Voz Pópuli

Pobreza en Jerez: hay un ‘homo jerezanus’ que me asusta

El Análisis.

Por Alfonso Saborido

No hay un día en el que salgas a la calle en Jerez y alguien no te pida por necesidad. En los hipermercados te encuentras con organizaciones como el banco de alimentos que de vez en cuando piden ayuda para sus almacenes. A través de los medios, frecuentemente se te pide ayuda para Cáritas o para el Comedor del Salvador. Desde asociaciones de distintos tipos, también se pide ayuda para recoger alimentos. No, no ha pasado el huracán MitchEs la crisis que pasaba por Jerez y se quedó.

El límite llega cuando te piden dinero por la calle. Hace unos días, en una gasolinera de Jerez una mujer vendía papeletas para darle de comer a su hijo enfermo. Una mujer como tú y como yo. No, no era inmigrante. No era extranjera. Era jerezana. Cómo tú. Cómo yo. Cada vez hay más pobres en esta ciudad. Cada vez hay más gente a la que no le queda ningún recurso. Por eso, cada vez cuesta más pedir. ¡Son tantos los sitios ya desde los que se nos pide ayuda! Esa ayuda que siempre se les pide a los mismos.

Tienes la sensación de estar siendo exprimido. Quieres ayudar pero no puedes más. Tú mismo cada vez sientes que tu economía está peor. Quieres pero no puedes. Decía una señora: ‘Yo antes daba alimentos para Cáritas, pero es que ahora se lo tengo que dar a mis hijos’.  Tu bolsillo ya no da más, y duele, porque ya no das de lo que te sobra, das de lo que tienes. Pero la culpa, ay la culpa, quién te quita la culpa que sientes cuando no das aunque no puedas. Cuando tomas una cerveza fuera de casa y sabes que muchos no pueden tomarla. Cuánto cuesta pedir. Cuánto cuesta pedir no siendo para ti mismo. Ni me imagino lo que tiene que ser pedir para ti. Cuesta. Y lo peor, es que siempre nos encontramos al metepata, al malage, que todo lo ve negro y te jode todo el trabajo que has hecho en cinco minutos.

Sí, pobres. Pero no les falta el paquete de tabaco ni el móvil, dicen. Hay una especie de homo jerezanus que me asusta. Ese que no le basta ver al pobre, al nuevo pobre de Jerez con sus característas actuales. Ya saben: con un buen coche, una buena casa, pero sin dinero porque han perdido el trabajo. Vivían muy bien, hasta que se acabó. Porque no tenían ahorros. ¿Quién tiene ahorros hoy día? Nadie. Se acaba el sueldo. Se acaba la vida. No tienes nada. Pero al homo jerezanus le molesta que sigan teniendo. No pidas hasta que vendas lo que tienes. Quédate sin coche, sin casa. Sin móvil. No fumes. No bebas. No le compres a tu hijo una hamburguesa de un euro en McDonald’s. Sé pobre como los de siempre. Como doña Esperanza: pobre de pedir. 

¡Qué hubieran ahorrado, qué ha habido mucho abuso!, dicen. Esos son sus gritos de guerra. No parece sino que la crisis viene por los ‘abusos’ de quien quiso vivir bien, solamente bien,  y no por el insaciable vampirismo de los mercados. Necesitan ver al pobre con carnet, porque los pobres siempre han dormido en el portal del BBVA en la calle Larga. Tú no puedes ser pobre viviendo en esa casa y teniendo ese coche. Me pregunto también porque este homo jerezanus gasta sus fuerzas en destrozar una campaña de petición de alimentos. Un comentario como que fulanito va a recoger alimentos de Cáritas y luego se va a tomar café, hace que quien iba a dar no dé. O lo que es lo mismo, que quien iba a comer, no coma.

Y así pasan los días en este Jerez en crisis, que no se recupera, que está en coma pero sin comer, hasta no se sabe cuándo y sin saber a qué lugar nos dirigimos. En la buena dirección dicen. Y un cuerno, con perdón. Sin un trozo de pan que llevarse a la boca para muchos. A ver cómo sujetamos los cuerpos de estos jerezanos y jerezanas que se nos están a punto de caer, que se nos van a desplomar al suelo por hambre, como el templo de Santiago, pero sin nadie que los rehabilite por el procedimiento de urgencia, ni con eucaristías en la calle, ni con nadie que te cante un alabaré, porque en estos tiempos que nos han dejado, ni el pan ni el circo ya nos funcionan.

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