OpiniónUn recién llegado

Oveja Shaun, are go!

El actual cine de animación nos da en bastantes ocasiones sorpresas, mientras que el cine de “carne y hueso” nos ofrece más de lo mismo en demasía.

Este es el caso de La oveja Shaun, La película, escrita y dirigida por Mark Burton y Richard Starzak. He de confesar que fui a los magníficos Bahía Mar, de El Puerto, a una matinal con la sola intención de saciar el apetito cinéfilo de mi buen amado vástago pequeñín y me encontré con un producto de primera, plagado de secuencias visuales sin igual (la película funciona a la perfección sin diálogos legibles).

En casa ya conocíamos a Shaun de antiguo. Una serie británica para televisión con episodios cortos llena nuestra vida en DVD desde hace años y, a su vez, la fama de la productora Aardman le venía de lejos; Wallace y Gromit, con Óscar en su haber, es la exquisitez en cine de plastilina, animado a mano en una técnica conocida popularmente como Stop Motion.

En este mundo del 3D y del digital, aun quedan románticos del foto a foto, que crean un universo tangible y real a fuerza de mancharse con plasti las manos: es emocionante. Únase un espléndido guión, lleno de genialidad, humor sutil y esa tradición británica que tanto me une a las Islas del Norte.

Claro que Nick Park, que así se llama el ingenioso creador de este universo pegajoso, ha tenido buenos maestros en ese Reino Unido -primeros en cuanto a calidad en el séptimo arte-. Ya en los 50 un genio de la muñequería nos regaló un mundo de fantasía que se mantiene vivo hasta hoy, después de su reciente muerte física. Se trata de Gerry Anderson que, junto con su mujer Sylvia, generó una fábrica de magia televisiva que potenció la imaginación de los niños de medio globo: Guardianes del espacio (Thunderbird), Capitán Escarlata o Meteoro Submarino (Stingray), son sus obras más populares.

Mis recuerdos delante del televisor en blanco y negro, viendo aquellas marionetas de temática futurista, con naves espaciales, de ojos y boca desproporcionada y muy características de aquellas creaciones, me transportaron a una parte de lo que hoy soy. No ojeará un diario británico sin que aparezca una u otra alusión o gadget referido a los Thunderbird. Más populares allí de lo que puede ser aquí el Mortadelo de Ibáñez.

No quiero abandonarles hoy, en este recorrido de la memorabilia infantil -y no tan infantil- british, sin mencionar a los Spitting Image de los 90, aquellos episodios satíricos que dieron pie en toda Europa a crear muñecotes de goma espuma con mejor o peor fortuna. Aquellos diálogos locos entre un Ronald Reagan, literalmente sin cerebro, y la gran Margaret Thatcher, amiga del látigo y la disciplina inglesa. Qué tiempos…

Búsquenlos, pónganselos a los chavales, defiéndanles de la programación de aluvión, véanlos con ellos; saldremos todos ganando.

Qué paternal me he puesto. Esto… esto… esto es todo amigos!

*Por cierto, esta columna ha sido escrita a primera intención, en el trayecto Puerto Real-Santa Justa, de tren media distancia y, por supuesto, ha llegado con retraso a Sevilla, para en mi caso enlazar con el AVE destino Madrid. Llegué a coger el tren gracias al esfuerzo extra de mis piernas y mi corazón. Gracias Renfe una vez más. 

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