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Emilio Rosales presenta en la Luna Nueva su nuevo libro de poemas ‘Árbol que crece en la ceniza’, publicado por la editorial La Isla de Siltolá. El autor analizó las claves estéticas y filosóficas de su poesía y leyó una selección de poemas.

La librería La Luna Nueva acogió esta semana la presentación del poemario Árbol que crece en la ceniza (La Isla de Siltolá, 2018), de Emilio Rosales. El escritor es profesor de Estética en la Universidad de Sevilla. Ha publicado varios ensayos sobre temas literarios, como Baroja, la novela como laberinto (2012), y sobre la estética y los medios de comunicación, como Imagen artística, imagen de consumo (2009). Este es su cuarto libro de poesía. Ya había publicado Tierra adentro (1994), El libro de las transformaciones (2002) y Oye al viento cantar (2009).

Emilio Rosales volvió hacia atrás, al principio de todo, para explicar su poesía. Hay personajes legendarios que definen el sentido originario de lo poético, aedos, bardos, druidas o chamanes. Son seres que hablan con los animales y los dioses. Una de esas figuras es la del poeta, cantor y mago Orfeo: “Mi poesía quiere ser fiel al sentido órfico de lo poético”. En Orfeo y Merlín observamos una identificación con la naturaleza. Para Emilio esa es la esencia de lo poético, unir a través del símbolo y la metáfora: “Esa intimidad con la naturaleza, esa identificación con lo radicalmente otro es el fundamento básico de mi poesía”. La palabra creadora, símbolo y música, restaura en el poema la unidad perdida. Reúne lo que las clasificaciones separaron. Esa es la esperanza del poeta.

Y ese impulso órfico va más allá. Se trata de rescatar del olvido lo que una vez amamos, como hizo Orfeo con su música para recuperar a Eurídice… La poesía, para Emilio Rosales, tiene sus raíces en la memoria y en el poder salvador del amor. “Sin la poesía, la vida se desmadeja”, de ahí que necesitemos la función creadora de los poemas. Pero esta dimensión órfica de la poesía, encantadora y afirmativa, también posee un lado trágico, como nos muestra el mito: “Al final, después de la aventura del nombrar y del cantar, la poesía nos devuelve al abismo donde el tiempo rompe sus juguetes”. Al llegar a la conciencia de su límite y ver que no puede alcanzar su promesa, la poesía convierte ese fracaso en una afirmación de la vida y en una compasión ante todo lo vivo, ante la fragilidad y el sufrimiento de todos los seres. Emilio Rosales destacó el papel esencial de esa compasión en toda su obra poética.

Se considera un poeta expresionista. La tensión entre la conciencia del dolor y la afirmación del deseo lo conducen hacia la expresividad. Más que la serenidad y la armonía, sus poemas nacen de otros valores estéticos, como la visión, la emoción y las imágenes de fuerte contraste: “Luces y sombras, nada de grises”. Emilio Rosales se siente muy cercano al simbolismo y al expresionismo. Por eso se aleja del clasicismo y el realismo de las últimas tendencias. No le interesa realizar una poesía que sea mera noticia, simple relato de lo que ocurre. Su relación con la naturaleza también le ha distanciado de esas últimas corrientes poéticas. Reconoce que en sus poemas simplemente intenta ser fiel a su vida, a lo que él es. Por último, también se aleja de la reducción del lenguaje poético que podemos observar en la poesía reciente. Se ha intentado despojar al lenguaje poético de todos sus recursos simbólicos y sonoros. Quizás este deterioro lingüístico se corresponda con el empobrecimiento de la experiencia estética de las últimas décadas. Sin metáforas y símbolos es imposible captar ese fluir de la nada, esa metamorfosis de las imágenes…

Árbol que crece en la ceniza es el cuarto libro de poemas que publica Emilio. Es el primero que presenta de forma voluntaria. Ahora quiere presentar sus poemas porque cada vez tiene más claro que el poema verdadero es el recitado, muy diferente del escrito: “El poema es un objeto sonoro”. Cree que es un error perder la oralidad en la poesía. Este volumen que ahora presenta está dividido en cuatro libros: Caminar ligeramente sobre la Tierra, Pareja que regresa, Tenue sombra y Otros poemas. El libro se abre con una cita de William Blake: “Conversing with the Animal forms of wisdom”. Este autor ha influido mucho en la obra de Rosales, sobre todo los poemas de la inocencia. “La cita define muy bien el libro y mi poesía”, explicó Rosales. El título del primer libro, “Caminar ligeramente sobre la Tierra”, es un lema de la filósofa Barbara Ward. “Ella creía que los países ricos no pueden desarrollarse sin compartir. Y en ese compartir se debe incluir también a lo no humano”. Emilio Rosales leyó varios poemas de cada libro. O lloramos por todas la cosas o la naturaleza llora por nosotros…, dos tradiciones que confluyen para hablar de amor, amistad, recuerdo, madre, naturaleza, inmortalidad…

(Mono no aware)

Del suelo estéril tomo lo marchito.
Del hilo del instante,

del hilo de la araña lo recojo.
Cada hojita del trébol.
cada flor de la escarcha.
Recojo cada pluma
del ave que ha partido.
Lo simple, la pequeña piedrecita,
el grano diminuto que mañana
el tiempo habrá enterrado.
Cada huella, recojo cada grito
del grillo en el verano, cada giro
del vuelo de la alondra, cada pétalo
caído del otoño
de la rosa. Recojo lo olvidado.

Haz que cante por ellos, no por mí,
la palabra ya muerta.

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