Opinión

Por la libertad de los pájaros… y de los presos: el proyecto educativo de Blas Infante

No es muy conocido el acto a favor de la libertad de los pájaros, organizado por Blas Infante y el Ateneo popular de Isla Cristina, en esa localidad, el 12 de diciembre de 1923. Tenemos noticias del mismo a través de la edición de noche del periódico El Heraldo de Madrid de ese mismo día, tercera página. También aparece en el semanario La Higuerita. La crónica es, al menos, curiosa. En esa jornada, el líder andalucista y los ateneístas reúnen a todos los escolares isleños y éstos leen públicamente unos trabajos que habían redactado sobre la importancia de cuidar a esos animales. Posteriormente, se procede a la suelta de “cientos” de ellos. Jaime Casanueva y Pedro Pallarés, miembros del Ateneo, pronuncian unos discursos. El acto termina con la petición de Ángel Grinda, secretario, de libertad para “los presos por faltas leves” por “encontrar muy propio en tal fiesta pedir también la libertad del hombre”. A los escolares se les regaló una sesión de cine, donde “rieron a rabiar”.

En este mes de agosto recordamos el fusilamiento de Blas Infante. Ya ha sido denunciado en numerosas ocasiones y por diversas asociaciones e instancias el desconocimiento acerca de su vida y obra entre los andaluces. Al silencio sobre su trabajo, se une la construcción de argumentos tergiversados que tratan de edulcorar, falsear su mensaje, y convertirlo en un político “transversal” descafeinado, de cuyas tesis cualquiera —ya sea de izquierdas, de centro o de derechas— puede asumir. Intencionalmente, se olvida su radicalidad democrática, su pensamiento liberador, contrario a cualquier régimen opresor o manipulador.

Uno de los apartados de su producción bibliográfica menos conocido lo conforman sus tesis y propuestas sobre la enseñanza. El año pasado, la Fundación Blas Infante y el Centro de Estudios Andaluces reeditaron su obra La Dictadura Pedagógica. Un libro donde la educación adquiere un gran protagonismo.

El periodo histórico que le toca vivir al andalucista, en lo que a la enseñanza se refiere, es convulso. El cambio de siglo trae consigo el replanteamiento de lo poco hecho durante el XIX, y la escasa e ineficaz iniciativa estatal es analizada desde las diferentes opciones ideológicas. En el caso andaluz, el panorama es peor al resto del Estado. Andalucía se incorpora al denominado “corredor del iletrismo” de la cuenca mediterránea sur, porque las tasas de analfabetismo duplican las medias de los países europeos. Faltan escuelas, docentes y recursos de todo tipo.

Un ejemplo de primera mano nos lo proporciona Luis Bello en su conocida serie de artículos publicados en el El Sol, y compilados en la obra Viaje por las escuelas de Andalucía, editada por la Consejería de Educación en 1998. Este periodista se dedica a visitar un elevado número de escuelas de todas las provincias andaluzas entre 1926 y 1929. Con sus crónicas obtenemos testimonios de primera mano, extraídos con entrevistas o a través de la observación directa. Escribe sobre la localidad de Santiago de la Espada, donde acude para descubrir las causas del 93% de analfabetos: “En este término existen veinte alcaldes de barrio analfabetos que pastorean cada uno a un rebaño de seres humanos, bajo las inspiraciones de un alcalde o cacique, que cuando no es un manigero cerril, se encuentra aislado en toda iniciativa meritoria”. Sus más de 400 páginas nos proporcionan una imagen muy cercana a la realidad educativa, muy conocida por Infante.

Los inicios del siglo XX suponen el desarrollo de alternativas pedagógicas. Frente al problema, las grandes ideologías proponen sus soluciones: la Escuela Nueva, la Escuela Moderna, la Institución Libre de Enseñanza y la Pedagogía Manjoniana son los ejemplos más destacados. Todos ellos aportan su visión de la enseñanza.

Blas Infante y el andalucismo proponen la suya. El elemento fundamental de sus ideas educativas es el concepto de libertad y, más concretamente, el de libertad de enseñanza. Así se traduce de sus obras y artículos. Lo hemos visto también a través de sus actos. Ese concepto lo entienden como medio para liberar a los niños y niñas de una escuela totalmente ineficaz y coercitiva. De un sistema inútil y doblegado a los intereses del sistema caciquil. Llega a escribir en sus manuscritos: “el hombre es un niño encerrado en la cárcel de la educación”. Hay que liberarlos, extraerlos de unos locales “como cuadras”, donde son objeto de una “bárbara pedagogía”, en manos de docentes con escasa formación.

La biblioteca de Infante —la que sobrevive al paso de los años de persecución durante la Guerra Civil y el franquismo— consultada a través de la web del Centro de Estudios Andaluces, da pistas de su interés por la educación y cómo estaba al tanto de las últimas propuestas. Descubrimos que estaba suscrito al Boletín de la Institución Libre de Enseñanza; era lector de Eduardo J. Abela, Catedrático jerezano de Agricultura, o que poseía el Emilio de Rousseau.

Con esas bases, no es de extrañar su defensa de un modelo educativo cercano a movimiento institucionalista, con algunos matices anarquistas: escuelas al aire libre, granja escuelas, escuelas de agricultura para convertir al jornalero en agricultor, escuelas de adultos para acabar con el analfabetismo, escuelas prácticas de ingeniería, a veces llega a reivindicar la “desescolarización”.

En definitiva, el andalucismo erigió una alternativa basada en los intereses y realidad andaluza. Ese es el principal valor: creó un proyecto educativo desde y para Andalucía.

Artículo de Manuel Hijano del Río, profesor titular de la Universidad de Málaga.

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