Opinión

Que no son malas, que los malos son ellos

El éxito de este 8 de marzo ha disparado el odio de unas derechas, incapaces de encontrar respuestas al clamor de un pueblo unido en torno a la igualdad.

Primero dijeron que no representaban a nadie, que solo eran cuatro locas armadas con sus cárteles. Con el tiempo, quisieron convencernos de que este feminismo era solo una rama más de esa ‘izquierda podemita’. Cuando comprobaron que ese discurso tampoco funcionaba, se comenzó a relacionar al feminismo con chiringuitos, subvenciones, “portavozas” y “hembrismo”. Por último, empezaron a construir un discurso basado en las más bajas pasiones, apelando esas falsas ‘denuncias falsas’, casos testimoniales con los que repetían la táctica empleada para eliminar el ‘malévolo’ Impuesto de Sucesiones. Hoy solo conservan el desprecio hacia una ola morada que inunda sus preciados pantanos.

El pueblo español, liderado por las mujeres, ha demostrado hoy calle a calle, plaza a plaza, ciudad a ciudad, grito a grito y pancarta a pancarta, que hay una España unida y en pie frente a quiénes añoran aquellos años de dictadura y oscuridad. Los múltiples intentos de la derecha de convencer a todos los hombres que nos sentimos orgullosos de nuestras compañeras no han surtido efecto. Sus llamadas se han convertido en simples susurros, imperceptibles en medio de una banda sonora compuesta por las voces de todo un pueblo, que al unísono se ha levantado para matar los pájaros negros del trifachito reaccionario.

El título, evocando a la Gata Cattana, icono y símbolo de la lucha feminista, adapta su himno, Voy pa’ la mani, recordándonos a todos quiénes son realmente nuestros enemigos. Porque las malas no son ellas, por mucha manipulación que haya sobre su número, con algún vocero que sigue con lo de “cuatro locas”, o sus intenciones, con portadas tachándolas de ‘excluyentes’. Porque los malos son ellos, los protagonistas del ‘cambiazo’, los que se aprovechan de la violencia machista y de la desigualdad para convertir a las mujeres en enemigas de los hombres. Si todavía quedaba algún despistado, cualquiera que haya compartido hoy calles y cánticos se habrá dado cuenta de que el enemigo no viste de púrpura, sino de negro y blanco, los colores a los que quieren devolver nuestro pueblo.

“Los hijos que no tendremos porque falló la memoria,

y se repite la historia: siempre caen los buenos y cunde la fobia.

Mami, que yo no soy mala, que aquí los malos son ellos,

tú sabes que no me callo, me miran la cara y se tiran al cuello,

Mami, que voy pa’ la mani, que a lo mejor ya no vuelvo,

porque ahora soy terrorista si estoy sentaíta gritando en el suelo.

Mami, que nadie recuerda la guerra de mis abuelos,

y a obrero que se levanta lo llevan al matadero.

Mami, que voy pa’ la mani, que a lo mejor ya no vuelvo”

Gata Cattana

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Un comentario

  1. ¡Hala! ¡Vaya homilía! Se habrá quedado tan tranquilo. Está claro que no vive en España, uno de los mejores países del mundo para ser mujer. Pero da igual; a la izquierda española, la más burra de Europa, la que nunca ha realizado contribución alguna digna de reseña al pensamiento político, vive de crear luchas artificiales, de generar odio. Fracasada la patraña de la lucha de clases, que ya se vio a dónde llevo a los países del socialismo real, ahora se inventan una lucha de sexos, para tratar de justificar un pensamiento totalitario supuestamente “salvador” que les permita seguir viviendo, muy bien, del cuento. Y, sin embargo, “el rey está desnudo”: la huelga general de ayer fracasó y la mani también, sólo fue un desfile carnavalesco, camino de lo que ya es el día del orgullo gay; una atracción turística muy lucrativa.

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