La cara Hache

Pagar al reservar, una buena medida

Hace unos días la clínica de fisioterapia de la que soy paciente publicó en sus redes sociales un cartel en el que mostraba su malestar por la práctica cada vez más habitual de que los pacientes que no acuden a sus citas no avisan para cancelarlas. Desde la clínica se plantean ahora cobrar la sesión a quienes no avisen con un margen de tiempo suficiente o a quienes directamente no informen de que no van a aparecer. Esto me recuerda a la unión que mostraron hace unos meses algunos restaurantes ante situaciones similares. Planteaban cobrar a quienes no acudiesen a la reserva solicitada cuando avisaran de la cancelación solo unos minutos antes de la hora acordada o cuando ni siquiera avisaran de la no asistencia. Muchos tachan estas medidas de impopulares. Pero a mí me resultan muy acertadas. Tanto en estos dos sectores como en otros muchos en los que se reserva un espacio de tiempo determinado a los clientes.

Es cierto que hay casos y casos. Que hay ocasiones en las que son cuestiones de fuerza mayor las que impiden a los clientes acudir a la cita. Quizá debería haber excepciones a estos casos en los que los motivos sean justificables y comprensibles. Pero otras veces los motivos de no cancelar la reserva de una cita son desgana, despistes, pasotismo y otros similares. Y eso se traduce en falta de respeto por el trabajo de otras personas. La no asistencia provoca en esos negocios pérdidas de tiempo, de dinero y de clientes. Por ejemplo, si en un restaurante se realiza una reserva para seis comensales, de los cuales alguno tiene peticiones especiales en el menú, y luego no aparecen o avisan de la anulación tan solo cinco minutos antes de la hora a la que tenían solicitada la reserva, las pérdidas son grandes.

Por un lado, el restaurante ha tenido que invertir tiempo en preparar el menú. Probablemente, ha gastado más dinero ante las peticiones especiales. Y quizá ha tenido que decir que no a otras personas que querían comer allí porque el sitio iba a estar ocupado. Y de repente, ni el trabajo ni el dinero invertidos tienen sentido. Lo mismo ocurre con la clínica de fisioterapia. Teniendo una lista de espera de pacientes, habiendo dicho que no a otros porque ese día y esa hora estaban ocupados, y contando con que iban a percibir un dinero por la sesión, de repente se ven con un tiempo sin nada que hacer, un dinero sin percibir, y pacientes a los que han dicho que no y que pueden optar por otra clínica.

Resulta curioso cómo hay cosas que en algunos sectores se perciben como normales y en otros algunos lo ven como algo descabellado

Resulta curioso cómo hay cosas que en algunos sectores se perciben como normales y en otros algunos lo ven como algo descabellado. A la hora de reservar un viaje la gente asume que tiene que abonar los billetes en cuanto los reserva. Lo mismo ocurre con un concierto. Y en estos casos si luego no se puede hacer uso del billete o de la entrada se ve como algo normal perder el dinero. Si alguien realiza una compra online en una tienda por lo general tiene que abonarla en el momento de comprarla aunque no haya ni tocado aún el producto. Y si quiere devolverlo se tendrá que encargar él mismo de gestionarlo e incluso de pagar los gastos de envío de la devolución. ¿Por qué esto se ve como algo normal y pagar por reservar según qué espacios y qué servicios no?

En nuestro país es complicado implantar la práctica de pagar por reservar, algo que sí sucede con más normalidad en otros lugares. Actualmente algunos restaurantes españoles lo hacen, pero sobre todo son restaurantes de categoría superior. Lo hacen de diferentes formas. En algunos solicitan un número de tarjeta en el momento de realizar la reserva y si no la anulas con X horas de antelación o directamente no apareces te cobran un importe determinado. En otros solicitan el pago de una parte por adelantado y a la hora de pagar el día en cuestión lo restan del total de la cuenta. Si no se cancela con margen de tiempo suficiente o no se acude a la cita, el restaurante se queda con esa parte que se abonó por adelantado. Son algunos métodos con los que se aseguran no verse afectados por la no aparición de los clientes. Pero otros negocios considerados de menor categoría no se pueden plantear hacerlo porque la mayoría lo vería mal y tendrían una mala imagen del establecimiento.

Sin duda alguna por lo que habría que empezar y que sería un gran detalle y un gesto de educación es por anular una cita con tiempo de antelación para que los negocios no se vean afectados. De lo contrario, lo que se está haciendo es jugar con el trabajo de las personas en sectores que merecen tanto respeto como cualquier otro.

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