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¿Qué quiere de verdad Pedro Sánchez?

Si las vacaciones están para desconectar, Pedro Sánchez no ha podido hacerlo mejor. A su vuelta de Doñana, el presidente en funciones se ha encontrado con una política española desconectada, fuera de cobertura, esperando un anuncio suyo: el de que, en uno de sus paseos vacacionales, se encontró con los apoyos necesarios para formar un Gobierno. “Estaban ahí, tirados detrás de una roca, ¿te lo puedes creer?”. Este anuncio no ha llegado.

Mientras Sánchez espera a que –Bang– se forme un Gobierno por generación espontánea, el resto seguimos esperando respuesta a algunas preguntas que, ni comprando el argumentario del PSOE, parecen tenerla. De acuerdo: la culpa de la falta de Gobierno la tienen los demás partidos. PP y C’s por votar en contra y Unidas Podemos por abstenerse, porque no quiso aceptar “una oferta estupenda” para formar un Gobierno de coalición. ¿Por qué, con tiempo aún por delante para cambiar la abstención de UP por un sí, esa propuesta “estupenda” del PSOE ya no está sobre la mesa?

Siguiendo el argumentario del PSOE, esto se debería a que, tras el primer intento de investidura fallida, se produjo una desconfianza mutua entre ambos partidos. Una situación de solución imposible a pesar de que Unidas Podemos se ha mostrado dispuesto a seguir negociando, a renunciar a competencias. ¿Cuántos días creen en el PSOE que se necesitan para lograr confianza mutua? ¿Cuántos días para negociar la formación de un Gobierno de España? ¿Cómo creen en el PSOE que funciona una negociación? ¿Creen que negociar con prisas durante los dos días previos a la investidura es suficiente? ¿Es una negociación de dos días una negociación seria para formar un Gobierno para España? Para esto, el argumentario del PSOE no tiene respuestas.

Según repite estos días la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, intentando dar por zanjado el asunto coalición, Unidas Podemos no podría entrar jamás al Gobierno de España por cuestiones de Estado: hay temas muy importantes en los que chocarían. Bien. Compremos de nuevo el argumento. ¿Por qué se le ofreció entonces entrar al Gobierno “con una oferta estupenda” a un partido con el que chocarías en temas de Estado? En el argumentario del PSOE, tampoco hay respuesta para esta pregunta. Sí que hay referencias a la urgencia de formar Gobierno. Vale. Compramos de nuevo. ¿Por qué, ante esta urgencia, Pedro Sánchez ha decidido dejar otra vez las reuniones con quienes podrían hacerlo presidente para pocos días antes de que acabe el plazo? Esta pregunta, como todas las anteriores, tampoco tiene respuesta por parte del PSOE y nos obliga a hacernos una pregunta que sobrevuela todas las anteriores: ¿Qué quiere de verdad Pedro Sánchez?

“Un spin doctor es alguien que se tira por un barranco por su cliente, por su presidente”. Es la respuesta dada por Iván Redondo, actual jefe y estratega del gabinete de Sánchez, cuando hace unos años le preguntaban en qué consistía su trabajo. Precisamente un barranco sirve para explicar la situación actual, para explicar qué quiere de verdad el PSOE, qué pretenden Iván Redondo y Pedro Sánchez. Al barranco lo llamaremos repetir unas elecciones que ya tienes ganadas con la presidencia –pactando– en tu mano. La estrategia del PSOE consiste en maximizar beneficios mediante el análisis de tres escenarios que se darían en torno al barranco. En dos de estos tres escenarios el cliente de Iván Redondo ganaría más de lo que tiene actualmente. Es decir, mejoraría lo que tiene en la mano: gobernar junto a Unidas Podemos disgustando al sistema y legitimando a los morados como partido de gobierno.

El primer escenario se basa en la hipótesis de que Unidas Podemos perdería más que el PSOE en una repetición de elecciones. Un buen estratega como Iván Redondo es incapaz de renunciar a una ventaja como esa. La hipótesis de victoria en el escenario número uno consiste en que, llegado el momento del precipicio, Unidas Podemos daría un frenazo, un paso atrás renunciando a entrar en el Gobierno por pura supervivencia. Gana Pedro Sánchez, que pasa a gobernar en solitario. Para que se cumpla este primer escenario, hay que acercarse al precipicio todo lo posible dejando las negociaciones para el último momento. En eso estamos. El segundo y tercer escenarios son aquellos en los que hay que saltar. Ambos escenarios se basan en la hipótesis de que Unidas Podemos no dé ese paso atrás, no renuncie y siga reclamando su derecho a formar parte de un Gobierno que necesita de sus cuatro millones de votos. Si esto pasara, el salto a lo desconocido para todos sería seguro, pero un buen estratega como Iván Redondo, con el paracaídas de las encuestas favorables en la mano, saltaría encantado, confiado en que se produciría el segundo escenario.

En el segundo escenario, la repetición de elecciones nos dejaría un resultado similar al actual. Sánchez y Redondo saben que las mayorías absolutas, como los videoclubs, ya no existen. Es decir, el PSOE volvería a ganar sin la mayoría necesaria y PP, C’s y Vox tampoco lograrían sumar los 176 escaños para formar Gobierno. Es este segundo escenario, todo el mundo, el propio país incluido, sale desgastado. Pero en el desgaste gana Sánchez. Llegados a ese punto, de nuevo sin la mayoría necesaria y con la hipótesis de la coalición enterrada, el presidente en funciones sería la única opción. Cuando los grandes poderes económicos sufran un año de parálisis estatal, cuando los contratos y adjudicaciones no lleguen porque el país, ya entrado el 2020, siga congelado, harán su trabajo para que PP o C’s –o ambos– se abstengan facilitando un Gobierno en solitario de Pedro Sánchez por responsabilidad. PP, C’s y UP, debilitados, Pedro Sánchez, ganador.

El salto al vacío deja también la posibilidad de un tercer escenario posible. El de que el paracaídas de las encuestas esperadas no se abra como se espera. En política, el cambio de escenario provoca también cambio en las encuestas. Que le pregunten a Sánchez tras ganarle a Rajoy la moción de censura. El salto al abismo podría hacer girar el viento con resultado impredecible en el paracaídas. Un resultado impredecible podría ser una desmovilización que provocase que PP, C’s y Vox sí sumaran la mayoría necesaria para gobernar el país. Un resultado impredecible podría ser que parte de la izquierda entendiese que el PSOE se ha negado a la única opción viable de izquierdas que había –pactar con Unidas Podemos– y decida castigar a Sánchez. En cualquier caso, en este tercer escenario, Unidas Podemos queda descartado como partido con posibilidades de gobernar algún día. Una victoria estratégica a largo plazo, pero el cliente despeñado a corto. En el tercer escenario, el PSOE de Sánchez e Iván Redondo habría pasado en unos meses de tener al alcance de la mano presidir un Gobierno de izquierdas a ser oposición de un Gobierno con la ultraderecha dentro de la Moncloa.

¿Se la jugarán? ¿Qué sería de un buen asesor, un buen estratega de la asesoría, si se dedicase a gestionar las opciones fáciles, las que tiene en la mano? Si no se tirase –y con él el país– por un barranco por su candidato. Si no se dedicase a hacer el trabajo para el que lo han contratado: sacar la máxima rentabilidad posible para su cliente. “Fiché a los mejores asesores fiscales”, dijo Cristiano Ronaldo ante el juez cuando se vio sentado en el banquillo por evasión fiscal. Pues a lo mejor ese ha sido el problema, Cristiano, pensaron algunos.

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