecto de dirección del Ballet ahora que tenemos los medios y la posibilidad, intentará formar a estos jóvenes con los que hemos contado no solo como bailarines, sino que aquellos que tengan la inquietud de crear, coreografiar o investigar, sepan por dónde pueden ir y, dentro de nuestros posibilidades, guiarlos. Por tanto, creo que hay de todo, pero como siempre desde que el mundo es mundo.
Y volviendo a la base del nuevo espectáculo, ¿cómo cantaría aquel Silverio? El repertorio musical del trabajo está formado por los cantes atribuidos al mítico cantaor, así como con los creados, recreados, configurados o difundidos por él. “También forman parte de este cuerpo musical los cantes de sus maestros, contemporáneos y discípulos directos e indirectos que nos llega a través de la tradición oral, de las investigaciones de estudiosos del flamenco y de las antiguas grabaciones en cilindros de cera y discos de pizarras, vinilos y grabaciones privadas, sobre las cuales hemos trazado las líneas de investigación”, firma Estévez en la sinopsis del montaje.

Letras típicas del género que recogieron en sus obras Bécquer, Augusto Ferrán, Manuel Machado y Lorca. Y que cantaron, entre otros muchos, Tenazas de Morón, Chacón y Marchena. Y que aquí se funden con las partituras que se escuchaban y se bailaban en los cafés, salones y teatros de la época. De los toques tradicionales decimonónicos del maestro Patiño a los toques de Paco el de Lucena que indicaron el camino que transitaron después Rafael Marín, Miguel Borrul (padre) y, sobre todo Ramón Montoya y Diego del Gastor. Pero también se encuentran los aires flamencos de Julián Arcas, Eduardo Ocón, y Núñez-Robres, entre otros. “Estas músicas preflamencas, flamencas, andaluzas y boleras son los cimientos para la construcción y creación de una composición flamenca actual”, añade el texto que contextualiza la obra. 

Desde las rondeñas y jaberas del Negro a las livianas y serranas. Cañas y polos, y soleares apolás; seguiriyas y cantes por alegre… El espectáculo, casi como una tesis doctoral en torno a Silverio y aquella época primigenia de todo lo que hoy entendemos por arte jondo, da muestras de la infatigable tarea investigadora de Estévez y Paños. ¿En algún momento dejan de pensar en baile? “No, no, imposible (risas). Dejar de pensar en baile es imposible. Cuando queremos desconectar vamos a ver baile, con lo cual es complicado dejar de pensar en eso. Es que si no, no se puede. No concibo un día sin ver algo de danza, sin escuchar algo de cante o incluso sin hablar de arte en general, que nos gusta tanto. Psicopatía, vaya (risas)”.

¿Sobre qué hay que hacer apología hoy en día sobre un escenario?

En el momento en el que me encuentro, creo que hay que hacer apología del arte y de lo positivo. Y de lo creativo y, sobre todo, a los que tenemos ciertas posibilidades, de creer en el futuro apostando por el talento de gente joven que no tiene la oportunidad de estar en compañías, como hace unos años. Hay que apostar por nuevos nombres y por gente que necesita un oportunidad igual que Valeriano y yo la tuvimos en su día. Hubo gente como Raúl Cárdenes y María Vivó que nos dieron esa oportunidad, o el propio Festival de Jerez, cuando hace diez años nos programó Muñecas. Para nosotros fue el inicio, trabajar en un escenario importante”.

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