Inmigrantes flotando en el Mediterráneo. FOTO: ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL PARA LAS MIGRACIONES (OIM).
Inmigrantes flotando en el Mediterráneo. FOTO: ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL PARA LAS MIGRACIONES (OIM).

“Que se ahoguen, que se mueran esos hijos de puta”, dice un hombre español sobre las miles de personas que se juegan la vida en el Mediterráneo. El que habla se considera a sí mismo una mala persona que arregla los problemas que crean las buenas personas. Y sí. Es una mala persona. Un malvado, no un estúpido. Una persona que quiere hacer el mal para salvar el “Estado del Bienestar”, ese que, según él, se cargan las buenas personas con sus ideas progresistas. Este hombre defiende una España con fronteras, con vallas electrificadas, con altos muros, como el de Trump o, sin ir más lejos, el que plantea Javier Ortega Smith, el secretario general de Vox. Para él, las buenas personas solo traen problemas.

“Tenemos que ayudarles”. “Son personas como nosotros”. “Están huyendo de la muerte y se juegan la vida en el mar. Sólo quieren sobrevivir”. “Somos afortunados de nacer aquí; ellos no han tenido la misma suerte”. “¿Por qué no vamos a acogerlos? En otros países conviven diferentes culturas, ¿por qué aquí no?”. “¿La gente ya ha olvidado que fuimos un país de emigrantes durante la Guerra Civil y el Franquismo?”. Esto es lo que diría una buena persona, a quien él ridiculiza, ya que la aceptación de la inmigración provocará problemas en el futuro. 

“Estos moros son extremadamente conflictivos”. “Es una invasión islamista”. “Vienen a quitarnos el trabajo”. “Con el paro y el hambre que hay en España, que se vayan a su país”. “Primero los de dentro, después los de fuera”. “Vienen con enfermedades”. “Después te quitarán tu casa, te violarán y te robarán”. "No es posible que España pueda absorber millones de africanos que quieren venir a Europa y, como no es posible, tenemos que empezar a decirlo aunque sea políticamente incorrecto”. Esto es lo que diría una mala persona, porque a su modo de ver, evitaría los problemas que sí causarían las buenas personas. Y esta es la perspectiva política, social y económica de un hombre que no tiene remordimientos en querer la muerte de ciertas personas: pobres y africanos. 

Y es que este hombre, más allá de ser un genocida de mente, se enorgullece de ser una mala persona y se jacta de ello junto a otros hombres. También se considera un valiente. Un valiente por decir libremente lo que piensa, sentando cátedra junto a otros hombres que le escuchan y que asienten cuando él abre sus brazos —a modo de mesías— y dice que “nuestras hijas” no estarán seguras en las calles con “estos musulmanes sueltos”. Como él en España, Italia, Alemania o Francia hay decenas, cientos, miles, millones…, más de los que a diario cruzan el Estrecho en patera, subidos a una rueda de camión o en una tabla de surf. ¿Y tú? ¿Serías una mala persona a mucha honra o serías capaz de ponerte en la piel de esas personas que huyen de lo mismo por lo que tú huirías?

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