Ojo por diente

Polonia (y III)

A Polonia la hace infinita su historia.

La hace infinita Chopin y su perseverancia para vencer su propia timidez. Se dice que no alcanzó a dar en público más de veinte conciertos. Aún así, amó y creyó en lo que hacía. Y hoy los bancos de Varsovia, con ayuda de un botón, regalan su música a los que se sientan en ellos a contemplar la ciudad.

Polonia se proclama infinita por los habitantes del extinto ghetto de la capital; el único que tuvo la valentía de rebelarse ante la injusticia nazi. Rebelarse y morir o morir. Qué decides.

Polonia logra ser infinita por el respeto a su idioma. Aseguran que su gramática empieza a ser comprendida y asimilada una vez alcanzada la mayoría de edad en sus estudiantes.Y nosotros aceptando murciégalo como murciélago.

Polonia es infinita por hacer que sus iglesias -que no reciben nada del Estado- se vean obligadas, para sufragar sus gastos, a promover conciertos de música clásica en el interior de sus muros. Bach me entregó su fe y su amor, de una manera prodigiosa, por cinco escasos euros. Dale de comer alma al pueblo.

Polonia es infinita porque la soñaron infinita. Varsovia -destruida en un ochenta por cierto de su totalidad durante la guerra- fue reconstruida por sus supervivientes con la ayuda de los cuadros que pintó Bellotto doscientos años antes. El arte, sin duda, sacó a Varsovia del olvido.

Pero sería nuevamente arrasada si algo de ésto, por alguna razón, faltara. Como podría ser borrado tu pueblo, tu raza, tu casa o tu nombre.

Basta que rindas tu moral ante los salvajes que defenderán, con uñas y espadas, lo indefendible; basta que cuando ésto ocurra mires para otro lado, que sonrías al que ofende y que empieces a humillar al desgraciado. Basta que te hagas el inocente ante los inocentes o simplemente que no hagas nada.

Infinito o pasajero. Tú decides.

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