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A ellos la cultura y el arte les causa problemas siempre que tenga una vocación reivindicativa.

A ellos la cultura y el arte les causa problemas siempre que tenga una vocación reivindicativa. De ahí que siempre, en sus presupuestos, estas partidas se vean afectadas. Aplican el liberalismo, la ideología más radical que existe, para que el Estado no sea quien subvencione a los artistas de este calado. ¡Tranquilos! No hablaré de fusilamientos ni exiliados. No digo que la derecha o los potentados no hayan hecho nunca nada por la cultura. El mecenazgo ha sido muy importante para que el arte prospere, y tampoco seré yo quien diga que sólo se ha de hacer arte con una vocación política que remueva las conciencias de los más oprimidos.

En el arte Sacro, hay verdaderas maravillas y desde las cantatas de Bach a la Capilla Sixtina pasando, en otro orden, por el arte moderno, que un servidor no comprende demasiado, hay obras que en lo espiritual y en su esencia deben ser apoyadas, aunque, repito, no se enfoquen en el terreno de la lucha de clases. Pero Saldaña se aplica una máxima muy de moda ahora: regocijarse en su incultura y mofarse de quién está instruido. Se dedica a poner estos temas como secundarios e intrascendentes y hace burlas sobre ellos. Ese es el problema. Su regocijo. Ojalá tuviéramos tiempo para dedicarle plenos enteros desde Sócrates a Sartre. Pero para que esto pase quedan años luz, precisamente por personajes como el candidato de la derecha.

Están inmersos en la creencia de la tecnocracia más maldita, donde las humanidades, la historia y la filosofía pintan menos para un político del PP que una bocina en un avión. Pueden comprobar como en sus reformas educativas sus propuestas están enfocadas a la producción y a la especialización de lo que le conviene a empresarios y banqueros. Olvidando lo que el ser humano demanda de verdad o debería, en mi opinión: la realización absoluta en lo artístico y en lo espiritual. Como si el mensaje que quisieran transmitir es que tener un doctorado en Historia o Filosofía es algo que está bien, pero que a la larga debe quedar como una afición autofinanciada.

Recuerdo una escena de la Lista de Schindler donde entregaban una tarjeta a cada judío antes de entrar en el gueto de Varsovia, donde se especificaba la ocupación profesional de cada individuo. En unas mesas del horror, un soldado alemán mandaba a los trenes de la muerte a quienes consideraban menos productivos. Un profesor mostró su tarjeta y el nazi al ver que enseñaba humanidades, no pensó por un momento mantenerlo en el gueto o en la fabrica de Oskar Schindler. Su contable, Isaac, intermedió por el profesor engañando al soldado y haciéndole creer que el viejo judío era un operario preciso y útil para la fábrica. Le cambió su tarjeta por otra. Eso le salvó la vida.

No se me alarmen, no pongo a Saldaña de nazi. Solo quiero transmitir una pregunta: ¿Hay algo más importante que el arte y la filosofía? Esa debe ser nuestra meta, inmersos en el mayor ocio posible, donde el estado cuide las ciencias y las letras por una vocación humanista y no por un sentido económico. Que cada vez más y a mayor velocidad sólo repercute en unos pocos.

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