Cultura

Pol Tattoo: del grafiti efímero al tatuaje eterno

Uno de los tatuadores de referencia en Jerez, Samuel Martínez, cuenta todos los pasos que ha dado en el mundo del arte desde sus inicios con el spray por diversión, hasta convertirse en tatuador por necesidad

Entramos en lo que actualmente es su santuario. Las paredes están revestidas de dibujos de tattoos de la vieja escuela, figuras y retratos de personajes que aparecen en series de televisión. Gandalf, el mago gris de la saga de El Señor de los Anillos se encuentra al fondo con mirada brillante. El dibujo a pastel vigila a los trabajadores del negocio como si se convirtiese en su archienemigo, el ojo que todo lo ve. Esta es una gran parte del mundo de Samuel Martínez Morales, o más conocido a nivel nacional como Pol Tattoo. ¿Por qué Pol? “Mis amigos empezaron a firmar con nombres como Ricky Martin, Paul Newman, Chayanne… y a mí me gustó al final lo de Pol. Pero no tiene ningún doble sentido”. Pero nombres como el de Newman le definen, ya que en el mundo del tatuaje su terreno son las películas, los videojuegos y las series. No obstante, este tatuador realista no comienza su camino artístico aguja en mano.

“Pinté la cara de la alcaldesa Pilar Sánchez en el parque de bomberos y me lo tapó el Ayuntamiento al día siguiente”

Samuel, o Pol, nace en el barrio jerezano de La Cartuja en el año 87. Terminada la ESO empieza bachillerato de Arte, pero no llega a concluirlo: “Estuve unos años, pero estaba más tiempo fuera en la calle pintando grafitis que en clase”. Y así es como comienza a proyectar su arte, a través del grafiti. Teme decir su primer alias por si acaso lo fichan, pero finalmente cuenta que con 12 años se pasea con sus amigos por las calles dejando en cualquier recoveco la palabra ‘Swing’; “ese era mi nombre de vándalo”, manifiesta el joven artista. Dos años después, comienza a rodearse de personas “más mayores que ya no se dedicaban a firmar, sino a realizar murales más artísticos”.

Caos o Lauren -conocido como Desh- son algunos de sus referentes en este arte callejero. ¿Su primer mural? Relata que cuando estaba en el colegio, salta la valla con unos compañeros y pinta en el patio del Asta Regia la cara de su hermano pequeño en blanco y negro, “y creo que todavía está por ahí”, manifiesta dudoso. Así es como Pol inicia un ciclo de retratos realistas maquillando cualquier rincón de su ciudad natal.

En Jerez el artista recuerda dos de ellos, como por ejemplo el homenaje que hizo a su tierra en la fachada del supermercado en la avenida alcalde Jesús Mantara, donde aparecían monumentos y edificios históricos; o el mural denuncia que pintó cuando Jerez llegó a la cifra de 20.000 parados: “Pinté la cara de la entonces alcaldesa, Pilar Sánchez, en el mural del parque de bomberos y me lo tapó el Ayuntamiento al día siguiente”. Pero cuenta que fue un caso aislado.

Él se dedica sobre todo a hacer retratos con spray ¿cómo es que le da por dibujar algo reivindicativo? “Fue por tocar los cojones”, admite entre carcajadas, a lo que luego explica: “Realmente fue porque la alcaldesa se gastó un dineral en unos carteles que estaban por todo el centro de Jerez que decía: Ya somos 200.000 habitantes. Y también salió en el periódico que éramos 20.000 parados. Entonces… me lo puso a huevo”.

Una de sus últimas pinturas fue el retrato de Heisenberg, el protagonista de la serie Breaking Bad. Dibujo que sufrió algún que otro tachón, ¿se dan enfrentamientos por este tipo de actos? “Es común que te tapen el dibujo. Si te dedicas a hacer retratos, lo más normal es que le hagan un bigote o una polla en la boca”, comenta con su risa contagiosa. Ya no le molesta, está tan acostumbrado que le da igual. En parte, es una de las consecuencias del grafiti, un arte efímero. Pero “la gente que estropea ese tipo de obras callejeras, realmente no son grafiteros”, indica el artista jerezano. Son lo que en su día él fue, un vándalo que garabateaba por las calles por pura diversión. “A estas alturas ya no pasa nada, guardas la foto, que es lo que realmente importa”, concluye.

“La verdad es que los tatuadores son reservados a la hora de enseñar. El gremio es un poco celoso en ese aspecto”

En la calle su firma resuena a golpe de pintura, pero actualmente Pol es conocido nacionalmente por los retratos que perpetúa en la piel. En 2011 el joven jerezano cambia bruscamente su método a la hora de expresar su arte. De lo efímero a lo eterno. No varía su técnica, continúa con los retratos. Pero al quedarse su pareja embarazada, dice que “del grafiti no se podía mantener a un niño”.

Laura Gómez, ahora su esposa, es la que le regala las primeras máquinas, y Piki, otro célebre tatuador de Jerez, es quien le enseña a tatuar. “Piki fue el que me asesoró para tatuar, porque yo no tenía ni idea. Y la verdad es que los tatuadores son reservados a la hora de enseñar. El gremio es un poco celoso en ese aspecto”, señala. La dermis de sus vecinos y amigos es el primer lienzo de Pol, hasta que al poco tiempo empieza a trabajar en 2012 en el estudio donde hoy retrata. Gracias a la facilidad que tiene de trasladar una imagen exacta a la piel de las personas, Pol se ha hecho un nombre en el mundo de la tinta.

El artista logra un premio en una convención internacional de tatuaje celebrada en Oporto, “pero vamos, que fue una convención”, indica quitándole hierro al asunto. Es modesto, se siente como uno más, y cuando le preguntamos en qué momento llega a hacerse famoso, responde: “Bueno, a hacerme famoso…” No quiere resaltar sus galardones en el mundo del tattoo. No le parece importante, ni interesante. No quiere informar sobre ello, prefiere pasarlo por alto e ir a otro asunto.

Dicen que es uno de los mejores tatuadores del país, pero él, tímido y todavía sin creérselo, indica que no. No obstante, anualmente realiza una media de 500 tatuajes y es tan demandado que tiene una lista de espera de prácticamente un año. Por ello, sube de vez en cuando a Madrid, al estudio de un amigo a tatuar a personas que visitan la capital únicamente para que él dibuje en sus cuerpos. Acude gente desde Inglaterra, Alemania, Barcelona… y sobre todo del Norte de España, porque lo quieren a él. Buscan a Pol.

“A los que les gusta mucho el tatuaje, también le gusta coleccionar tattoos, o mejor dicho obras de cada artista. Si les gusta cómo los tatúas, se esperan un año y lo haces. Les da igual, es más por tener ‘la pieza de’”, comparte. El Rubius, el conocido youtuber español, es uno de los famosos que ha puesto su brazo como lienzo ante el joven tatuador. A día de hoy las redes sociales tildan a Pol Tattoo de “leyenda”. Y él, que solo porta dos tatuajes en el cuerpo -por pereza y porque tampoco le gustan mucho estéticamente-, confiesa que todavía siente presión y mucho apuro cuando trabaja con la aguja. No obstante, declara que se siente orgulloso de lo que hace cuando agradecen su trabajo: “La gente te admira”.

Pol manifiesta que lo que más detesta hacer son tattoos comerciales, como por ejemplo el símbolo del infinito, las huellas de perro, fechas, frases… comenta que son tatuajes en el que el artista apenas puede expresarse, son aquellos en los que hay menos mano de obra. Por otro lado, contesta que lo más raro que ha hecho hasta ahora ha sido el retrato de la ya fallecida Duquesa de Alba. “Todo por una apuesta, si se dejaba tatuar la cara de ella, lo tatuaba gratis siempre”, indica. En ese mismo momento, por arte de magia, Juanito Golondrina, el desafiado, aparece del interior del estudio, se levanta el pantalón del muslo izquierdo y muestra la cara de la noble. No es ficción, aquí los tratos se cierran con saliva y tinta.

“Cuando empiezo a tatuar realmente no me gusta. Me encantaría dedicarme más a la pintura que al tatuaje”

No todo en la vida de Pol son los tatuajes, como dijimos anteriormente inicia el oficio por necesidad, no por pasión. “Cuando empiezo a tatuar, realmente no me gusta. A mí lo que me gustaba era pintar, y lo sigue siendo. Me encantaría dedicarme más a la pintura que al tatuaje”, revela. Ya sea al óleo, pastel o acrílico. Así es como más disfruta. pero admite que actualmente lo que le da de comer es la aguja y la tinta. “Hoy día hay mucha gente que le quiere comprar cuadros, pero es cierto que le da mucha pena venderlos, y siempre que los da, se arrepiente”, señala su mujer, a lo que él añade humildemente: “Yo con poder pintar y vivir de ello me conformo, no quiero nada del otro mundo”.

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