El dedo en la llagaOpinión

¿Problemas con la ley de Dependencia…? Fórmula Rajoy

El Partido Popular y su gran líder, M. Rajoy, han dado con la clave para resolver definitivamente el problema de la ley de Dependencia, que promovió Zapatero para paliar situaciones graves en decenas de miles de hogares españoles, en los que algún miembro no puede valerse ni sobrevivir si no es atendido las 24 horas del día. La solución es muy del estilo de Mariano. Se trata de no hacer nada. No se pagan las ayudas y, progresivamente, las personas afectadas que, además, no aportan ningún rendimiento a la sociedad, se van muriendo y se borran de las listas de demandantes: un problema menos. Para que luego digan que el PP no tiene respuestas fáciles e imaginativas para situaciones complejas.

Con las pensiones pasa igual. ¿Para qué revalorizarlas y que tantos viejos y viejas protestones vivan mejor? Al contrario, que sobrevivan mendigando. La buena alimentación, hacer excursiones, la calefacción en invierno y el aire acondicionado en verano alargan la vida, y así tenemos que seguir manteniendo una bolsa de población improductiva, que lo único que hace es reventar la hucha de las pensiones y aumentar la factura del gasto farmacéutico, pues no hay un solo anciano que no tengan en su casa un cajón de medicinas que cuesta un pico al Estado.

La educación es otro asunto importante que hay que resolver. La derecha lleva cabreada con el tema desde que el Gobierno de la II República decidió acabar con el monopolio de la iglesia católica, que controlaba la enseñanza e inculcaba a la población los valores castrantes del catolicismo. El PP lo tiene claro: se ningunea lo público y se potencia lo privado. Ya saben, la educación es “un arma cargada de futuro”, que diría el gran Gabriel Celaya refiriéndose a la poesía. Así que, cuanto peor educada esté la ciudadanía (y mejor dotadas las élites neoliberales), mas control social se ejerce sobre ella, más se la puede explotar y con más facilidad se alcanzan los objetivos del déficit público, que traducido resulta que haya más ricos y más pobres.

Una vez tuve un sueño de esos “justicieros” que me dan pírricas satisfacciones y que conté aquí en lavozdelsur.es. Eso que llamamos justicia romántica que, como la otra, tampoco existe. Un tío calvo, bajito, feo y con cara de ratoncito cabroncete, hacía cola en el comedor social de El Salvador. Sí, era Montoro. No me pude contener: ¡te jodes!

A lo mejor, vuelvo a tener otro de esos sueños en los que mi subconsciente se erige en juez y establece una pena ejemplarizante y romántica  a los culpables. Igual se me aparece algún ministro o ministra, o el propio M. Rajoy implorando una mano amiga que le lleve al baño

Este país está gobernado por un partido bajo sospecha de malos políticos y malas personas. No se explica si no que una ley que afecta a la capa más frágil de la sociedad no sea una prioridad y no se le dote de los recursos necesarios. Trescientas mil personas dependientes esperan ayudas miserables que les permitan vivir con un poco de dignidad situaciones de deterioros extremos por enfermedades irreversibles, por alzheimer, por patologías raras. Miles de ellos son niños y niñas, cuyos  padres aparecen alguna vez en televisión clamando ayuda que movilizan momentáneamente las conciencias de los vecinos del barrio. Y entre tanto, el Gobierno deja sin gastar 44 millones de euros del Presupuesto de 2017 para Dependencia que podrían haber paliado algunas tragedias. Cien de esas personas dependientes mueren diariamente en España esperando esas ayudas mientras el Gobierno de M. Rajoy destina 2.000 millones de euros al rescate de autopistas ruinosas, que construyeron empresas amigas y que, tras no cuadrarles las cuentas de explotación, reclamaron la pasta invertida, que vuelvan a adjudicarse y así seguir con el circulo vicioso, dicho en sentido literal.

A lo mejor, vuelvo a tener otro de esos sueños en los que mi subconsciente se erige en juez y establece una pena ejemplarizante y romántica  a los culpables. Igual se me aparece algún ministro o ministra, o el propio M. Rajoy implorando una mano amiga que le lleve al baño, le limpie las babas o le seque las lágrimas. Sí, hoy meto el dedo en la llaga enormemente indignado y no se me ocurre mejor final para este artículo que el que le oí hace un par de días a José María Izquierdo, en la SER, a propósito del aniversario del 11M y del relato de la autoría de ETA, que intentó vendernos  Aznar, el mentiroso de las Azores: ¡Mal rayo les parta a todos!

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