Gastrovoz

Perú cabe en un pequeño local de la calle San Agustín de Jerez

El hostelero local Arturo Sánchez regenta junto a su pareja, la cocinera Roselen Vera, un gastrobar llamado 'Las tierras de Arturo', donde fusionan comida sudamericana y española

“Mi ilusión era montar algo en el centro”, dice Arturo Sánchez, un jerezano que lleva toda su vida dedicado a la hostelería. Desde muy pequeño se arrimó a los fogones y no se ha separado de ellos. La falta de trabajo hizo que, de joven, pasara nueve años en Castellón, donde aprendió a hacer arroces, su especialidad. “Aunque le doy mi toque andaluz, utilizo vino de Jerez”, confiesa. Su maestro fue el chef Paco Navarro, con el que coincidió en el restaurante La Lonja, que fundó el propio Arturo.

Este emprendedor jerezano, que abrió un tabanco en el centro que duró unos meses abierto, se ha lanzado de nuevo a la aventura con Las tierras de Arturo, un gastrobar especializado en comida peruana y española. La pareja de Arturo, Roselen Vera, es de origen peruano y la artífice de que se haya decidido por esta fusión culinaria. “Ella es quien hace los platos peruanos, yo sigo aprendido”, señala Sánchez, cocinero del establecimiento. El local, situado junto a la rotonda de la calle San Agustín, está decorado con motivos peruanos, con un mural gigante del mítico Machu Picchu cubriendo una de sus paredes.

El plato llamado Corazón de Roselen, dedicado a la propietaria del negocio. FOTO: MANU GARCÍA

Roselen conoció a Arturo cuando aun vivía en Perú, donde regentó un restaurante con su nombre durante nueve años, hasta que lo traspasó a uno de sus empleados y decidió hacer las maletas para venirse a Jerez. La peruana fue quien convenció al jerezano de que sería buena idea “unir las dos cocinas”. Ella se encarga de elaborar el ceviche —pescado, ají limo, limón, cebolla, cilantro, pimienta, caldo de pescado y sal—, el plato más demandado, aunque también tienen otros como el lomo saltado —carne de vaca argentina, arroz cocido y patatas fritas—, el anticucho —una brocheta con el corazón de la ternera macerado—, o las patatas a la huancaína —con una salsa a base de queso fresco y ají amarillo—.

“Tenía ganas de empezar algo y nos decidimos por experimentar con platos peruanos”, cuenta Arturo, que ha visitado Perú en dos ocasiones para aprender los secretos de sus recetas. A la artífice del negocio le ha dedicado un plato, llamado Corazón de Roselen, un revuelto de carne ibérica, con boletus, un fondo de salmorejo y jamón de bellota con forma de corazón.

Arturo Sánchez, explicando los platos de su carta. FOTO: MANU GARCÍA

Arturo se considera un amante de los vinos de Jerez, por eso lo intenta incluir en sus creaciones, sobre todo en los arroces, “que tienen fama”, señala, de hecho ha arrastrado a muchos antiguos clientes hasta su nuevo negocio precisamente por eso. ¿Su especialidad? “El arroz negro dicen que me sale muy bueno”, apunta, aunque todos los días elabora uno diferente, pero también platos típicos locales como berza o carrillá.

El negocio, de momento, está funcionando muy bien, confiesa Arturo, quien asegura que el secreto es simple: “Tratar bien al cliente, y volverá”. La intención de sus propietarios es ampliar el local si sigue teniendo tan buena acogida. La carta de Las tierras de Arturo la complementa una lista de cócteles, entre los que están los mojitos o la piña colada, pero también algunos originarios de Perú, como el Machu Picchu —que lleva pisco (una especie de aguardiente de uvas), menta, granadina y zumo de naranja— o el Pisco sour —pisco y zumo de limón—, con los que acerca un poco la gastronomía del país sudamericano a Jerez.

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