Cultura

“Cuando desaparece una persona no desaparecen sus derechos”

El periodista Paco Lobatón presenta 'Te buscaré mientras viva' en la Feria del Libro de Jerez, una obra que recoge catorce historias que buscan concienciar al lector y, de paso, ayudar a la causa

Hablar de Paco Lobatón es hacerlo de un periodista superlativo que obtuvo altas cotas de popularidad durante los años 90, cuando presentaba su célebre Quién sabe dónde —un programa que ayudó a resolver el 70% de los 2.750 casos que pasaron por este espacio de TVE, ahí es nada—. Más de 25 años después del inicio de aquella lucha, emprendida para intentar encontrar personas desaparecidas y ayudar a sus familias, Lobatón sigue igual de combativo. Ahora desde su propia trinchera. Tras recuperar fugazmente un hueco en la parrilla de TVE con Desaparecidos —cancelado tras doce emisiones y aún no sabe si volverá—, el periodista jerezano recopila en un libro catorce historias de personas desaparecidas que componen una autobiografía colectiva a través de testimonios de los familiares, adentrándose en hogares “donde el tiempo se ha detenido”, como describe la propia sinopsis del libro.

En el periodismo solo hay dos causas que justifican la militancia: la de los refugiados y la de las desapariciones de personas. El periodista jerezano obviamente optó por la segunda. La frase es del mítico reportero polaco Ryszard Kapuściński y la recuerda Paco Sánchez Múgica, director de lavozdelsur.es, durante la presentación de la obra de Lobatón, Te buscaré mientras viva, en la Feria del Libro de Jerez, organizada por la Fundación Caballero Bonald. El acto comienza con un breve repaso a la extensa trayectoria en medios de comunicación del que fuera presentador de Quién sabe dónde, que antes pasó por emisoras locales, periódicos y que pasó de presentar la información parlamentaria a buscar personas que se fueron sin dejar rastro.

“Aquí sigue sin descanso, poniendo luz y voz a las personas desaparecidas”, expone Sánchez Múgica, “nos hacía comprender el dolor y pérdida de las familias”, en el que es “uno de los referentes que conforman mi imaginario periodístico”. Lobatón, que se ve tres años después muy cerca del lugar donde se le concedió el Premio Especial Ciudad de Jerez —“uno de los momentos más emocionantes de mi vida”, confiesa—, asegura que lo importante no es hablar de su libro, sino de una “causa”, como la llama, para la que lleva luchando más de dos décadas. “Gracias a la lucha de las familias y del movimiento asociativo la Administración está aflorando los datos”, apunta. Desde 2017 existe el sistema de Personas Desaparecidas y Restos Humanos sin Identificar (PDyRH), que contabiliza entre 2010 y 2018 más de 140.000 denuncias, de las que siguen activas 6.053.

Con esta cantidad de casos, y con todos los que pasaron por sus manos durante la etapa de Quién sabe dónde, ¿por qué eligió estos catorce para el libro?, le pregunta Sánchez Múgica, quien dirige una breve entrevista con Lobatón. “La gran dificultad no es elegir estas catorce —responde—, sino tener que renunciar a las que faltan”. Cada desaparición, asegura, “es un caso que hay que contemplar en su singularidad”, para así intentar adentrarse “para extraer los elementos que la distinguen de otras desapariciones”.

Un momento de la presentación del libro de Lobatón, celebrada en los Claustros de Santo Domingo. FOTO: MANU GARCÍA.

También hay desaparecidos de primera y de segunda categoría según la importancia que le den los medios de comunicación. “Es terrorífico que unos sean elegidos y otros ignorados”, expone Paco Lobatón, quien apela a la responsabilidad de los editores para que sepan darle su espacio a estas historias. Otra cuestión es el tratamiento, como el sufrido por la familia de Diana Quer, “que es top mediático, no informativo, porque sobrepasa el concepto de información y se convierte en contenido para llenar horas y horas de televisión, y de qué manera”, apunta Lobatón.

Este caso fue tratado de manera “indecente” por muchos medios de comunicación, que escudriñaron las redes sociales de la joven para publicar datos morbosos. Pero el periodista y escritor recuerda: “Cuando desaparece una persona no desaparecen sus derechos, tenemos que hacerlo presente en la sociedad, es una frase que hay que destacar, hay que protegerlos más que nunca”.

Una de las historias que más marcó al curtido periodista fue la desaparición de los hermanos Dolores e Isidro Orrit Pires —ella tenía 17 años y él seis—, a los que en septiembre de 1998 se les perdió la pista cuando el pequeño estaba ingresado en un hospital de Manresa. “Hubo un rapto que jamás fue descubierto”, asegura Lobatón, quien cuenta que “la desolación de esta familia es increíble, pero sigue en la batalla”. Durante la búsqueda, la madre acudió a un programa, donde fue sometida a “una presión increíble para que llorase en directo”, cuenta Lobatón, quien considera que la trataron de “manera inhumana”, algo que cuenta en su libro con nombre y apellidos. “Tenía ese dilema moral, pero entendí que mi lealtad tenía que ser con las familias más que con un colega que se equivocó”, algo que “nos tiene que avergonzar como periodistas”.

Lobatón firmando ejemplares de ‘Te buscaré mientras viva’. FOTO: MANU GARCÍA.

Miriam, Toñi y Desirée, tres amigas de 14 y 15 años, fueron conocidas como las niñas de Alcàsser. Desaparecieron y tras más de 70 días de búsqueda se encontraron sus cuerpos sin vida. Un caso que prácticamente alumbró el nacimiento de la telebasura en España, ya que hasta se llegaron a publicar fotos de las autopsias a todo color, lo que provocó que el poder judicial redactara una serie de recomendaciones sobre el tratamiento de este tipo de sucesos. “La aparición de los cuerpos supuso una conmoción”, recuerda Lobatón, “fue un terremoto emocional en el pueblo”. Y añade: “La gente no tiene la calma necesaria para procesar la rabia y la convierte en un grito de venganza”. Por eso alaba la actitud de los padres de Gabriel Cruz, que “apelaban con un civismo ejemplar al valor de la buena gente, agradeciendo el movimiento de solidaridad”.

El conductor de la presentación, Paco Sánchez Múgica, reflexiona también sobre “el derecho a desaparecer”. Un caso significativo fue el del taxista Elías Carrera, que un día terminó su jornada laboral, dejó el taxi con la recaudación, se desplazó en un coche alquilado desde Ourense hasta Vigo y nunca más se supo de él. Ese derecho “es legítimo”, sostiene Lobatón, quien añade: “Lo único que se reclama es que tiene que ser compatible con el derecho a saber de los que se quedan. Decir al menos: me voy”.

Las administraciones, ante desapariciones, tienen que responder, abunda el periodista, “pero somos los ciudadanos los que tenemos que pedir que respondan”. El nacimiento de la Fundación Europea por las Personas Desaparecidas QSD Global en 2015 sirvió para acompañar a las familias —“una de las peores cosas es el sentimiento de soledad”, asegura Lobatón—, una organización que “con una mano toma a las familias y con la otra golpea en la puerta de las administraciones”. Lo recaudado con el libro Te buscaré mientras viva también servirá para financiar las acciones de la fundación.

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