Opinión

Participar en las guerras tiene un coste

He firmado este manifiesto por una coalición electoral de izquierdas (partidos ecologistas, andalucistas, del 15M, de Izquierda Unida, etc.) que quieren un cambio para Andalucía. Yo también quiero ese cambio y a esas formaciones coaligadas pienso votar. Pero lo haré con un “pero” que quiero hacer público aquí. Que este manifiesto no mencione el grave problema de la militarización de Andalucía me parece mal. Los andaluces y andaluzas no solo somos gentes sencillas que queremos trabajo, educación y viviendas dignas. También aspiramos a un mundo en paz y, por supuesto, sabemos acercar un pedazo de pan a la boca de quienes, arriesgando sus vidas, se echan al Mediterráneo para buscar una esperanza. La Paz y la Solidaridad, de las que este manifiesto no habla, son señas de identidad de Andalucía, como los colores de su bandera verde y blanca expresan claramente.

Fabricar armas de guerra para Arabia Saudí no es asumible y, además, es un peligroso agujero negro por el que el ideal andaluz se destruye. Ningún andaluz ni andaluza asume, en conciencia, que se le someta a un trabajo que sabe que será usado para sembrar muerte y destrucción en otros países. Esta es una humillación inmensa. Esta es una situación de esclavitud mucho más que dolorosa y desesperanzada. Las bases militares extranjeras atentan, de frente y por derecho, contra nuestra cultura de paz y de solidaridad. Nada más contrario a nuestra forma de ser que esas industrias de guerra y esas bases militares y lo que se hace desde ellas.

Voy a votar Adelante Andalucía, pero en la confianza de que todas las personas que apoyen esta candidatura por un cambio real para la mayoría no olviden, no olvidemos, que si no es en paz y en solidaridad Andalucía misma no es posible ni como presente de cambios concretos ni como horizonte de esperanza. Porque hace unos días, parece que a instancias de la ministra de Defensa, el Gobierno de España ha declarado que podría denegar el permiso de exportación de 400 bombas de precisión (de fabricación estadounidense y propiedad del ejército español) con destino a Arabia Saudí —que ya abonó a España por ello 9,2 millones de euros—, formándose un gran revuelo mediático y un debate de fondo acerca de nuestra participación en las guerras.

Al igual que en la cuestión de los movimientos migratorios y nuestra capacidad de respuesta solidaria para la acogida, en el caso de la fabricación y/o exportación de armas para las guerras lo que está en juego es, efectivamente, aparte de la vida de miles de yemeníes, nuestro respeto a los derechos humanos y nuestras convicciones éticas. ¿Es posible una sociedad democrática, es decir, respetuosa con los Derechos Humanos, si nos vemos obligados a fabricar o exportar armas de guerra para países en dictadura y en conflicto armado abierto con otros países como es el caso de Arabia Saudí?

El racismo y la xenofobia, de la mano de una ultraderecha que en toda Europa ha avanzado de unos años a esta parte, van abriéndose paso con el simplista, oportunista y falso argumento de que “nos invaden y nos ponen bombas”, atribuyendo sin más a millones y millones de seres humanos las acciones políticas de unos muy pocos cuantos, sin duda descerebrados, que han puesto bombas en puentes, avenidas o salas de fiesta en Europa. ¿Y ahora somos nosotros quienes enviamos 400 a Arabia Saudí para destinarlas a la guerra con Yemen?.

El caso, el importante caso que estamos tratando, es que ahora Arabia Saudí –el quinto mayor comprador de armas españolas– podría contestar al estado español con un “bien, de acuerdo, suspendamos también el contrato de la construcción de cinco buques para nuestra Marina de guerra”. Aunque, como es sabido, el Gobierno del PSOE no ha tardado mucho en decir que no pondrá en peligro el multimillonario contrato de Navantia para la fabricación de buques de guerra para Arabia Saudí. Efectivamente, del PSOE que nos metió en la OTAN de forma indigna y que nos plantó el escudo antimisiles en la base de Rota pero llenándose la boca, al mismo tiempo, con la mística “alianza de civilizaciones”, ¿qué podemos esperar?

La actitud de Podemos en Cádiz y en Andalucía parece decantarse también a favor de las demandas de empleo de los trabajadores de Navantia en la Bahía de Cádiz, sin tener en cuenta el peligroso compromiso que significa vender armas a un país en dictadura y en guerra como Arabia Saudí. Pero nadie puede aprobar, en su conciencia, en su fuero interno, mirando de frente al espejo de su propia ética, la fabricación de armas para las guerras. Creo que la mayoría de los gaditanos también piensa que esos buques de guerra no deben fabricarse en Navantia. La posición de los trabajadores que reclaman ese tipo de carga de trabajo es comprensible debido a la feroz situación social de desempleo que se padece en la provincia de Cádiz, pero no es asumible políticamente por nadie, no es aceptable éticamente y no es viable desde el punto de vista de los derechos humanos.

La posición política de la monarquía española (Juan Carlos I y Felipe VI) a favor de Arabia Saudí es un atentado contra la democracia. Del PSOE, aparte del inocente gesto de Margarita Robles, no espero nada. El PSOE, el partido de la engañosa frase “de entrada, OTAN no” acaba de comprobar cómo otro submarino nuclear de EEUU recalaba recientemente en Gibraltar… ¿un nuevo ataque USA en Siria?. Por centésima vez ha aparecido un submarino nuclear estadounidense (que ha tenido alguna fuga radiactiva no hace mucho) en el puerto militar de Gibraltar, tal como han denunciado los grupos ecologistas-pacifistas de la zona.

En abril pasado los hábiles diputados socialistas de la provincia de Cádiz alzaron su voz (las pocas veces que esto ha ocurrido) ante el Gobierno de Rajoy para que abordara la cuestión de los submarinos atómicos en Gibraltar. A ver si ahora que el PSOE está en el gobierno podemos llegar a una solución a esta cuestión tan grave para la seguridad humana y para el medio ambiente en toda la región del Estrecho de Gibraltar.

Recordemos —por su importancia histórica— la manifestación de Andalucía contra las armas nucleares y contra el submarino británico Tireless averiado en Gibraltar en el invierno 2000-2001. En definitiva, con el PSOE en el Gobierno, España seguirá tratando de vender armas de guerra a Arabia Saudí. Aunque ya veremos qué es lo que los orgullosos saudíes hacen, responden y deciden ahora.

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