La república independiente de mis emociones

Profetas del Apocalipsis

La derecha siempre demuestra con estridencia su mal perder. Partido Popular y Ciudadanos llevan desde abril colocando un insólito e incompresible cordón sanitario al PSOE y Pedro Sánchez, mientras se revuelcan sin pudor con la extrema derecha. Albert Rivera ha cavado su fosa política con su injustificable y machacón ‘no’ a los socialistas. El electorado ha castigado a Ciudadanos por sus vaivenes y su inoperancia para forjar acuerdos por España y, con un batacazo tan monumental, ya no pinta casi nada en el tablero político cuando en la legislatura anterior tenía la llave para formar un ejecutivo estable. Pablo Casado no le ha ido a la zaga y ha sostenido que con el actual presidente del Gobierno “ni a la vuelta de la esquina”. Incluso el número dos del PP, Teodoro García Egea, ha elevado la apuesta y ha planteado que se vaya el ganador (y con mucho) de las elecciones del domingo como condición previa a cualquier posible negociación.

Ambos partidos conservadores se cerraron en banda tras el 28 de abril y los populares se mantienen en esas posición intransigente tras el 10 de noviembre, máxime cuando sienten el aliento en el cogote de Vox. Azules y naranjas han optado por el portazo al PSOE y ahora se escandalizan cuando Sánchez y Pablo Iglesias hacen público un preacuerdo para formar gobierno. Era el único escenario posible cuando las derechas se han puesto su negativa por montera.

Tenemos ya caladas a las derechas: son especialistas en la sobreactuación y en el tremendismo. El anuncio del desbloqueo las ha cogido por sorpresa y les ha arruinado su plan de desgaste. A estos patriotas de pacotilla les preocupa menos que España funcione que su interés particular. No pueden soportar que este país retome la normalidad institucional y, como falsos profetas, anuncian las siete plagas de Egipto. Siempre hacen lo mismo cuando les toca calentar los bancos de la oposición. Su patriotismo es de mentira; sus golpes de pecho, pura hipocresía.

Mal que les pese, el bloque de izquierdas tiene más escaños en el Congreso que el de derechas. No suficientes para gobernar sin otros apoyos, pero suman más que el tridente conservador y este país exige una respuesta progresista ante el bloqueo. Esa ha sido la expresión de la voluntad libre y soberana de los españoles en las urnas. En estos meses, no sólo han hecho gala de su falta de generosidad y visión de estado sino que se encargarán desde ya de enredar, manipular y destruir. Todo porque se creen con el derecho natural de estar en el poder. Siguen sin digerir que son los ciudadanos los que deciden con su voto. Ya tendrían que tenerlo asumido después de más de cuatro décadas de democracia.

Miguel Ángel Vázquez es periodista y senador por el PSOE.

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Un comentario

  1. El autor se nos presenta con un oxímoron, como periodista y senador, aunque el subconsciente (el sentimiento de pertenencia a la casta política) le traiciona y, con toda naturalidad e ingenuidad, se autodenomina “senador POR el PSOE” (¡Jajaja!), cuando legalmente, constitucionalmente, es senador designado POR la Comunidad Autónoma de Andalucia, porque se supone que el PSOE no designa senadores (de momento), aunque ya sabemos que los partidos políticos son las mejores agencias de empleo y que todo es un paripé partitocrático; al menos, que podía haber tenido el pudor de presentarse como senador del grupo socialista, que eso también responde a la verdad, inclusive es más verdadero. Decía que es un oxímoron porque periodista y senador son dos ocupaciones funcionalmente contradictorias, opuestas, inclusive dos personalidades incompatibles en el tiempo, como el Dr. Jekill y Mr. Hyde, que ocupan el mismo cuerpo pero no se pueden manifestar a la vez; el verdadero periodista ha de ser siempre crítico con el poder, con todos los poderes, y nunca debe caer en el sectarismo maniqueísta, ha de ser independiente e insobornable por encima de todo, inclusive de su propia ideología, o se convertirá en un mero activista, en un propagandista, mientras que un senador (y mucho más en un sistema partitocrático como el que padecemos) es un miembro de la casta política, de la nobleza del reino, con sus vasallajes y servidumbres hacia el amo de su hueste, a quien tiene que defender a toda costa, inclusive a costa de la verdad si es preciso, que lo suele ser. Veamos cómo ha resuelto el autor en este artículo la esquizofrenia de sus dos “perfiles”.
    Como parece que aún sigue con la adrenalina subida por la reciente campaña electoral, el autor comienza sermoneándonos sobre lo mala, malísima, que es la derecha, que, ¡hay que ver!, nunca sabe perder y le hacen un cordón sanitario al PSOE, que es una pobre víctima. Pero claro, los lectores, que no somos idiotas, sabemos que la derecha es la que menos años ha gobernado en la democracia, luego más experiencia que la izquierda tiene en eso de perder elecciones, y recordamos que el PSOE de ZP fue el primero que hizo un cordón sanitario en España con los separatistas catalanes en el pacto del Tinell para aislar al PP, y que Sánchez fue el Mr. NO a quien la Ejecutiva del PSOE tuvo que echar para que se pudiera investir a Rajoy, y que Sánchez fue quien incumplió su promesa de convocar elecciones inmediatamente después de ser investido presidente en la moción de censura, y que Sánchez fue quien, siendo el candidato designado por el Rey, durante todo el pasado verano jamás le hizo una oferta a Rivera o a Casado para conseguir la investidura; el caso de Rivera fue especialmente ilustrativo, porque cometió el gravísimo error de negarse en redondo a pactar con Sánchez cuando ese veto era completamente innecesario, ya que Sánchez nunca tuvo la intención de gobernar con Rivera, Sánchez nunca le llamó para eso y nunca le habría llamado, pues quería la repetición electoral, así fue como Rivera quedó estúpidamente retratado ante su electorado como responsable de la falta de acuerdo, mucho más inteligente habría sido decir simplemente que estaba a la espera de recibir una oferta del candidato Sánchez para estudiarla, oferta que nunca habría llegado. Y ahora, tras el 10N, Sánchez no ha atendido ninguna de las reiteradas llamadas telefónicas de Casado y ha cerrado un acuerdo inane con Iglesias en menos de 48 horas para impedir cualquier oferta de Casado que no pudiera rechazar. No ha sido el PP quien ha empujado a Sánchez a llegar a un acuerdo de reparto de sillones con Iglesias, sino que Sánchez no necesitaba que nadie le empujara y el fiasco electoral del 10N le ha curado de sopetón su insomnio y ya puede y quiere pactar con Iglesias para tenerle en el gobierno bien confortable, bien controlado y bien callado y aquiescente para las medidas de austeridad que tendrá que tomar cualquier gobierno que se constituya frente a la crisis que ya está llegando; pero aún no está todo el pescado vendido, aún hay partido, todo va a depender de que haya elecciones autonómicas adelantadas en Cataluña o no. Por otra parte, Casado ya ha hecho una oferta al PSOE para que pueda gobernar siempre que Sánchez (de quien nadie se puede fiar) no sea el presidente; Sánchez tiene ahora una ocasión magnífica para seguir el ejemplo de Iglesias, quien, cuando él le vetó para el gobierno, se echó a un lado. Pero el autor sigue instalado en la ensoñación izquierdista (de salón) de supuesta superioridad moral y se permite concluir repartiendo carnés de demócrata, que hace falta ser prepotente.
    Definitivamente, como en la novela de Stevenson, prevaleció Mr. Hyde, el senador se “comió” al periodista.

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