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Paco Alcázar: Humor negro, realidad y delirio

El guionista y escritor Santiago García realiza una  exhaustiva revisión de los cómics de Paco Alcázar en el Seminario Permanente de la Fundación Caballero Bonald

En el cartel que ellos mismos han elaborado para esta sesión aparece Santiago García –mirada de malvado y calculador intelectual– descuartizando con una sierra enorme al paciente y bondadoso Paco Alcázar. Buena viñeta para representar el entretenido diálogo que a lo largo de casi tres horas mantuvieron estos dos grandes creadores del mundo del cómic y la novela gráfica. Si en las anteriores jornadas se habló sobre la relación de la literatura con la filosofía o la música, el jueves se abordó la conexión con el tebeo, las historietas y viñetas. En la obra gráfica de Paco Alcázar –resaltó Manuel Bernal en la introducción– llama la atención la presencia del texto, largos párrafos y muchos diálogos. Lo que dicen los personajes y cómo lo dicen es esencial en esta forma de narrar, repleta de situaciones surrealistas y críticas ácidas.

Santiago García (Madrid, 1968) es licenciado en Periodismo y en Historia del Arte. Ha escrito historias de cómics, guiones, artículos académicos y libros sobre el tema… También ha realizado traducciones de los cómics americanos más conocidos. En 2011 recibió el premio a la Divulgación en el Salón del cómic de Barcelona por su obra “La novela gráfica” (2010). El libro Las meninas (2014), realizado con Javier Olivares, obtuvo el premio a la mejor obra del año también en el Salón del Cómic de Barcelona en 2015. Uno de sus últimos trabajos es ¡García!, con Luis Bustos. Santiago García, por lo tanto, conoce el mundo del cómic desde dentro, no sólo como teórico o historiador, algo que quedó demostrado a lo largo de la conversación que tuvo con Paco Alcázar (Cádiz, 1970). Santiago contextualizó cada uno de los trabajos de Paco señalando las referencias culturales, tanto españolas como del extranjero, y las influencias y paralelismos con otros autores.

A través de más de doscientas diapositivas, Santiago nos fue hablando de todas las etapas creativas de Paco Alcázar. El diálogo sobre las viñetas y fotografías que aparecían en la pantalla, junto con las aclaraciones técnicas y las anécdotas que iban añadiendo, ofreció un esbozo seductor y muy divertido de las obras de Paco.

Las primeras fotos nos trasladaron a la época estudiantil del dibujante, cuando luce en su carpeta a sus ídolos, como Frank Miller o el logo de la editorial Norma. Por aquellos tiempos admiraba los dibujos bien hechos, con historias que ocurrían en mundos fabulosos, quizás extraterrestres. Pero algo terrible debió de ocurrir por el camino –dice el autor– porque terminó haciendo cómics con un estilo bastante diferente. En la primera etapa nos encontramos con historias ácidas, de crueldad infinita, humor negro. Entonces vivía en Barcelona. Cuando vio que era imposible crear como Moebius, comenzó a dibujar mal y contar cosas miserables de la vida –nos confesó Paco. Colaboraba en fanzines, publicaciones que le otorgaban una libertad total, tanto estilística como temática. Estos trabajos radicales han sido reunidos en Lovesucks experience (Mono Gráfico, 1994) y ¡Escarba, escarba! (Subterfuge, 1997). Aparecen historias terribles y macabras en torno a la familia, el canibalismo, la deformidad física, la hipocresía, escenas cotidianas rematadas con una provocación visceral… Pretendía transmitir un mensaje negativo, preocupante, con  historias en blanco y negro muy influidas por la música punk, radical.

Su estilo fue evolucionando. Al final de esta fase las tiras se caracterizan más por el delirio surrealista que por la violencia directa. La maldad humana nace ahora de las mentes, de las retorcidas mentes de la gente común. La agresividad explicita deja paso a las sutilezas de las obsesiones y las patologías. Y la maldad individual se completa con la institucional, escenas paranoicas donde el mundo está al revés. Los que deberían salvarnos de la desgracia cotidiana realmente nos terminan de hundir en la miseria. Son historias que ocurren en la realidad, aunque nos parezcan muy exageradas. La hipocresía social le permite profundizar en los impulsos primarios que gobiernan nuestras relaciones. En esta época Paco Alcázar experimenta con diversos estilos para ir perfilando su modo peculiar de narrar. El doctor Lázaro aparece en escena, con un torrente verbal sin freno… Las obras de esta fase están reunidas en Porque te gusta (Subterfuge, 1999), Moho (D2ble D2sis, 2000) y Todo está perdido (D2ble D2sis, 2001).

La segunda etapa comienza con la colaboración en la revista El Jueves y la publicación de El manual de mi mente (Random House, 2008), donde recoge obras del final de su primera época y los trabajos de madurez. Narra historias que rozan el surrealismo. Luis Buñuel le influye en esta forma de contar la violencia interna de los personajes, situaciones que reflejan una angustiosa imposibilidad, una carencia recurrente o una pesadilla. El dibujo fluye sin plan concreto. Y así surge lo desconocido, lo imprevisto, las conexiones jamás pensadas o las relaciones humanas y sociales llevadas al límite. Hay que destacar la serie Mecanismo Blanco: un neurocirujano que reparte pizzas; o extraterrestres que aterrizan en la nariz de un humano; las lenguas en la frente… Muchas de estas viñetas también aparecieron en la revista El Víbora. El trasfondo filosófico y social es claro: “Gente es sinónimo de problemas”. La neurosis social lo impregna todo.

En la revista El Jueves Paco Alcázar se profesionaliza. Tiene que ser regular en su producción y tratar temas que los directores le proponen. Lo difícil fue dar forma a unos temas ajenos, asuntos de actualidad política o social. La clave –dice Paco– consiste en trasladar esos asuntos a tu universo, a tu mundo. También colaboró con revistas de cine y musicales, lo que le permitió volcar su propia experiencia. Formó un grupo de música electro-punk con Miguel B. Núñez, Humbert Humbert. En la página Mal amigo ha creado una ficción musical peculiar…

En la última fase, el hilo argumentativo, aunque esperpéntico y ácido,  abandona el surrealismo desbocado para ceñirse a la realidad y sus contradicciones, no menos extrañas y divertidas. Las dosis de surrealismo son moderadas, pinceladas que dan el tono preciso. “Silvio José, el buen parásito” es el personaje más seguido por los lectores: Silvio come unas horribles salchichas sin parar; es asexual, aunque posee un modelo ideal de mujer; tiene extraños amigos… Según Paco Alcázar, este tipo acumula todos los defectos de un adolescente. Es el monstro que todos llevamos dentro. Además, le rodean seres complejos, como el monitor de autoescuela que se parece a Hitler, obsesionado con la poesía infantil, y que sólo se desplaza por túneles subterráneos. El dueño de la tienda de tebeos odia a sus clientes. Y el director del zoo utiliza a los animales para satisfacer sus estrafalarios deseos y maquinaciones.

Tras abandonar El Jueves, debido a la censura de la portada sobre el Rey, en 2014 Paco Alcázar crea junto a otros dibujantes la revista digital Orgullo y satisfacción. Nuevos personajes… Reapariciones de Silvio José…

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