Amurallados

La profanación continua del callejero histórico

Va a hacer para cuatro años de lo que yo juzgo como un error. No, no me refiero ni a elecciones ni a partidos políticos, ese sistema ya entró en default (otro palabro de moda…) constante hace tanto, que uno ya ni lo recuerda. Hablo de la petición por parte de la Asociación de Vecinos del Centro Histórico de una calle para Santiago Zurita. Santiago fue, por si alguien no lo sabe, el salvador de la iglesia de San Mateo. Sus constantes actos para recaudar dinero y la visibilidad que le dio al asunto permitieron que hoy en día la iglesia siga en pie. Aún hoy continúa buscando fondos para restaurar la espadaña y las capillas laterales del templo. Sin duda alguna, todo un héroe del patrimonio jerezano, de esos de los que tan escasos andamos por estos lares.

Yo sé que Santiago va a entender perfectamente cuando digo que fue un error lo de “su” plaza, que está situada en la parte superior de la cuesta Espíritu Santo, junto al convento más antiguo de la ciudad. Cuando se solicitó, se reclamó por activa y por pasiva que no se debían retocar o sustituir ninguno de los nombres de calles de la zona intramuros. La plaza que ocupaba el Cine Astoria, que se había abierto hacía pocos meses y que no tenía nombre, parecía el lugar más sensato para lo que solicitábamos, pero el delegado de Participación de entonces, José Galvín, solamente nos dio la opción que al final terminó cristalizando, tras comprobar que esa placeta, que separa Espíritu Santo y San Ildefonso, no se encuadraba en ninguna de las dos calles anteriores. Por tanto, viendo que no se atentaba contra ningún nombre histórico, el acto se celebró y la plaza se nombró mediante la colocación de esos horribles cartelitos azules que están muy bien para las avenidas y las zonas más modernas, pero que en el casco histórico no pegan ni con cola.

Entonces aceptamos la alternativa que se nos dio, pero hoy lo considero un error. A Santiago le hubiera hecho la misma ilusión una calle en la periferia y sus logros se recordarían de igual manera, que es lo importante cuando se piden este tipo de cosas. Ya digo que, sin haber renombrado ni modificado nada según el nomenclátor oficial, no me parece correcto. También pienso que, a poco que hubiéramos sido un poco inconscientes, quizá hoy tendríamos la “Plaza del Mercado de Santiago Zurita”.

¿A que suena raro y a muchos os parecería indignante e inadmisible? Pues desde el domingo tenemos, y no es broma (ojalá), la “Plaza Melgarejo de José Reganzón Cosme, El Guardia”. Toma ya. No digo yo que el fundador de la banda de San Juan no merezca una calle, máxime valorando el trabajo que estas formaciones hacen por unos chavales que se dedican a la música en lugar de hacer otras cosas menos recomendables, pero de ahí a cambiarle el nombre a una de las plazas con más historia de la ciudad, va un trecho de incalculable extensión.

Por ejemplo, teniendo en el Pago San José todo un barrio con nombres de frutas y una plaza principal que se llama Macedonia (por el postre, no por el país), ¿no sería más soportable ponerle el nombre de este señor a una de esas calles o a la propia plaza? ¿Es que Jerez no es lo suficientemente extensa como para ponerle incluso su nombre a toda una avenida? Nada, cogemos y nos pasamos por el forro la historia del lugar y lo cambiamos por la cara. Total, si ya se hizo en la “Plaza Mirabal de Ramón Chaveli” o en “Pozo Dulce de Antonio Gallardo”, qué más da una más. Por la misma regla de tres, quizá habría que pedir la “Plaza de San Lucas de Fernando Quintana” o la “Plaza del Arroyo de Manuel Flores”, por todo lo que han aportado a la conservación del centro histórico, porque en la actualidad hay muy pocas personas que se merezcan tal reconocimiento en intramuros. Quizá haya que comenzar a pensar en la “Plaza Belén de la Peña Buena Gente”, ya puestos.

Son gestos que nos hacen perder identidad. Sí, eso que aquí parece que no se sabe lo que es porque los distintos partidos que han gobernado la ciudad durante décadas se han encargado de destrozarla. Perdemos referencias históricas, porque el callejero de intramuros refleja pasajes de la misma o elementos que una vez estuvieron ahí y que alcanzaron una importancia lo suficientemente grande como para nombrar una calle. Si nos dedicamos a profanar el callejero, perdemos esencia de Jerez. La ciudad se pierde toda ella un poco más en la ignorancia de sí misma. Es lo mismo que está sucediendo con el adoquinado, cada vez más sepultado bajo el asfalto o en un estado de abandono tal que justifique su pérdida. Y es que, claro está, los amortiguadores de los coches está por encima de todo, incluso del pavimento histórico. Y mientras, siguen perdiéndose lozas de piedra de Tarifa al mismo tiempo que desaparecen rótulos de forja o azulejos del XVIII, los mismos que alguna vez se han visto en el mercadillo de los domingos de la Alameda Vieja.

No sólo los palacios, las casas o las iglesias deben protegerse (en Jerez ni eso), sino que hay algo intangible que también encierra retazos de la historia de la ciudad. Y la historia de Jerez pertenece a todos, no a una sola persona para la que se ha solicitado el nombre de una plaza. Tenemos una Delegación de Patrimonio y una Junta Local de Patrimonio, ¿para qué? Pues por lo visto para mirar hacia otro lado mientras se profana la historia de Jerez como se profana la tumba de un muerto que no puede defenderse ni tiene a nadie que vele por él.

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