El vendimiador de palabras

Profesores armados

Circula estos días, en las redes sociales brasileñas, un intenso debate acerca de la matanza ocurrida el miércoles en la Escuela Estatal “Profesor Raúl Brasil”, en la ciudad de Suzano, en la Región Metropolitana de São Paulo. Una buena parte de ese debate se centra en las declaraciones de Sergio Olímpio Gomes, senador del PSL por Sao Paulo desde 2018. Este senador, más conocido como Mayor Olímpio, agente de policía militar considerado uno de los principales hombres del partido de Jair Bolsonaro, afirmó ante los principales medios del país que la tragedia de la escuela “se habría evitado si profesores y funcionarios estuvieran armados”, defendiendo la legalización de las armas con el argumento de que “mientras las armas sean ilegales, sólo los ilegales tendrán armas”.

Las declaraciones del Mayor Olimpio dan a entender que los profesores están habitualmente desarmados, lo cual es un presupuesto falso. Pues los profesores están (y siempre lo han estado) fuertemente armados: de paciencia, de conocimientos y de pensamiento libre.

“Profesores armados”. Ilustración de Miguel Parra.

Empiezo por la primera de estas armas, tal vez la más poderosa de las tres. La paciencia no es sólo una virtud, sino un modo de acción serena, perseverante, tenaz. Es lo que permite llevar unos objetivos hasta su consecución sin necesidad de fuerza ni de heroísmo.

Y sin paciencia no hay ciencia, la segunda arma del profesor. Todo conocimiento aprendido y transmitido es recuerdo y genera probabilidad de acción y capacidad de decisión. El conocimiento permite combatir la ignorancia sobre la que se sustenta toda forma de tiranía.

Además, el conocimiento libera el pensamiento. Tener una opinión propia es el primer paso para dejar de ser esclavo. Y como dijo D’Alembert, no hay nada como la libertad de acción y de pensamiento para conseguir grandes cosas.

Los profesores ya estamos bien armados. Con una pistola en la mano, además de docentes, seríamos revolucionarios.

Etiquetas

Más artículos en esta categoría:

Un comentario

  1. Se nota que usted no ha residido nunca en Sudamérica y no sabe lo poco que vale la vida humana allí, las nimiedades por las que se puede arriesgar a recibir un tiro y la enorme inseguridad ciudadana que hay allá. Si lo supiera, si lo hubiera visto, no sería tan graciosillo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *