Opinión

Otro Día de Andalucía

Hoy es el día en el que los andaluces celebramos el aniversario de la autonomía de nuestra comunidad. Esta ocasión especial puede tomarse solamente como un festejo, pero también podemos mirarla como una oportunidad para reflexionar y descubrir, de esta manera, de dónde venimos, a dónde hemos llegado y qué nos queda por hacer en lo que a derechos humanos se refiere.  

Esperamos que en este nuevo año, tras el cambio de administración que ha tenido el gobierno autonómico, se sigan respetando los avances en derechos humanos conseguidos a lo largo de estos años, gracias a la presión ejercida por diversos colectivos y ONG.

Es el caso de nuestra sanidad pública, que no solo debemos proteger, sino que debemos instar a nuestro gobierno a mejorar sus prestaciones y medios, que ya se han visto reducidos a causa de las medidas de austeridad que se han tomado y que ya recogimos en el informe La receta equivocada, que lanzamos en abril del año pasado titulado:

Es el caso también de nuestra educación pública, a la que también debemos proteger y que, de igual manera, ha sufrido las consecuencias de la falta de medios para una enseñanza de calidad para nuestros jóvenes. Todo ello consecuencia de una política quizás excesivamente austera.

En cuanto a la igualdad de género aún tenemos un amplio margen de mejora ya que aún se precisan más medidas de protección para las mujeres que siguen sufriendo día a día este tipo de violencia. Es necesario establecer unos protocolos de actuación que garanticen que los profesionales tratarán estos casos adecuadamente y que hagan que las mujeres no tengan que pasar por más obstáculos para conseguir la justicia que anhelan. Ya el año pasado lanzamos un manifiesto para denunciar los obstáculos para las mujeres víctimas de violencia sexual..

Y aunque aún se queden muchos temas en el tintero acabaremos reflexionando sobre las políticas de Inmigración. Otro terreno en el que queda mucho trabajo por hacer, ya que al contrario de lo que se esperaría, la situación de los inmigrantes que llegan día a día a nuestras costas no está mejorando, y sigue sin tratarse con la urgencia que se espera. Por lo que debemos seguir exigiendo a las administraciones para que protejan a todas aquellas personas que también deben estar amparadas por los derechos humanos, sin importar su lugar de origen.  

En definitiva, no es mal día para reflexionar y ser conscientes de todo lo que nos queda por hacer, proteger y construir. De este modo el día de Andalucía podrá ser cada año un poco mejor. 

¡Feliz día de Andalucía!

Paloma Morales, activista del Equipo de Medios de Comunicación de AI Andalucía.

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Un comentario

  1. Sí, venga, buena idea, vamos a reflexionar y a descubrir hoy (ya que no se hace a diario) de dónde venimos, a dónde hemos llegado y qué nos queda por hacer a los andaluces en cuanto a derechos humanos.
    La primera cuestión, de tipo formal pero necesaria para el rigor de esa reflexión, es que en materia de derechos humanos España, y con ella su región de Andalucía, está en el grupo de países de cabeza a nivel mundial. España es uno de los países más respetuosos, defensores, cumplidores y garantistas de los derechos humanos. En esta cuestión, si bien la perfección no existe, nadie puede darnos lecciones; mucho menos Amnistía Internacional, que, entre otras lindezas, no reconoce a ETA como grupo terrorista (según parece, no considera que el respeto a los derechos humanos más esenciales sea exigible a los terroristas) y adopta una posición hipócritamente “imparcial” entre un acreditado Estado democrático y de derecho, España, y una asquerosa organización criminal, ETA. Así, las cuestiones planteadas en el artículo no atañen tanto al respeto a los derechos humanos como a la eficacia de determinadas políticas de servicios públicos, socio-penales, y de inmigración.
    Tanto en materia de educación como de sanidad, en Andalucía el avance en términos absolutos ha sido muy insuficiente y en términos relativos ha sido un retraso. Andalucía ha venido estando a la cola de España en la calidad de esos servicios, tanto en los periodos alcistas del ciclo económico (cuando se ataban los perros con longanizas y Andalucía recibía ingentes remesas de fondos europeos y nacionales) como en la fase bajista del ciclo económico (cuando para superar la bancarrota en que nos dejó Zapatero hubo que recortar gastos en toda España, y en toda Europa, para no suspender el pago de la deuda pública y ser intervenidos con la consiguiente pérdida de soberanía). Hoy, Andalucía está bastante peor en términos relativos que hace 40 años y eso ha sido consecuencia del largo y crudo invierno de régimen socialista corrupto e ineficaz que, por fortuna, se acaba de extinguir. Fenómenos de protestas populares masivas al margen de los partidos políticos, como el que lideró Spiriman, son una de las consecuencias más evidentes de esa dilatada y desastrosa gestión pública. Veremos si los nuevos mandamases saben encarar las radicales reformas que se necesitan; yo no lo tengo claro.
    En materia de la mal llamada “igualdad de género” (pésima traducción del inglés, en un seguidismo cateto), la igualdad legal ya existe desde la promulgación de la Constitución en nuestro ordenamiento jurídico, pero se ha visto vulnerada, en contra de los varones, con la nefasta, e ineficaz, Ley de Violencia de Género (denominación coloquial) que ha instaurado la barbaridad jurídica (y de derechos humanos) del delito de autor, de establecer diferentes penas (y medidas cautelares) en función del sexo no ya solo del autor o del procesado, sino del mero denunciado. En esta materia se ha retrocedido claramente, pues se infringe el derecho fundamental de los varones a la presunción de inocencia y a la igualdad ante la ley. Y no entro, por no alargarme más, en las inconstitucionales cuotas de “género” o en la absolutamente injusta (para el varón) legislación sobre el divorcio.
    Finalmente, en materia de inmigración también se ha retrocedido, pues no se respeta la ley y se acepta, de facto, su incumplimiento con la inmigración ilegal promovida por las mafias de traficantes de personas en connivencia con determinadas oenegés. La política de inmigración no es que sea mala, es simplemente que no existe.
    Coincido con la articulista en una cosa: no parece que los nuevos mandamases de Andalucía tengan los redaños necesarios para enmendar todos esos “avances”. El tiempo dirá…

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