Jerez

“Párteme la cara y déjame en paz”

Una familia jerezana denuncia en el Juzgado al instituto donde estudia su hijo de 13 años por acoso y por la "inactividad del equipo directivo", ya que desde que comenzó el primer incidente grave, el problema no se soluciona. La Dirección lleva a cabo una vigilancia extrema en el centro educativo

Una familia jerezana denuncia en el Juzgado al instituto donde estudia su hijo de 13 años por acoso y por la “inactividad del equipo directivo”, ya que desde que comenzó el primer incidente grave, el problema no se soluciona. La Dirección lleva a cabo una vigilancia extrema en el centro educativo. Así lo publica el periodista Francisco Méndez.

“En la casa de esta familia jerezana el ‘tema’ siempre es el mismo. El ‘problema’ está presente desde el momento del desayuno hasta la hora del beso y las ‘buenas noches’. El niño estaba feliz en su colegio de Algeciras, pero por motivos laborales la familia tuvo que hacer cambios y el del instituto…, ha resultado ser el más doloroso para todos. Andrés y Luisa (nombres ficticios) no disimulan cierto sentimiento de culpa por haber cambiado a sus dos hijos (niño y niña) de colegio. La situación escolar del mayor —dicen— es insostenible”, narra Méndez.

Con la ayuda de los cinco alumnos repetidores que están a su lado sería más fácil para el grupo aprender a decir, por primera vez, en francés: “S´il vous plaît” y “Merci”. Sin embargo, en su nueva clase de Primero de la ESO esto no es tan sencillo. A él no le superan en buenas notas, pero sí en tamaño y en edad. Al menos tres de los compañeros han repetido dos veces y no es, precisamente, con la lengua de Molière con la que insisten los muchachos en resolver los problemas entre ellos, desarrollando la dramaturgia escolar diaria, mientras andan con sus “asignaturas pendientes” por el patio; por las clases, o por unos baños que de vez en cuando delatan olor a humo. Estamos en un instituto público de Educación Secundaria Obligatoria de Jerez.

Luisa dejó constancia por escrito de los primeros incidentes. Y de los que llegaron después, también. Recién comenzado el curso escolar, uno de los cinco presuntos alumnos acosadores se bajó los pantalones y le pasó la camiseta a su hijo por los genitales mientras el resto de la clase reía a carcajada la escena. Desde entonces —dice esta madre— su niño viene padeciendo insultos, lesiones, de carácter leve, vejaciones… Según Andrés, la tutora simplemente les respondió que su hijo “se tenía que espabilar”. “Consejo” similar que tuvieron que volver a escuchar, esta vez, por boca del propio director del instituto: “Esta es la realidad y tenían que asumirla”.

Cuenta nuestro joven protagonista que un día fue a hablar con su maestra. —“Le conté que un niño de la clase había sacado una navaja. Iba persiguiendo a otro. Eso ocurrió al principio. Ella nos dijo que lo arreglaríamos. Supogo que lo arregló. Yo hice lo que tenía que hacer, decírselo, pero creo que no habló con aquel niño porque volvió a sacar la navaja más adelante y además cogió un mechero y se puso a quemar el pelo a otro niño. No es que ardiera la cabeza (quiere dejarlo claro) pero ¡le chamuscó el pelo!”—. También Andrés informó de los sucedido al director y expulsaron al agresor durante unos 20 días.

“Son cinco los que me fastidian y cuatro tienen seguimiento. El de la navaja se arregló, ¡por suerte!…, si no serían seis. Ese (el de la navaja) es el peor de la clase. Los maestros no le dicen nada. Él se pone a escuchar música con los cascos al final de la clase y no le dicen nada. También come quicos y fuma. A él le da igual todo. Al que me acosa no le he visto fumar pero sí amenazar con “reventarle la cara al maestro”. Él piensa que los maestros le tienen miedo. Me cansé de ir a la tutora… Es deprimente, pero he aprendido más en este colegio de los tipos de cigarros y drogas que de las asignaturas. El nivel es bajísimo. En clase de matemáticas me cuesta no dormirme”.

Andrés, funcionario, está pendiente de la pequeña de la casa que quiere jugar con ‘Chispi’ —el conejo mascota de la familia— mientras que el hermano mayor continúa expresando con asombrosa madurez lo que está padeciendo en su día a día. Él ha querido hablar con el periodista y el padre así lo ha autorizado por escrito. También lo ha hecho su madre, que en estos momentos se dirige a su trabajo para hacer la guardia en un hospital. Son una familia plenamente estructurada y ahora marcada por lo que están sufriendo.

¿Qué es lo que más te gusta del cole?

… (se queda sin palabras)

¿Algún amigo que sea: “buena gente”?

No…, no muchos.

¿Estás feliz en el cole?

Bien…, no estoy (…) Si no estuviese (pasando) nada de lo que está pasando, yo estaría bien. No me dejan tranquilo nunca. Todo el día pasa algo nuevo. ¡Contarte todo me llevaría aquí un año! Una vez me rompieron la chaqueta, me cogieron del cuello, se ponen a insultarme, me llaman enano, gilipollas y un montón de cosas… Un día le dije a uno que si iba a partirme la cara que me la partiera y me dejase en paz.

¿Tú has hablado con el director, verdad?

Lo que tenía que decirle al director ya se lo he dicho, más de una vez, y no sólo al director.

Los padres pidieron al director un cambio de aula. La petición fue rechazada. Más tarde pusieron una denuncia ante la Guardia Civil por lo que la Fiscalía de Menores tuvo que intervenir. El pasado jueves, incluso, denunciaron los hechos ante el Juzgado de Instrucción número 3 de Jerez de la Frontera. La situación se ha vuelto insostenible por las medidas de vigilancia extrema a las que está sometido el niño. “Tengo que esperar –dice con resignación— junto a un profesor que me acompaña hasta para ir al baño. Ningún compañero quiere ir al final conmigo y con el profesor que me acompaña cada vez que me tengo que desplazar. ¡Claro, nadie quiere ir con un maestro! Me siento muy vigilado. Incluso vigilándome no sirve de nada. También me han acosado. Siempre son los mismos, pero en concreto uno que siempre está molestándome. Estoy cansado ya. Quisiera un colegio con nivel, en el que no me aburra en clase; quisiera tener mis amigos y hacer una vida normal y ser feliz”.

La Delegación Territorial de Educación en Cádiz, por el momento, ha rechazado hacer declaraciones. Andrés y Luisa piden ayuda. La delegada territorial de Educación, Remedios Palma, está al tanto de este caso. Ellos están muy agradecidos por haberles recibido y escuchado. Sin embargo, sospecha Andrés que aquella reunión parece haber molestado al responsable de Inspección. “El tema del acoso —insiste— no puede tratarlo el equipo directivo del centro, porque tiene sus intereses. Es necesario que alguien ajeno al instituto escuche lo que está sucediendo y, sobre todo, que cambien el próximo curso a mi hijo de ese sitio hostil, por el ambiente que la propia Dirección ha creado”.

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