Que no decidan por ti

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Que no decidan por ti

13-02-2018 / 07:56 h.
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Decidir. En eso consiste la vida, en tomar decisiones. El problema es que, aún sin darnos cuenta, en la mayoría de ocasiones son otros los que las toman por nosotros. A priori, esto puede resultar mejor. Cuando esa decisión es determinante para nuestras vidas, si otros nos empujan a escoger un camino u otro, creemos que nos quitamos un peso de encima. Y de paso, tenemos a quien culpar de los posibles fracasos. De lo que no nos damos cuenta es de que ese alguien quizá esté mirando por sus propios intereses y que lo que pretenda sea darle la vuelta a la tortilla en su beneficio. Cuando se está ante una tesitura así es bueno escuchar diferentes opiniones. Eso sí, siempre que sean de personas de absoluta confianza y se limiten a aconsejar y no a lanzarte por el precipicio. Porque si encima se trata de alguien que no tiene ninguna relación personal con nosotros, cuesta creer que no piensen más en ellos mismos que en nuestro bien.

El otro día un amigo me contaba que le habían despedido del trabajo inesperadamente. “En este trabajo no eres feliz”. Ese fue el argumento que le dieron. Como si le estuvieran haciendo un favor. Menudo razonamiento. Dejar a alguien en la calle con un argumento tan pobre. Porque en caso de que fuese cierto eso de que el trabajo en cuestión no le aportaba felicidad, ¿no habría que haberle preguntado a él si quería seguir o no en la empresa?, ¿no habría que haber hablado antes con esa persona sobre la renovación o no de su contrato para ver sus intenciones? Pues no. Es más sencillo decirle adiós desde una postura tan emocional como la de “te voy a dar un empujoncito para que seas feliz”. Qué buena gente, ¿no? Todo suena a que esta era la mejor forma de camuflar una decisión empresarial. Pero claro, resulta más duro y complicado comunicar la verdad del asunto.

Cuando alguien realiza su trabajo de forma impecable es muy injusto ponerle de patitas en la calle por motivos que se limitan a lo económico. Pero lo lógico es que te digan adiós por esa razón y no con argumentos que van más allá de lo laboral. Porque si existe la más mínima probabilidad de que el argumento de “no eres feliz” haya sido la verdadera razón me resulta lamentable que alguien se crea con tanto poder para decidir sobre tu vida sin saber lo que supone para ti esa determinación. Ahora solo queda pensar que en la vida todo pasa por algo. Seguro que esa persona que se acaba de quedar sin empleo, algo que ha provocado su infelicidad, encuentra el trabajo que se merece.

Ni cuando nos cueste tomar una decisión dejemos que sean otros los que la tomen. Que no nos manipulen con argumentos sin fundamento. La valentía será lo que nos lleve hasta donde queramos llegar. Busquemos nuestra felicidad, pero no dejemos que alguien que no tiene nada que ver con nosotros se crea capacitado para redirigir nuestro camino sin ni siquiera preguntarnos cómo estamos.  

 
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