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Por las calles del olvido

Un paseo con el investigador José Antonio Cirera por algunas de las vías del centro de Jerez que se perdieron, por un motivo u otro, con el paso de los años.

Un paseo con el investigador José Antonio Cirera por algunas de las vías del centro de Jerez que se perdieron, por un motivo u otro, con el paso de los años.

Es común que con el tiempo algunas calles cambien de nombre, algo que se está notando más en los últimos años para aplicar la llamada Ley de Memoria Histórica. Otra cosa distinta, y mucho menos frecuente ahora, es que directamente algunas vías desaparezcan del mapa. Porque, ¿acaso conoce la calleja de Cerfate? ¿O la callejuela de Gibraleón? ¿Y la antigua calle Paraíso?

José Antonio Cirera es uno de los grandes conocedores de la historia de Jerez. Miembro y fundador de la Asociación Cultural Histórica Jerezana, autor de varias publicaciones sobre la ciudad y actualmente presentador del programa Puerta Real, de Frontera Radio, esta semana daba una conferencia en el Ateneo de Jerez sobre precisamente esas calles del centro de Jerez que han desaparecido del callejero por un motivo u otro. Horas antes de que impartiera su disertación, José Antonio recorre con lavozdelsur.es algunos de esos rincones, desconocidos para la gran mayoría.

El punto de encuentro es la calle Pozuelo, sede de este medio. Nada más arrancar, a escasos 50 metros, ya encontramos la primera extinta calle de nuestro recorrido. Estamos en la calle Santa Isabel. Una enorme puerta roja, con un escudo tallado en piedra en su parte superior y una placa en castellano antiguo nos hablan de tiempos pretéritos. El muro separa esta vía del palacio del Conde de los Andes, y por aquí, explica José Antonio, cruzaba la calle Comedias, que se enajenó el 24 de abril de 1780 y que desembocaba a los llanos del Alcázar, hoy Manuel María González. Aquí, además, tuvo su taller el imaginero italiano Jaccome Baccaro, autor de numerosos trabajos, muchos de ellos para la cercana Catedral, si bien su obra más conocida es la del Señor de la Flagelación de la hermandad de la Amargura.

Seguimos camino hasta González Byass rodeando la Catedral, donde ya señala Cirera que de por sí tuvieron que desaparecer muchas calles para la construcción de este templo. Las bodegas del célebre Tío Pepe, al igual que otras muchas en Jerez, tomaron para sí varias calles, antes públicas y hoy privadas. Esto en Jerez era normal. El crecimiento de las diferentes instalaciones bodegueras de la ciudad obligaba a ir tomándolas. Detrás del edificio del antiguo economato de la bodega, hoy en desuso, y dentro de la propia González Byass, se encuentra la calle Ciegos. Algunos podrían pensar que, estando en una bodega, este nombre se relacionaría con la ingesta masiva de jerez, pero nada más lejos de la realidad. Explica Cirera que en esta vía, en el siglo XVIII, existía una escuela para ciegos, una de las varias que existió en tiempos en la ciudad. Además, añade que buena parte del solar que ocupa hoy uno de los cascos bodegueros albergó el cementerio de la Colegial. Cuando González Byass la adquirió a medidados de los años 50, el dinero de la venta se destinó a arreglar el órgano del templo.

Sin movernos de González Byass, José Antonio nos indica otra calle perdida, la Cuesta del Cochino, que ha tenido varios nombres como Constancia, doña Brianda de Pavón, callejuela del Muro o cuesta del Oeste antes de denominarse Unión. Sin embargo, como recuerda Cirera, “siempre acaba prevaleciendo el nombre popular que le dan los ciudadanos”, de ahí que durante años se la conociera con ese singular nombre porcino por una historia que, nada menos, se remonta al siglo XV.

Según explica Cirera, esta cuesta era el lugar de paso del ganado que iba a sacrificarse al matadero que por entonces estaba en lo que hoy es el centro de negocios de San Agustín. Un pastor, que conducía una piara de cerdos, se dio cuenta de que uno se le había quedado rezagado en ese punto, pero con tal de que no se le desbandaran el resto, lo dejó allí para recogerlo posteriormente confiado en que lo encontraría. Nada más lejos de la realidad, porque alguien acabó viéndolo y llevándoselo a casa para dar buena cuenta de él. Pero esa búsqueda infructuosa del cochino acabó dando nombre a esa vía que tenía entrada por la calle Manuel María González y salida por la plaza del Arroyo. Hay que señalar que en el callejero de 1950 todavía aparecía como de uso público.

En total, hasta 50 vías ha llegado a enumerar José Antonio Cirera entre incomunicadas e incorporadas a fincas particulares, algunas en lugares tan emblemáticos como el Ayuntamiento, como la calle Lepe, que conectaba la plaza de la Yerba con la calle Letrados; o Roalabota, incorporada hoy al colegio de La Salle y que enlazaba Clavel con Valientes; o Cazorla, que pertenece actualmente al centro comercial Los Cisnes, con entrada por San Cristóbal; por no decir de la enigmática Rincón Malillo, ahora en parte recuperada gracias a la bodega Tradición, si bien un tramo es de uso privado.

En definitiva, calles y callejas de un Jerez de otro tiempo que mientras pervivan en los libros y en el conocimiento del pueblo no terminarán de perderse.

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