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El Yo -en sí mismo- no es nada. Pura intencionalidad, mero recipiente. Sin mundo (sin un Otro), el Yo es solo anhelo.

Gracias a los amigos de La Voz del Sur por invitarme a publicar de vez en cuando en este rincón que he dado en llamar Paradojas de la Vida y en el que encontraréis más preguntas que respuestas. Y, desde luego, asuntos que están lejos del vocerío imperante pero que son los que nos pueden preocupar de un modo más íntimo y real.

La Psicología Evolutiva ha demostrado la radical necesidad de la mirada del otro en la génesis de la propia identidad. Y, en verdad, que seamos tan deudores del nosotros no compagina bien con nuestra tradición yoista. Efectivamente, el pensamiento occidental ha acabado encapsulando el Yo o disolviéndolo: el recorrido idealista (Platón-Descartes-Hegel-Husserl) versus el recorrido empirista (Aristóteles-Hume-Positivismo-Postmodernismo). Pero la antítesis Yo-mundo es falsa. El quid para entender esa antinomia está en el guión (-), como bien dijo Ortega. En el contexto del texto.

Dicho de otro modo: disolver el Yo nos disculpa imaginariamente de responsabilidad; atender únicamente al Yo nos lleva al narcisismo, al vacío, a la náusea. Entender que el Yo necesita constitutivamente al otro es re-ligarse (y ésta es la única interpretación posible que puede sostener la idea de autoconciencia). Pero este movimiento, en su origen, no es especulativo sino erótico porque parte (necesariamente) del amor.

El Yo -en sí mismo- no es nada. Pura intencionalidad, mero recipiente. Sin mundo (sin un Otro), el Yo es solo anhelo.

www.psicoterapiasjerez.es

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