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“¡Qué error!, ¡qué inmenso error!”

El ex consejero de Cultura y flamencólogo, Juan Manuel Suárez Japón, que creó el CAF en 1993, lamenta el desatino de tratar de vaciar el Palacio de Pemartín. En caso de venta, los ingresos se repartirían entre los antiguos patronos de la Fundación Andaluza de Flamenco, entre ellos el Ayuntamiento.

El ex consejero de Cultura y flamencólogo, Juan Manuel Suárez Japón, que creó el CAF en 1993, lamenta el desatino de tratar de vaciar el Palacio de Pemartín. En caso de venta, los ingresos se repartirían entre los antiguos patronos de la Fundación Andaluza de Flamenco, entre ellos el Ayuntamiento.

“¡Qué error! ¡qué inmenso error!”. Con estas palabras entre exclamaciones se ha pronunciado, en su cuenta de Twitter, Juan Manuel Suárez Japón, quien fuera consejero de Cultura y flamencólogo, que salvó la crisis de la Fundación Andaluza de Flamenco, y logró transformarla en el Centro Andaluz de Flamenco que hoy mantiene, no sin algunas resistencias de gobiernos autonómicos posteriores, su sede en Jerez. Sus palabras, referidas al anunciado traslado del Centro Andaluz de Flamenco, y al consecuente abandono del Palacio de Pemartín, operación que ya adelantó lavozdelsur.es a mediados del año pasado, muestran en la brevedad de un tuit, y con toda la claridad posible, el desatino y la irresponsabilidad con que la Junta de Andalucía está actuando en un tema tan delicado como el de esta institución cultural de rango andaluz, pero que por su alta especificidad carece de instituciones homologables en el mundo.

Como ya se avanzó por este medio, el archivo documental de flamenco más relevante del mundo pasará de disponer de una sede 800 metros catalogada como Bien de Interés Cultural (BIC), cuyo uso futuro se ignora y que volvería a manos del Ayuntamiento, a otra en una finca de 300 que aún debe expropiar el Consistorio y que estará dentro del Museo Flamenco de Andalucía, según se esbozó el pasado año por la Junta. Pero la solución a esta ecuación no es tan sencilla como pudiera haber pensado en aquel momento la entonces consejera de Cultura Rosa Aguilar, hoy relevada en el cargo por Miguel Ángel Vázquez.

La idea del Gobierno andaluz pasa por el traslado de la institución al futuro complejo del Museo de Flamenco de Andalucía, por lo que Pemartín, rehabilitado hace más de 30 años y que desde entonces ha sido sede del CADF, quedaría expedito para nuevos usos que, a partir de entonces, tendrían que ser decididos, o eso se cree, por el Consistorio jerezano. Pese a que diez meses después nadie se ha pronunciado sobre el uso futuro del Palacio Pemartín y sobre cuándo quedaría desalojado, la realidad es que, de producirse el traslado y vaciarse el ilustre edificio, se incumpliría la condición con la que la Junta recibió este palacio por parte de la Fundación Andaluza de Flamenco. Ésta establecía “que siempre sería destinado a centro de estudios y documentación sobre el arte flamenco”, tal y como se recogió en un Boletín Oficial de la Junta de Andalucía de 1993, firmado precisamente por el propio Suárez Japón como consejero del ramo.

El inmueble, BIC, cuando fue cedido condicionalmente a la Junta no era municipal, sino de los cuatro patronos que constituyeron la Fundación Andaluza de Flamenco, entre ellos Diputación y Caixabank.

Pero el lío aún es mayor. El incumplimiento de la condición de cesión del edificio y los bienes documentales plantea el horizonte posible de su venta que, asimismo, debería estar supeditada al subsiguiente reparto económico proporcional entre los cuatro patronos que constituyeron la Fundación Andaluza de Flamenco: Junta de Andalucía, Diputación de Cádiz, Ayuntamiento de Jerez y la Caja de Ahorros de Jerez (hoy disuelta e integrados sus activos en Caixabank). Y es que la Fundación se extinguió, pero no cada uno de los cuatro patronos fundadores, que son instituciones vigentes de pleno derecho y que recibirían los beneficios de una futura venta del inmueble. Pemartín fue propiedad de una fundación de derecho privado de la que formó parte el Consistorio jerezano, pero no fue su exclusivo patrono.

Esta joya arquitectónica, que originalmente data del siglo XV y cuenta con 800 metros cuadrados divididos en dos plantas más un jardín exterior, cuenta con una alta protección urbanística ya que está considerada como Bien de Interés Cultural (BIC), por lo que su conservación, en teoría, debe estar garantizada, así como su preservación en su estado actual.

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