Opinión

Oratoria para no pensar

Ciudadanos ha vuelto a sorprender con su nueva ideaca para mejorar el sistema educativo andaluz. Si para mejorar el rendimiento escolar de los alumnos se propuso castigar a los jóvenes suspensos con ir a clases en julio, ahora quiere implantar la oratoria para mejorar la expresión oral de los estudiantes y “prepararlos para el liderazgo”.

En una de las comunidades autónomas en las que existe mayor desigualdad y empobrecimiento, que es la causa de las altas cifras de abandono escolar, Ciudadanos pretende aplicar soluciones que fomentan la competición entre los alumnos en su lógica de una sociedad de perdedores y ganadores. El auge de la oratoria está intrínsecamente ligado a una concepción competitiva de la educación. Lo importante es ganar hablando del sexo de los ángeles sin tener ni idea del sexo de los ángeles.

Primero viene el pensamiento y luego el lenguaje. No se puede hablar de lo que no se sabe. La razón de que haya personas que no sepan expresarse no es debido a que no sepan hablar en público, sino a que no tienen pensamiento. Decía el lingüista suizo Ferdinand de Saussure que “el lenguaje es un sistema de signos que expresa ideas”. Es decir, nadie puede hablar bien en público si no tiene contenido que comunicar. De la misma forma que una lavadora sin carga de ropa no lava, un cerebro sin pensamiento no podrá nunca expresar ideas.

Lo que entiende Javier Imbroda, consejero de Educación de la Junta de Andalucía, por hablar bien en público es el método que se usa en los certámenes de misses para que, en dos minutos, las jóvenes abran los brazos, enfaticen frases insustanciales, usen muchos adverbios acabados en “mente” para darle profundidad retórica a lo expresado y quedar bien con todo el mundo sin haber dicho nada. Así, si le preguntan por Rusia, pues dirán lo obvio, con ademanes de quien se cree que está dando el discurso de recogida del premio Nobel de Literatura: “Rusia es un país donde vive gente maravillosa y que, en el tema de política, ha habido algunos cambios”.

Si de verdad el Gobierno andaluz quiere que los jóvenes empiecen a hablar mejor, sería mucho más útil invertir dinero público para que los niveles de lectura de los andaluces salieran de la cola con respecto a otras comunidades españolas. También sería muy útil, para que los jóvenes se expresaran mejor, bajar la ratio de alumnos por clase, contratar a más profesores y adaptar los curriculums al siglo XXI para que lo estudiado por los jóvenes les resulte interesante y atractivo.

Otra medida que ayudaría mucho a que los jóvenes andaluces se expresaran mejor es ir directamente a las causas que hacen que los niveles de lectura en Andalucía estén 15 puntos por debajo de las comunidades ricas, Madrid, Navarra o País Vasco, donde los jóvenes se expresan mejor porque las condiciones sociales expulsan a menos estudiantes del sistema educativo.

No hay mejor plan de fomento de la buena oratoria que luchar contra la pobreza, pero eso el Gobierno andaluz no lo va a hacer porque sería asumir que existe un problema, llamado capitalismo neoliberal, que se nutre de expulsar a los márgenes a las víctimas de la desigualdad y de enaltecer a la cumbre a los vencedores de este sistema convertido en un concurso continuo donde sólo pueden quedar unos pocos, los de siempre.

El Gobierno andaluz no quiere a niños y niñas que se expresen bien, sino a jóvenes competidores que sean capaces de hablar a favor y en contra de los derechos humanos, de la democracia o de la libertad, sin importar la ética y la justicia, que es de lo que van esos concursos que han proliferado como la espuma donde muchos miembros de Ciudadanos fueron descubiertos para engrosar las listas de una formación política que intelectualmente se alimenta de frases de azucarillo de autores a los que nunca han leído.

Ciudadanos no quiere mejorar la educación andaluza, sino que nuestros jóvenes se conviertan en vendedores de preferentes, aquellos hombres bien trajeados, mejor peinados y con una oratoria sobresaliente que sirvieron para venderles bonos basura de Bankia a miles de personas mayores que perdieron los ahorros de toda su vida en aquella demostración perfecta de cómo hablar en público.

Las clases de oratoria no sirven de nada si no hay nada que contar. Antes de apuntarte a una clase de oratoria, ponte a leer. Si no lees y tienes mucha oratoria, podrás ser Albert Rivera, un iletrado que sabe juntar palabras pero que no transmite pensamiento propio. Y sin pensamiento, por muy bien que expreses la vacuidad intelectual, nunca serás una persona competente, que suena mejor y es mucho más útil que ser competitiva.

 

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