Sociedad

“Queremos que el Tío Pepe Festival sea un proyecto de ciudad”

Beatriz Vergara, directora de la división de enoturismo de Bodegas González Byass, es también la máxima responsable un ciclo cultural, enológico y gastronómico único en Andalucía que cumplirá, del 7 al 17 de agosto, seis ediciones con grandes artistas internacionales y cuatro chefs estrella Michelin

Beatriz Vergara Domecq (Jerez, 1970) cumple 23 años en Bodegas González Byass, después de estudiar en Madrid y dedicarse al mundo de la moda. Hace años que dirige la división de enoturismo de la compañía bodeguera jerezana y, desde 2013, es la máxima responsable de haber ensamblado un proyecto cultural, enológico y gastronómico único en Andalucía, la experiencia Tío Pepe Festival (TPF). El ciclo cultural, entre los próximos 7 y 17 de agosto, cumple seis ediciones con un cartel, un año más, de auténtico lujo y segmentado para todos los paladares musicales. En el entorno mágico del complejo monumental de las Bodegas González Byass, las diez noches de agosto reúnen a grandes nombres de la música nacional e internacional como Ana Belén, Jethro Tull, Alan Parsons Live Project, Carlos Baute y Marta Sánchez, o Coti, pero también a maestros de la alta cocina que maridarán sus platos en la exclusiva propuesta de Las Cenas de las Estrellas.

Aparte de un trabajo que no descansa en todo el año, Vergara, desde su oficina en la bodega de la calle Manuel María González, también trabaja en la cuenta atrás para la apertura a final de año del primer sherry hotel del mundo, integrado dentro de las instalaciones bodegueras en unas antiguas casas de empleados, y se prepara para el desembarco del rodaje de El verano que vivimos, una superproducción española que Warner distribuirá a nivel internacional y que reforzará aún más la imagen de la bodega y, por supuesto, de la ciudad en la que hunde sus raíces, Jerez.

Un proyecto como TPF les ocupa prácticamente todo el año.

Claro, porque tienes que preparar todo, empezar a contactar con artistas, patrocinadores, gestionar backstage, permisos, escenarios, gradas… Un sinfín de tareas que tienes que ir previendo hasta que llegas al cartel, y luego, la venta… 

Cuando vemos el cartel confeccionado ya es casi lo de menos a nivel de trabajo interno.

Exacto. Hay un trabajo detrás increíble de dedicación, de detalles…

El crecimiento es exponencial.

Bueno, depende de cómo lo veas, porque nosotros lo que sí hemos ido es creciendo poquito a poco, sí es verdad que de forma exponencial, pero afianzando los pasos que íbamos dando de un año a otro. Estamos en la sexta edición, no hemos hecho un crecimiento a lo loco, sino poco a poco afianzando lo que vamos aprendiendo y lo que, año tras año, intentamos mejorar, aunque aún queden cosas. Esa ha sido un poco la estrategia que hemos seguido.

En 2013, ofrecieron un concierto de Soloist of London y una cena. Ahora van por diez jornadas de ciclo, con otras tantas propuestas musicales y maridadas por cuatro chefs estrellas Michelin.  ¿Parecía imposible llegar aquí cuando esto empezó?

Aquello nos abrió los ojos a que había una oportunidad para celebrar un festival con una singularidad en la zona que no existía. Vimos que podía haber una demanda que realmente requiriera esa oferta. A partir de ahí, vimos que habría la posibilidad de hacer un festival que aunara un poco todo: la cultura, el entorno, el espacio, la experiencia alrededor del vino, y la gastronomía. Entonces, vimos que sí y empezamos a construir el festival como tal. 

Espectacular aspecto del Patio de la Tonelería de Bodegas González Byass, en la pasada edición del TPF.

Llegó hace más de 20 años a González Byass procedente del mundo de la moda, ¿le ha servido esa experiencia anterior a la hora de configurar un festival como el TPF, donde siempre hay que estar innovando, presentando novedades…?

Claro, ese punto de innovación, de cuidar bien los detalles, de la imagen que se traslada, es algo que, si hacemos un paralelismo con el mundo de la moda, pues evidentemente está. La moda requiere de innovación, creatividad, estar al día en absolutamente todo, cuidar muchísimo los detalles… esa parte intangible de valor que tiene la moda, me ha servido para transportarla a lo que hacemos aquí.

¿Qué destacaría de esta edición y qué no se perdería, personalmente?

Bueno, destacaría que hemos dado un paso agigantado en traer grandes figuras con un matiz internacional, algo que poco a poco va consiguiendo el festival. Y el hecho de volver a conseguir una propuesta para todos los gustos musicales, que es difícil, y en unos estándares de calidad importantes. Ha sido una exigencia que nos ha supuesto un ejercicio de trabajo importante, buscar nombres y segmentar bien el TPF a nivel de gustos musicales, y creo que ha merecido la pena porque entiendo que se ha conseguido. No me perdería nada porque, verdaderamente, cuando programas, siempre hay una parte personal a la hora de tomar una decisión. Cuando haces la elección, dejar la parte personal fuera es complicado, por lo que yo iría a todo porque todo me aporta. Paco López, en todo caso, es el que nos ha ayudado a la hora de seleccionar el criterio del festival y el contacto con los artistas. 

“Tenemos una serie de propuestas maravillosas, de una singularidad increíble, y lo que tenemos que hacer es unir todo esto para que Jerez sea un destino turístico de máxima calidad”

¿Hasta dónde quieren llegar, este es el formato adecuado?

Sí, creo que como ha ido evolucionando toda la oferta de la zona, y vamos viendo cómo tenemos que ir creciendo, de momento esta propuesta de diez días es la válida. No quiere decir que haya otras ediciones con más días, porque dependerá de la oferta musical y gastronómica que consigamos tener, pero creo que moviéndonos aquí estamos encajados en el festival que queremos ser.

El apartado gastronómico también ha cobrado mucha relevancia en los últimos años, ¿cómo se presenta en esta edición?

En esta edición hemos intentando, una vez más, innovar, con ese mano a mano de dos estrellas Michelin que van a venir a hacer una propuesta muy singular, diferente, como son Baluarte y Trigo, y luego con otros dos grandes chef con dos estrellas Michelin cada uno, como son Toño Pérez, de Atrio, y Ricard Camarena, que le ponen una guinda muy especial. Nos hemos quedado en tres días, hemos ajustado un día porque otras veces han sido cuatro, pero al final son cuatro chefs. Ha sido una forma de hacer una propuesta un poco diferente.

Uno de los puntos fuertes del TPF es lo que representa como experiencia, no es solo el hecho de venir a un concierto. 

Sí, porque tenemos unos activos que, la verdad, son impresionantes. Estamos en casco histórico, al lado de la Catedral, frente al Alcázar, la bodega en sí es un conjunto monumental… todo eso había que ponerlo en valor. Al final, no es venir a un festival que se celebra en medio de la nada o en una plaza de toros. Es venir y vivir, desde que entras por la bodega, el patrimonio, el paso de la historia, la arquitectura… Tenemos que llegar a conseguir que eso se transmita en absolutamente toda la experiencia de esa noche a la que la gente viene a disfrutar de un evento musical y gastronómico, pero que va acompañada de esa propuesta integral.

Uno de los conciertos en los jardines de la Villa Victorina, en la pasada edición del TPF.

En 2018, 20.000 visitantes, 200 empleos directos, 500 indirectos… El impacto económico del TPF en la ciudad y la provincia es indiscutible, ¿hay que seguir apostando por el enoturismo como fuente de generación de empleo y riqueza en la zona?

Claro, porque, además, Jerez tiene todos los ingredientes para conseguir eso. La parte enoturística es fundamental, pero tiene que nutrirse de todos los atractivos que tiene la ciudad para hacer una propuesta singular y diferenciada de otras zonas. El enoturismo, evidentemente, ayuda a la ciudad a diferenciarse del resto, con bodegas maravillosas, con distintos tamaños, con diversidad absoluta, con diferentes propuestas… pero también están los tabancos, el flamenco, la Real Escuela de Arte Ecuestre… Tenemos una serie de propuestas maravillosas, de una singularidad increíble, y lo que tenemos que hacer es unir todo esto para que Jerez sea un destino turístico de máxima calidad.

¿Esto se lo creen las administraciones públicas lo suficiente?

Yo creo que se lo creen porque es tan patente… pero sí creo que todos tenemos que hacer un esfuerzo de trabajar conjuntamente. La clave del éxito de un destino es que las administraciones públicas y privadas trabajen muy de la mano, nos ayudemos, veamos todo con un sentido estratégico desde arriba, y vayamos juntos. 

Que no se solape oferta, que todo esté mejor coordinado…

Exacto, que la colaboración sea para hacer crecer el destino, no para hacernos la competencia, que realmente eso no tiene sentido. Creo que hay la coordinación es clave.

El primer ‘sherry hotel’ abrirá con la Zambomba jerezana e irá poniéndose a punto para el inicio de la temporada alta de 2020

¿Cuáles son las grandes cifras de González Byass en materia de enoturismo?

Ahora mismo, recibimos a casi 240.000 personas al año en la bodega, contando los eventos, y hay días punta con casi 2.000 personas visitándonos. Lo que pasa que estas grandes cifras, a veces, dan lugar a pensar que hay una parte de masificación y realmente siempre digo que, al final, la gestión de los recursos, debe encaminarse a que todo el mundo se sienta diferente y piense al visitarnos que ha tenido una visita personalizada. Ahí estamos trabajando. El gran reto que, desde González Byass y desde el equipo de enoturismo tenemos, es hacer una propuesta de visita lo más personalizada e individualizada posible, para que todo el que venga se vaya con la sensación de que ha visitado de forma personal y única la bodega. 

¿Cómo marcha el otro gran proyecto enoturístico que tienen entre manos en González Byass, el primer ‘sherry hotel’ del mundo?

Va a buen ritmo, aunque sí es verdad que la apertura se ha retrasado un poquito respecto de lo inicialmente previsto. Es un proyecto que, como todo lo que vale la pena, cuesta trabajo, porque son cuatro casas que hay que integrar en un solo edificio, que están en conjunto histórico y hay que ser muy escrupulosos con la normativa vigente a nivel patrimonial, y porque hemos querido que el hotel tenga una carga de singularidad tal, que cada habitación será una habitación diferente, con un encanto diferente. Unas habitaciones tendrán unas vistas maravillosas; las otras, tendrán un entorno bodeguero brutal; otras, patios increíbles. Cada habitación está diseñada y estructurada para que tenga una singularidad importante. Con todo esto, estamos previendo  que abramos a finales de este año, a principios de invierno…

Rodaje de ‘El verano que vivimos’: “No se nos va a olvidar la experiencia porque va a requerir muchas dotes de paciencia, flexibilidad, improvisación, y todos vamos a aprender muchísimo”

Les va a pillar todo el boom de la Zambomba…

Ahí, ahí estamos. Queremos incluso hacer una Zambomba en el hotel. Queremos que esa apertura sea gradual con la temporada turística, con la idea de que cuando estemos al máximo rendimiento, estén pulidos todos los detalles que tengan que estar. Esa es la idea y estoy personalmente super ilusionada con un proyecto maravilloso. Este hotel, integrado dentro de la bodega, será otra propuesta importante para la ciudad.

En el séptimo TPF se dará la circunstancia de que haya visitantes que puedan vivir la experiencia y, además, pernoctar en el ‘sherry hotel’.

Esa es la idea, tener una experiencia total.

¿Ha crecido el público extranjero?

Sí, cada vez más, además de forma exponencial. Ya lo notamos hace tres años, pero en esta edición, y curiosamente incluso con artistas nacionales como Álvaro Soler, desconocido aquí, pero que triunfa fuera cantando en español, hemos tenido muchísima demanda de británicos, alemanes… que quieren venir a verle. Al final, esto es un proyecto que queremos que sea de ciudad. Que el TPF sea algo que, evidentemente, ayuda a la imagen y proyección de González Byass, pero que también sea un festival de destino para Jerez. González Byass está siempre mirando a la ciudad porque, para nosotros, hacer crecer el destino, es hacer crecer a todos. Tenemos esa vocación de que, aunque tenemos bodegas en distintas zonas enológicas de España, las raíces de González Byass están en Jerez, con lo cual, todo lo que se ha recibido de Jerez, tenemos que intentar devolvérselo con empleo directo e indirecto, y con gente que venga a visitarnos, pero que quiera volver a la ciudad porque ha sentido que es maravillosa. Podemos hacerlo mejor o peor, pero nuestra propuesta es que esto ayude a esta ciudad, a la provincia y a Andalucía. 

Por si fuera poco, este verano también tendrán rodaje en la bodega, la super producción española ‘El verano que vivimos’.

Sí (ríe). Será un trabajo importante que también nos ilusiona y que es buenísimo para la ciudad. Ya hemos tenido una pequeña experiencia en las viñas y nos hemos dado cuenta de la que se nos viene encima (risas). En el rodaje habrá unas 140 personas trabajando más actores, extras… y entonces, oye, es un montaje que hay que gestionar con toda la actividad frenética que ya de por sí tenemos durante el mes de agosto. El verano que vivimos, nunca más acertado el título (ríe). No se nos va a olvidar la experiencia porque va a requerir muchas dotes de paciencia, flexibilidad, improvisación, y todos vamos a aprender muchísimo.

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