Agostados desde junio
Agostados desde junio

Para quienes su actividad y sustento dependen de la climatología, saben muy bien todo lo que están cambiando los ciclos agrarios y naturales. La gente del medio rural sabe que hay menos abejas, y que eso perjudica a las flores silvestres y a la polinización de los cultivos, y eso perjudica a otros insectos, pequeños reptiles, aves y animales, y eso supone que, a la vez los grandes herbívoros y animales cazadores tienen menos alimento, disminuyen sus poblaciones, cambian sus hábitos. Y al final de todo, porque todos somos parte de la misma cadena, el medio que siempre había sido fuente de vida y riqueza se hace yermo y hostil.

Las mujeres y hombres de nuestros pueblos tienen las raíces de su sabiduría gracias a entender y aprender de los ciclos naturales, en acompasar sus trabajos y actividades a los ritmos y ciclos que marca el clima y la tierra. En incontables generaciones han encontrado la mejor fecha y manera de germinar las simientes, en adecuar tipos de cultivo a las características de la tierra, a optimizar el manejo del agua, a aprovechar los vientos, las pendientes, los recursos silvestres, hasta las piedras. La sociedad rural de la que todos venimos y de la que seguimos dependiendo, ha progresado gracias a regular y ajustar su vida a la del medio que los cobija.

Estamos en un momento en el que nos vemos obligados a dudar de todo, incluso de los preceptos y principios que pensábamos inamovibles. El saber popular rural que tantas directrices nos enseña con el refranero va camino de irse a pique. Están dejando de ser ciertos muchos y muchos refranes, otra prueba evidente de que el clima hoy se rige por patrones nuevos. Me recordaban antes aquello del cuarenta de mayo… Los cabañuelistas se vuelven locos en agosto para hacer lecturas correctas de las señales que antes les llevaban con mayor fiabilidad a sus pronósticos.

La gente de campo es consciente que la floración de muchas plantas se adelanta, que cada vez llueve menos y cuando lo hace, causa más daño, que las golondrinas llegan antes, que los frutales maduran a destiempo, que la otoñada llega poca y tarde, que más árboles se vuelven veceros, que la calidad del agua del manantial no es la misma, o tristemente, ya no es, que se perdieron los cangrejos de aquel arroyo, las perdices de aquella vaguada, o que hace mucho que no se ven aguilillas o lagartos de cabeza roja. No es una situación coyuntural de alguna comarca, es global y permanente, esa es la gravedad del problema colectivo.

El calentamiento global provocado por la actividad humana está teniendo un claro y negativo impacto en el campo andaluz, en su biodiversidad y está haciendo más difícil la vida de agricultores y ganaderos que están siendo avocados a una triste pugna por el recurso más escaso, el agua. Empujados a una carrera por la viabilidad de su actividad que el mercado dice que tiene que ser mediante la productividad. Ese es un camino que solo acabará en fracaso, una realidad que tristemente tiene ya muchos nombres y apellidos en desaparecidas explotaciones familiares.

Dice Cervantes en boca de Sancho: “Las tierras que de suyo son estériles y secas, estercolándolas y cultivándolas vienen a dar buenos frutos. Quiero decir que la conversación de vuestra merced ha sido el estiércol que sobre la estéril tierra de mi seco ingenio ha caído; la cultivación, el tiempo que ha que le sirvo y comunico; y con esto espero de dar frutos de mí que sean de bendición, tales que no desdigan ni deslicen de los senderos de la buena crianza que vuesa merced ha hecho en el agostado entendimiento mío”.

Piensa Sancho tener agostado el entendimiento, es decir, abatido, reseco. Dice el diccionario que agostar es excesivo calor, que seca o abrasa las plantas, también consumir, debilitar, destruir las cualidades físicas o morales de alguien. Claro, todos estos significados y sensaciones parecían no poder asociarse a otra fecha del calendario que no fuese agosto, pero hoy, el trigo, el cereal se agosta mucho antes, de ahí la necesidad de adelantar la siega y labores de cosecha. En junio estamos agostados sin remedio. Al hablar con gente de pueblo, da la impresión de que están permanentemente agostados, y eso, no puede ser de recibo.

Superar este abatimiento que parece dominar a tanta buena gente del medio rural ante las dificultades de futuro, pasa por reinventarse adaptándose a la realidad cambiante. Labradores y pastores saben que es inútil luchar contra los elementos, es necesario adaptarse para salir adelante, lo tienen bien entendido. Los que de verdad tienen que saber y entender esta realidad es el resto del mundo, que tiene que ser consciente que cualquier futuro pasa por un medio rural vivo, pasa por valorar adecuadamente su aportación a la sociedad más allá de los alimentos y productos físicos que nos ofrecen.

“Uno no puede ponerse al lado de los que hacen la Historia, sino al servicio de los que la padecen”, dijo Albert Camus. La gente del medio rural sienten en la tierra y en sus entrañas los cambios que el calentamiento global está produciendo, tienen que adaptarse y tenemos que darles toda la confianza para ello, el resto, todos nosotros tenemos la obligación de acompañarlos en esta transición. Agosto es un periodo excelente para la reflexión, no nos agostemos, seamos parte de la solución.

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