Editorial

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EDITORIAL

Si el Ayuntamiento hubiese puesto el mismo empeño y recursos en permitir que la carrera oficial ocupara casi un mes kilómetros de espacio de la vía pública que en facilitar y acondicionar estos días una feria del libro repleta de actividades en torno a las letras, quizás no habría en Jerez más de 13.000 niños viviendo o en riesgo de vivir en la pobreza. Una denuncia que ha efectuado hoy el PSOE. La relación la explica a la perfección Pedro Grimaldi en su Dedo en la llaga, Mi semana de pasión, por lo que no ahondaremos en ellaSin entrar en la demagogia fácil de cargar alegremente contra los cofrades, por cierto prácticamente el único movimiento social verdaderamente estructurado en la ciudad -¿plausible? ¿insuficiente? Da que pensar por sí mismo-, diremos que ambas cosas han sido absolutamente compatibles de manera tradicional y continuada en el tiempo en esta ciudad.

¿Por qué ya no? Puede que el motivo sea que cada vez los lectores son más minoritarios. Aunque así fuese, ¿acaso no tendrían todo el derecho del mundo, por el mero hecho de que también pagan sus impuestos, a tener una feria del libro de un mínimo de nivel en la quinta ciudad de Andalucía? ¿Es posible reivindicar ese trato proporcionado y equilibrado tanto en un sentido como en otro? Parece que no.

Como ejemplo de la importancia que la cultura parece significar para ciertos políticos y también, por qué no, ciertas ideologías, hoy Día Internacional del Libro el gobierno local del PP ha estado representado en la tradicional lectura pública de El Quijote por dos delegados municipales que curiosamente se presentaron a las pasadas elecciones como independientes por este partido.

Es decir, ¿nadie que también tenga representación orgánica en el PP tuvo tiempo de acudir? ¿Todo el equipo de gobierno puede acudir a entregar el bastón de mando de la ciudad al Cristo de La Viga un Lunes Santo y solo dos independientes participan en un acto tan simbólico? ¿Es tan anecdótica, tan prescindible, para algunos la cultura? En las fotos y en la nota que envía el gabinete de prensa municipal desde luego sólo aparecen Antonio Real, más delegado de Turismo que de Cultura, y Francisco Cáliz, responsable de la parcela de Impulso Económico. Llama la atención, por ejemplo, que pasara olímpicamente del asunto la delegada de Educación y Juventud, Lidia Menacho, que casi a la misma hora que el acto del gobierno local se encontraba en rueda de prensa en la sede de su partido, pese a que quienes le pagan su sueldo son los jerezanos a través de su cargo en el Ayuntamiento.

Habrá que entender, y tendrá que ser simplemente eso, que no cuadran las agendas institucionales con las orgánicas. La realidad es que lo que tampoco encaja es que unos gobernantes se tomen tan a la ligera un asunto tan serio y estratégico como el de la cultura. No se entendería lo anterior ni aunque fuese exclusivamente por el valor que ésta tiene bajo sus ansiados parámetros de rentabilidad económica. A este paso, pensar en recuperar la ciudad empieza a ser por momentos un épico empeño quijotesco. Pero tranquilidad, ya habrá alguien a quien cargar todas y cada una de las culpas.

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