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Nos dejaremos la piel en el intento para que el Palacio Pemartín siga siendo el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco.

Marzo de 2018. Uno de los arrendatarios que todavía quedan en el Zoco de Artesanía de Jerez se lamenta por las lluvias del fin de semana. Su pequeña tienda y almacén se han llenado de agua. Las obras de la plaza Belén no perdonan. Las voces de algunos de los expertos que hace más de una década proyectaron la fallida Ciudad del Flamenco alertan sobre el problema de la capa freática. Un enorme barco, que costó literalmente más de una millonada, está enterrado ahora en el fondo de la plaza Belén. Su utilidad no era otra que evitar precisamente la inundación de lo que fuera la Ciudad del Flamenco. El Zoco de Artesanía, como es obvio, no está protegido ante tal adversidad y ahora los fantasmas vuelven a aparecer.

Algunos políticos olvidan, o mejor dicho, ni siquiera conocen. No preguntan ni estudian sus propuestas porque no les interesa. Es la dictadura a golpe de titular. Una ambición de semidiós con una capacidad reflexiva y de gestión pública propias de un mosquito apaleado. La indigencia intelectual es tal que se atreven a dudar de la capacidad de discernir de aquellos que son una referencia precisamente por ello. Proliferan como hongos los políticos de foto y de salón, de brindis, palabrería y contactos, muchos contactos. ¿Les suena?

Un tal Caballero Bonald —¿ese quién es?—, otro tal José María Velázquez-Gaztelu —¿cómo?—, entre una veintena de intelectuales y personalidades del mundo de la cultura y del flamenco —¿cultu…qué?— han manifestado su rechazo al traslado del Centro Andaluz de Documentación del Flamenco al Zoco de Artesanías —pero ¿por qué? ¡con la gran idea que he tenido!—. En el manifiesto se hace referencia a que el supuesto nuevo emplazamiento cuenta con menos de la mitad del espacio del que hoy dispone el CADF —¡pero qué dice esta gente, si nuestros expertos son infalibles!—, que el Palacio Pemartín es una joya arquitectónica rehabilitada hace 30 años para tal fin —mire usted, que el nuevo espacio será dotado de las mayores tecnologías habidas y por haber—, y que el nuevo emplazamiento en el Zoco de Artesanías sufre tanto de humedades como de termitas —¡esta gente es que no conoce mi fabuloso proyecto y opinan sin saber, todo forma parte de una conspiración!—.

Además de Caballero Bonald y Velázquez-Gaztelu, unos tales Fermín Lobatón, José María Castaño, Manuel Ríos Ruiz, Faustino Núñez, José Manuel Gamboa, Ricardo Pachón, José Luis Navarro, Eulalia de Pablos, José Luis Ortiz Nuevo, Luis Soler Guevara, Ramón Soler Díaz, Kyoko Shykaze, Carlos Martín Ballester, Manuel Curao, Paco Sánchez, Marcos Escánez, Norberto Torres, Estela Zatania, Juan Salido, Juan Luis Sánchez Villanueva, Manuel Naranjo Loreto, Fernando González-Caballos y hasta el ex consejero de Cultura de la Junta de Andalucía Juan Manuel Suárez Japón. ¡Todos ellos están equivocados! Nótese la ironía. Los responsables del Gobierno Local han llegado a manifestar que hay que darle una oportunidad al proyecto del Museo Flamenco de Andalucía, que cuenta con una comisión de expertos, ¿pero de qué y quiénes? ¿No están entre esos nombres ninguna de las personalidades más importantes para realizar un proyecto museístico sobre el flamenco? ¿Es necesario trastocar lo que funciona —el propio Palacio Pemartín— para estropearlo vendiendo algo que se sustenta sobre una gran mentira? ¿Se merecen el flamenco, Jerez y Andalucía un proyecto vacío de solo dos millones de euros —comparen con otros proyectos museísticos de la Junta de Andalucía y se echarán las manos a la cabeza— en un espacio tan ínfimo como el proyectado? ¿En qué quieren convertir nuestro Palacio Pemartín, cuyo único fin, tal y como estipuló su entrega por parte de los patronos de la Fundación Andaluza del Flamenco según recoge el BOJA de 6 dejulio de 1993 —Ayuntamiento de Jerez, Diputación de Cádiz y Caja de Ahorros de Jerez—, es ser un centro andaluz del flamenco?

¡No hay respuestas, señoría! Porque de donde no hay no se puede sacar. Aunque nos dejaremos la piel en el intento. Para que todo salga a la luz, para que no se quede nada en el tintero, para que el Palacio Pemartín siga siendo el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco. Y también para que no nos cuenten más milongas sobre ese Museo Flamenco de Andalucía del que tanto se habla y tan poco se sabe. En Izquierda Unida Jerez lo tenemos claro, y así lo hemos denunciado y defendido desde hace ya casi un año hasta este próximo jueves, en el que llevaremos una proposición al pleno municipal “para que el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco y sus bienes documentales permanezcan, según sus propios fines fundacionales, en el Palacio Pemartín de Jerez de la Frontera”. ¿Lo demás? Caerá por su propio peso.

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